EL OCASO DE LOS HÉROES

Estamos ante un momento crítico de la historia de Grecia. Los restos del Imperio de Alejandro son objeto de disputas  y rencillas entre las familias sátrapas, y la propia Hélade se descompone en luchas intestinas sin ser conscientes del nuevo poder que ha surgido en el Oeste y que pronto pondrá sus miras hacia Oriente: Roma.

El mundo de Occidente

Las Guerras Ilirias

ImagenEl recién creado reino de Iliria provocará la chispa que desencadene todos los acontecimientos posteriores. A mediados del s.III a.C., bajo el liderazgo de Agrón, surge el reino ilirio, nido de piratas y bandidos que, amparados en la orografía de las costas dálmatas, se adaptan a su “oficio” a la perfección, dedican su vida a la práctica de tal esa actividad, ya de larga tradición ya en el Mediterráneo. Inician una expansión por tierras griegas, atacan y saquean tanto islas como ciudades del interior de la costa noroccidental, y provocan un colapso del comercio en el Adriático. La piratería era una plaga desde tiempos inmemoriales, pero los comerciantes itálicos no estaban dispuestos a continuar así. El Senado romano tomó advirtió cartas en el asunto y a los ilirios que cesaran en su actividad, amenazas que fueron desoídas. Esto conllevó que, con la ayuda de un traidor a la causa iliria, Demetrio de Faros, se iniciara la Primera Guerra Iliria (229-228 a.C.), de donde Roma salió victoriosa con bastante facilidad, frenando de esta manera el expansionismo ilirio. Pero no tardará  mucho en estallar de nuevo una Segunda Guerra Iliria (221-219 a.C.), consecuencia de la ambición de este mismo traidor, Demetrio de Faros, que aprovechando la coyuntura favorable que le brinda el debilitamiento del estado ilirio y su alianza con Roma, intentará hacerse con los restos del reino ilirio y del protectorado romano.

La principal consecuencia de este desenlace a favor de Roma será el establecimiento de una cabeza de puente en suelo griego para futuras intervenciones. Roma se convertirá a partir de ahora en un nuevo jugador a tener en cuenta en el ajedrez político griego.

Las Guerras Macedónicas

Como ya hemos mencionado, la situación en Grecia era muy tensa. La reciente Guerra de los Aliados había acrecentado más aún el descontento contra Macedonia y éste degeneró en un nuevo conflicto. Sus enemigos, amparados por Roma, se levantaron de nuevo en armas contra ésta en 215 a.C.: la Confederación Etolia, el reino de Pérgamo, Esparta,… pero con el paso del tiempo, Roma, ahogada en estos momentos por el conflicto púnico, tuvo que retirarse. Poco a poco el resto de los confederados sufrieron un destino parecido hasta quedarse sólo los espartanos, vencidos en Mantinea, y los etolios, que se vieron obligados a firmar la paz en 206 a.C. El conflicto se cerró con la firma de la Paz de Fénice con Roma, la cuál, a pesar de perder parte de su protectorado en Iliria, se reafirmó ya como un nuevo protagonista a tener en cuenta.

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Antíoco III el Grande

Pero esta paz será precaria. Animado por sus victorias, Filipo V firmará un pacto secreto con Antíoco III para repartirse las posesiones egipcias en Asia y el Egeo y extender su influencia por la orilla oriental. Tras una serie de exitosas campañas tanto en el Egeo como en la propia Grecia, chocó de frente con los intereses de los reinos de Rodas y Pérgamo, que tras vencerle en el mar solicitaron la ayuda de Roma.

Excusándose en las ansias expansionistas de Filipo V y la lucha por la libertad de los griegos, vio la oportunidad perfecta para eliminar a su principal escollo a la hora de tener Grecia a sus pies, y decide intervenir militarmente contra Macedonia. En los inicios del conflicto, a pesar de estar aislada y tener que luchar en varios frentes, Macedonia consiguió algunos éxitos, tanto contra bárbaros como contra las ligas de ciudades griegas. Pero en 198 a.C., hará su desembarco Roma, representada por el cónsul Flaminino, que penetró en Macedonia a la cabeza de las poderosas e imponentes legiones romanas. Filipo V no tuvo nada que hacer contra el rodillo romano, y las falanges macedónicas fueron aplastadas sin piedad en Cinoscéfalos. La paz de Tempe pondrá fin a la guerra, quedando Macedonia anulada como potencia militar y política, y abriendo las puertas a Roma para apoderarse de la Hélade.

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El mundo de Oriente

Antíoco III

La situación en Oriente no se encontraba mucho mejor. En el reino Seleúcida había defecciones internas en las satrapías de Persia y Media, y en la zona occidental, Pérgamo había invadido ciertos territorios del poder real. Tras restaurar el orden en el interior, el rey decidió arrebatar al reino lágida de Egipto el sur de Siria (Cuarta Guerra Siria),  pero fue vencido en la batalla de Rafia y tuvo que retirarse hacia sus posesiones.

A Egipto esta victoria iba a costarle muy cara. Tuvo que armar a grupos de indígenas para detener el avance de Antíoco III, grupos marginados de la vida política hasta el momento,  por el intento de helenización de los monarcas lágidas. Esta inestabilidad social estalló en reivindicaciones nacionalistas tras la victoria de Rafia, a lo que el gobierno tuvo que ceder, ocasionando un debilitamiento del poder real.

Antíoco III tuvo que hacer frente a otro problema al regreso a su patria. Su primo Aqueo, que tan buen aliado había sido, aprovechó la ausencia del rey para proclamarse independiente junto a las satrapías iranias. Pero Antíoco III no estaba dispuesto a ceder, e inició una serie de campañas conocidas como el la “Anábasis” (212-205 a.C.), tras las cuáles consiguió restaurar su poder hasta los confines de la India.

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Filipo V de Macedonia

A su regreso, animado por su popularidad, aprovechó el declive del reino lágida de Egipto para firmar un pacto secreto con Filipo V y retomar de nuevo sus viejas aspiraciones de conquistar el reino de Siria. Se lanzó a la batalla en 202 a.C., iniciando así la Quinta Guerra Siria, que concluirá en 200 a.C. tras la decisiva victoria de Panión con la posterior cesión de Palestina y Celesiria. Y no sólo eso, los acontecimientos dieron un giro inesperado que no quiso desaprovechar. Cuando Roma declara la guerra a Filipo V de Macedonia, su antiguo aliado, vio la oportunidad de arrebatar las plazas macedonias de la costa y los Estrechos, y de expandir su influencia en todo el Egeo. Esto no sentó bien, ya que les afectaba de manera directa tanto a Pérgamo como a Rodas, aliados geoestratégicos de Roma en la zona. Finalmente, Roma venció a los macedonios, y pudo prestar más atención a Antíoco III, con el que iniciaron una “guerra psicológica”. La escalada de provocaciones desembocó finalmente en una nueva contienda. Animados por los etolios y la coalición que estaban formando para encauzar los descontentos contra los romanos, los seleúcidas vieron la oportunidad idónea para dar un golpe de efecto. Pero cuál fue su sorpresa al ver cómo uno de sus principales aliados en Grecia, el tirano Nabis, fue borrado del mapa rápidamente, y cómo el apoyo a esa coalición era escaso y no tan popular como la propaganda política lo había vendido. Las fuerzas sirio-etolias se atrincheraron en las Termópilas, donde se hicieron fuertes, pero en 191 a.C. no pudieron contener la embestida de las legiones romanas que les arrollaron, teniendo que retirarse a Asia. Los romanos no cejaron en su empeño de acabar con él, y siguieron al Seleúcida hasta allí, donde, junto con las flotas de Rodas y Pérgamo, le infligieron dos decisivas derrotas en Magnesia y Sípolo. Finalmente, se firmó en 188 a.C. la “Paz de Apamea”, donde los grandes vencedores, en especial Pérgamo, se repartieron los territorios arrebatados a Antíoco III.

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Mapa del Oriente tras la paz de Apamea

Como consecuencia de todo esto, en el Mediterráneo Oriental se rompió por completo el equilibrio entre las tres potencias tradicionales, y ya no volvió a haber ningún poder predominante que pudiera hacer frente a Roma, quién no tardaría en extender su dominio por todo el Mediterráneo.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, 1986,Madrid.

BRAVO, G., Historia del mundo antiguo, Crítica, 2005, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, 2011, Madrid.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Salamanca, 2005, Salamanca.

Pedro Aguado González

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Rubén Rodríguez Galán

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ALEJANDRO EN EL CONFÍN DEL MUNDO

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Tierra de Leyendas

Tracia, Grecia, Egipto, Persia, Bactria… Una a una todas las provincias del mundo civilizado habían caído bajo el poder de Macedonia. Ahora, tras derrotar definitivamente a Darío III, Alejandro se encontraba en los confines del mundo conocido, más allá de Samarcanda (Uzbekistán). Pero para el Gran Rey el mundo no era suficiente. Necesitaba más. Ante él se encontraban las montañas del Hindu-Kush, y más allá, la India.

En la primavera de 329 a. C., Alejandro atraviesa la cordillera con sus hombres, un camino que posiblemente no tuviese marcha atrás. Su ejército era cada vez más pequeño, no podía recibir refuerzos desde ningún lugar, el terreno era complicado, terriblemente complicado, y las tribus locales eran altamente hostiles al invasor. Los macedonios estaban acostumbrados a la guerra abierta, pero estas tribus preferían la guerra de guerrillas, algo que exasperaba a los helenos.

Pero el mayor problema para los macedonios era su propio rey. El monarca ya no era ese líder carismático que arrastraba a las masas al combate. Se había convertido en un rey distante, altivo y cada vez más enajenado. Veía conspiraciones tras cada sombra, y llevó a cabo varias purgas entre sus oficiales, a pesar de que eran leales. Incluso llegó a matar a Clito, uno de sus mejores generales y amigos, en un acceso de cólera. Además, se había casado con Roxana, una noble sogdiana, y había incluido treinta mil extranjeros en su ejército. Todo esto contribuía al descontento entre la tropa, que lejos de casa, acosados continuamente por el enemigo y en tierra extraña veían cómo su líder, su verdadera fuerza, era cada vez más impredecible y peligroso.

Sin embargo, en 327 a. C. el Gran Rey logró formar un formidable ejército, esta vez compuesto por macedonios y por un enorme aporte de extranjeros, y avanzó hacia el corazón de la India. La excusa para la invasión fue “ayudar” a un reyezuelo local que luchaba contra el poderoso rey Poros y sus ejércitos de elefantes.

La lucha contra Poros

La última gran batalla de Alejandro se libró a orillas del río Hidaspes, afluente del río Indo. En la ribera de este gran río aguardaba Poros, señor de los elefantes. Su ejército contaba con cerca de ciento cincuenta de estas bestias de batalla y un descomunal número de tropas a pie (cincuenta mil según Diodoro Sículo).

A pesar de la enorme superioridad numérica del ejército de Poros, Alejandro demostró de nuevo su talento táctico. Consiguió cruzar el río y capturar al monarca enemigo gracias a una hábil maniobra envolvente.

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Para Alejandro la batalla mantenida con el rey Poros era un episodio más que le llevaba a continuar su ambición expansionista. Así se entiende que continuara con la fundación de las ciudades de Nicea (‘victoria’ en griego) conmemorando la obtenida frente al fiero rey Poros; y de Bucéfala, en recuerdo a su fiel caballo. Sin embargo, los macedonios estaban cansados de combatir y añoraban el hogar. Desde el inicio de la aventura, ocho años atrás, habían recorrido dieciocho mil kilómetros, y hacia el Este al otro lado del río Hifasis, estaba acampado un nuevo enemigo desconocido. En la Asamblea con su ejército, Alejandro  escuchó las quejas de sus compañeros y se decidió no proseguir.

Para saber más (documental en 4 partes):

 

El camino de vuelta

La vuelta a casa la iniciaron tomando rumbo Sur siguiendo el curso de los ríos Hidaspes, Acesines y más tarde por el Indo hasta su desembocadura en el Océano Índico siete meses después. En el trayecto tuvieron que enfrentarse con los llamados Malios, según las crónicas el pueblo más fiero de la India, a los que derrotaron. En esta batalla Alejandro fue gravemente herido, teniendo que detener el regreso hasta que su salud mejoró. El sanguinario escarmiento dado a los malios atemorizó a los diversos pueblos con los que se encontraban. Musicanos, oxicanos y sambos se rindieron, permitiendo que sus príncipes conservaran su poder, pero incorporándolos al imperio  de Alejandro en forma de satrapías.

Siguiendo el río Indo llegaron  a Patala, momento en el que parte del ejército al mando de Crátero inicia la marcha hacia el Oeste para reunirse con el resto de la hueste en Carmania. Desde Patala  hasta la desembocadura, el Indo se bifurca en dos ramales formando un amplio delta. Las crónicas afirman que Alejandro recorrió los dos ramales hasta llegar a una isla del delta llamada Ciluta, donde realizó sacrificios dando gracias a los dioses por haber llegado hasta allí.

Desde este punto, Alejandro decidió marchar hacia Persia por un camino paralelo a la costa a través del desierto de Gedrosia, mientras que Nearco realizó el trayecto por mar. Esta decisión acarreó trágicas consecuencias para las tropas que siguieron a Alejandro, solo la cuarta parte de los que iniciaron el trayecto consiguieron sobrevivir. Los historiadores se han preguntado cuál sería la razón que impulsó a Alejandro a utilizar esta ruta. Nearco en sus memorias, afirma que para realizar la vía marítima tuvieron que esperar a que se calmasen los vientos desfavorables que en invierno soplan en esas latitudes. Pero Alejandro no esperó y marchó por el desierto ignorando su extrema dureza. Sin embargo, dentro de la aureola mítica en la que está envuelto, se le atribuye la decisión de cruzar el desierto conociendo que Ciro y Cambises habían frenado su expansión hacia la India  ante la imposibilidad de cruzar el desierto de Gedrosia. Por el camino tuvieron que sacrificar los animales para alimentarse, consiguiendo llegar a Carmania a comienzos del 324 a.C. donde recibieron avituallamientos de los sátrapas vecinos. En Carmania se encontró con las tropas que habían realizado el trayecto Norte desde Patala comandadas por Crátero.

El fin de una era

De vuelta en Susa (Irán), Alejandro desposó dos nobles aqueménides, al tiempo que obligó a varios de sus oficiales a seguir su ejemplo. Esta política de fusión étnica  forzosa no agradó en absoluto a sus hombres, aunque transigieron… de momento.

Por otra parte, los problemas crecían en todo el imperio. Las satrapías orientales se independizaron apenas Alejandro abandonó la India. En el otro extremo del imperio el rey de Esparta, Agis III, había sublevado la mayor parte de Grecia. Mientras, las conspiraciones en el entorno más cercano del Gran Rey se sucedían. Alejandro envió a uno de sus generales, Antípatro, para sofocar la revuelta helénica. Pero las provincias indias se perdieron para siempre.

Una vez sofocadas las revueltas, Alejandro continuó sus planes de dominación mundial. Proyectó expediciones al mar Caspio, Arabia e incluso llegó a plantearse la invasión del Mediterráneo Occidental, dominado por Roma y Cartago. Sin embargo, la muerte sorprendió al rey en Babilonia en 323 a. C. Hay múltiples teorías sobre su muerte: envenenamiento, paludismo, pulmonía, vida disoluta… Seguramente nunca se sabrán las verdaderas causas de su defunción, ni hasta dónde podría haber llegado su ambición.

La leyenda de Alejandro

Alejandro Magno alcanzó rápidamente estatus de figura legendaria. Además de las historias biográficas de Plutarco o Arriano, gozó de gran popularidad en la Edad Media el llamado Romance de Alejandro, que se atribuyó erróneamente a Calístenes, historiador que acompañó a Alejandro en sus campañas. En realidad, la primera versión del Romance se escribió en el siglo III d.C., y se hicieron numerosas versiones en distintos idiomas hasta el siglo XV.

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Imagen de Alejandro Magno con un tocado de elefante en una moneda Ptolemaica

Además de cometer numerosos errores historiográficos, el desconocido autor del Romance se dejó llevar por las historias más fantásticas de la vida y los viajes de Alejandro. Según se va alejando de Grecia, más maravillosas son las criaturas que se encuentra en el camino. Sus aventuras en la India están narradas en primera persona, en forma de una carta enviada por el propio Alejandro a su mentor Aristóteles.

Tras derrotar a Poros, Alejandro y su ejército continúan viajando hacia el este cargados de oro y riquezas. Una vez en India, los peligros son constantes: desde «hipopótamos de cuerpos mayores que los elefantes», que arrastran y devoran a los que tratan de cruzar el río que habitan, hasta leones «de tamaño semejante al de los toros», además de grifos y del famoso “odontotirano,” una especie de rinoceronte gigante. También conocen a gentes mitológicas como los cinocéfalos, con cabeza de perro.

Pero quizás la parte más interesante de esta historia legendaria está al final del relato, cuando Alejandro llega a un santuario donde se encuentran dos árboles oraculares, uno masculino, que emite sus predicciones al salir el sol, y uno femenino, que lo hace cuando sale la luna. Los oráculos le anuncian a Alejandro que la muerte está cercana, tanto que no volverá a ver Macedonia, sino que morirá en Babilonia. Además, le auguran el posterior asesinato de su madre y hermana, pero le advierten de que no podrá evitar el destino que ya ha sido determinado. Alejandro, resignado a su suerte, emprende entonces el regreso a occidente.

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Mapa de la campaña de India con las ciudades fundadas por Alejandro III

A modo de resumen:

 

Bibliografía

ARRIANO DE NICOMEDIA. Anábasis de Alejandro Magno.https://sites.google.com/site/adduartes/home/anabasis_arriano/libro-6

BLAZQUEZ, J. M.; LÓPEZ MELERO, R.; SAYAS, J.J. Historia de Grecia Antigua. Madrid: Cátedra, 1989

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

PLUTARCO. Vidas paralelas. Libro VI. Alejandro Magno-Julio César.

PSEUDO CALÍSTENES, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia. Madrid, Editorial Gredos, 1977

 

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

 

Griegos y persas

Las poleis griegas, enzarzadas en sus guerras, apenas prestaban atención a la sombra que crecía en el este, ajenas a la amenaza que sobre ellas se cernía. Desde el Este, un poderoso imperio venía extendiéndose desde los lejanos ríos de la India hasta Egipto, arrasando todo a su paso. Este imperio no era otro que Persia, cuyos habitantes, persas y medos, extendieron su dominio desde el desierto del actual Irán. A finales del S. VI, los ejércitos del Gran Rey persa habían llegado hasta las puertas de las ciudades griegas de Asia Menor.

Los persas, en su proceso expansivo, habían instalado una satrapía (provincia del imperio persa) en el antiguo reino lidio de Creso en 546 a. C. Las poleis minorasiáticas, especialmente las tiranías, pasaron de una suave influencia lidia a estar subordinados al sátrapa persa. Sin embargo, los persas mantuvieron a los tiranos griegos para tener bajo control a los griegos y evitar que el cambio fuese traumático.

Hacía el 515 a. C., Darío I inicia un nuevo expansionismo atravesando el Bósforo y adentrándose en Europa. Fracasa en su objetivo principal, apoderarse de los territorios escitas situados en el norte del Mar Negro, pero consiguió el control de ambas orillas de los estrechos, y por tanto el control del comercio hacía el mar Negro.

En el año 499 a. C. la Confederación Jonia abandona su papel aglutinador religioso en torno al santuario de Poseidón, y se convierte en el núcleo inicial de la resistencia contra los persas. Los griegos habían sido frenados en su expansión colonial a mediados del siglo anterior. El comercio y por tanto los recursos habían disminuido progresivamente, todo esto coincide con la aparición del imperio persa en Asia Menor. Esta situación creó malestar entre las ciudades jonias, las cuales culparon a los persas de su desgracia.

Sublevación jonia

Las fuentes que contamos para este acontecimiento, Herodoto, parecen estar contaminadas por perjuicios antijonios y por el conocimiento que tuvo el historiador del resultado de los conflictos. Para Herodoto los motivos de esta sublevación fueron personales, la actitud del tirano de Mileto, Aristágoras, ante el fracaso de apoderarse de Naxos con ayuda de los persas.

Los historiadores modernos pretenden incorporar nuevas causas de la sublevación, causas que posibilitasen a las ciudades estado adherirse a la insurrección de la Confederación Jonia. Causas como la disminución del comercio griego hacia zonas controladas por los persas, favoreciendo al comercio fenicio; y la preferencia de los griegos por nuevas formas de gobierno en contra de los tiranos.

El inicio de la sublevación fue favorable para los griegos. Ayudados por atenienses y eritreos, la Confederación en el 498 a. C. toma la ciudad de Sardes, antigua capital lidia, incorporándose a la sublevación comunidades griegas de la Licia, de la Caria del Bósforo, de la Propóntide y de Chipre. Sin embargo, la retirada del apoyo ateniense dos años después posibilitó a las huestes de Darío I ir incorporando los territorios sublevados que concluyó con la toma de Mileto. La desunión de los griegos quedó patente, y será un acicate para que el Imperio Persa extienda su influencia hacia el continente por medio de alianzas o de intimidaciones.

Primera Guerra Médica

Tras someter todas las ciudades griegas de Asia Menor, en la primavera de 492 a. C. los persas pusieron por primera vez su pie en territorio Europeo. Mardonio, yerno del Gran Rey Darío, cruzó el Bósforo al mando de un enorme ejército. Apoyado por una poderosísima flota, Mardonio arrasaba todo a su paso. Tras algunas pequeñas batallas frente a las tribus tracias, los persas llegaron a las puertas de Grecia.

GUERRAS MÉDICAS

Por fortuna para los griegos, una tormenta destruyó la mayor parte de la flota persa en el cabo Atos, en la península Calcídica. Este desastre, sumado al continuo hostigamiento de las tribus locales hizo desistir a Mardonio de su empeño, al menos por el momento.

Poco tiempo después, el gran rey envió emisarios a todas las ciudades griegas pidiendo “el agua y la tierra”, una forma de pedir una rendición total sin condiciones. Acto seguido, en verano de 490 a. C. un nuevo ejército persa zarpó desde Cilicia, en el Sur de Anatolia. Herodoto asegura que eran al menos 20.000 infantes y numerosos jinetes. Este ejército conquistó las islas Cícladas, en el Mar Egeo, aunque su objetivo era la isla de Eubea. Eretria, ciudad de esta isla, fue arrasada y sus habitantes fueron vendidos como esclavos en Susa, una de las capitales del imperio persa. Una vez tomada la isla, los ojos del enemigo se posaron en Atenas.

Una a una las ciudades griegas fueron cayendo bajo el poder persa. Solo unas pocas ciudades libres, encabezadas por Atenas y Esparta, ofrecieron resistencia. Artafernes, general persa, decidió castigar la osadía griega y desembarcó cerca de Atenas, en la llanura de Maratón, a 40 kilómetros de la ciudad. En este lugar se libró la batalla por la libertad de Grecia. Un ejército ateniense de hoplitas, liderado por Milcíades y Temístocles, presentó batalla en la llanura. Sin embargo, Artafernes tenía otros planes. Mientras se libraba la batalla, embarcó un grupo de élite y se dispuso a tomar Atenas aprovechando que los soldados se hallaban en Maratón.

PROCESIÓN DE LOS INMORTALES PERSAS  Inmortales persas

El alto mando griego vio esta amenaza, y a pesar de encontrarse con un ejército ampliamente superior en número,  Milcíades ordenó a sus hombres cargar contra los flancos del ejército persa. Esta maniobra desconcertó al enemigo, permitiendo a los griegos tomar la iniciativa en la batalla y empujar a los persas de nuevo hacia sus naves. El resultado de la batalla fue de aproximadamente 6400 bajas por parte de los persas frente a 192 griegas.  Una vez finalizada la batalla, los vencedores enviaron a un mensajero a Atenas para comunicar la noticia. Este hombre, de nombre Filípides, corrió los 40 kilómetros que separaban la llanura de Maratón de Atenas y comunicó la noticia. Tras ello, murió de agotamiento. Esta hazaña es el origen de la popular prueba deportiva de la maratón, la cual recorre exactamente la misma distancia que recorrió Filípides.

Esta batalla fue una gran victoria para los atenienses, convirtiéndose en un símbolo de gloria y demostrando que los persas no eran invencibles. Sin embargo, para el Gran Rey no supuso un gran cambio. La sombra persa en el Este continuaba creciendo, y poco después los griegos tuvieron que luchar de nuevo por su libertad.

La segunda guerra médica

Habría que esperar diez años para que griegos y persas volvieran a la guerra. Durante estos años, los persas se ocuparon de sofocar rebeliones en Egipto y Babilonia en medio de la sucesión del trono. El sucesor de Dario, Jerjes,  una vez conseguida la estabilidad interna volvió la mirada hacia los griegos. Las potencias griegas también estaban inmersas en conflictos, Atenas mantenía una disputa contra  la vecina isla Egina, y Esparta tenía problemas de orden interno con el intento de recuperación del  trono por Cleómenes I.

Jerjes realizó personalmente la nueva expedición persa, cruzando el Helesponto en la primavera del 480. Buscó, basándose en la perenne desunión griega, el apoyo algunos estados griegos por medio de la intimidación por la fuerza, o utilizando al oráculo de Delfos, consiguiendo la defección de numerosas poleis griegas. De esta manera solo una treintena de estas ciudades estado firmaron una alianza militar en Corinto para defenderse contra los persas.

LEÓNIDAS EN LAS TERMÓPILAS  Leónidas en las Termópilas

El primer enfrentamiento tuvo lugar en las Termópilas. Trescientos espartanos y siete mil soldados de la liga del Peloponeso comandados por el rey Leónidas, presentaron batalla en este desfiladero. Ante el imparable avance del enemigo, Leónidas junto a sus 300 espartanos lucharon hasta el final a fin de entretener el avance persa y permitir el repliegue de los demás aliados. Este sacrificio permitió también la evacuación de Atenas, así como el repliegue de la flota griega que en esos mismos días luchaba contra los persas en el Cabo Artemisión.

Los persas, una vez salvado el obstáculo de las Termópìlas gracias a una traición, tuvieron libre acceso a la Grecia central, consiguiendo el abandono de beocios, tesalios, locrios y dorios del frente griego.

Los atenienses habían abandonado su ciudad, la cual fue saqueada por los persas.  Los atenienses se refugiaron en Salamina, donde se reagrupó también la flota griega tras la batalla de las Termópilas. Allí el estrategos Temístocles de Atenas, que había incentivado la construcción de una potente flota en los años anteriores, ideó el plan estratégico con el que derrotarían a los persas. La batalla naval se desarrolló en un espacio reducido donde la superioridad numérica de los persas se convirtió en un problema para la maniobrabilidad, frente al menor número de navíos griegos, mucho más ágiles. Las naves persas fueron destruidas, consiguiendo desde entonces los griegos la hegemonía marítima.

TRIRREME GRIEGA  Trirreme griega

Los persas aunque habían perdido sus efectivos navales en Salamina, seguían teniendo intacto el ejército de tierra bajo el mando de Mardonio, con el que realizó un nuevo saqueo del Ática. Atenas forzó a sus aliados para entablar una batalla que fuera decisiva contra los persas, que se desarrolló en el año 479 a.C. en Platea. Comandados por el espartano Pausanias, cincuenta mil hoplitas griegos derrotaron finalmente al ejército mercenario persa, poniendo final a las ambiciones persas en Grecia.

En el mismo año, la flota griega destruye lo que quedaba de la flota persa tras la batalla de Salamina en Micale, en el Asia Menor, permitiendo el levantamiento general de los griegos sometidos de Asia Menor.

Consecuencias

La victoria sobre los invasores extranjeros había sido total. Los persas habían sido derrotados, pero su amenaza no había desaparecido. Los griegos, conscientes de ello, fundaron una alianza defensiva, una symmachia, con sede en la isla de Delos. Esta alianza contaría con fondos aportados por todos los miembros que se uniesen a la misma, y serviría tanto para soportar los gastos de una posible guerra contra los persas así como para ayudar a las ciudades que resultasen dañadas por la guerra.

No obstante, y a pesar de las buenas intenciones que en un principio tenía la liga y del ambiente de euforia por la victoria, pronto surgieron diferencias dentro de la liga. Las posiciones atenienses y espartanas fueron distanciándose, y cada vez las relaciones fueron más frías entre ambos estados. La situación se polarizó en torno a estas dos potencias, cada vez más enfrentadas. Se inicia así un período de “Guerra Fría”, con acciones indirectas por parte de la Liga de Delos y la Liga del Peloponeso, fundada por Esparta.  Solo era cuestión de tiempo que la guerra volviese a asolar Grecia.

A este período se le denomina Pentecontecia (50 años), cuyo nombre hace referencia a los 50 años que separan las Guerras Médicas de la Guerra del Peloponeso.

http://www.artehistoria.com/historia/videos/612.htm

Bibliografía

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Historia de Grecia en la antigüedad, Madrid: Akal, 2011.

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

LÓPEZ MELERO, R., PLÁCIDO D., PRESEDO F., Historia universal. Edad antigua, Grecia y Oriente próximo, Barcelona: Vicens Vives, 2003

ROLDÁN HERVÁS, J.M., Historia de Grecia Antigua. Salamanca, Ed. Salamanca, 2005.

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte