EL OCASO DE LOS HÉROES

Estamos ante un momento crítico de la historia de Grecia. Los restos del Imperio de Alejandro son objeto de disputas  y rencillas entre las familias sátrapas, y la propia Hélade se descompone en luchas intestinas sin ser conscientes del nuevo poder que ha surgido en el Oeste y que pronto pondrá sus miras hacia Oriente: Roma.

El mundo de Occidente

Las Guerras Ilirias

ImagenEl recién creado reino de Iliria provocará la chispa que desencadene todos los acontecimientos posteriores. A mediados del s.III a.C., bajo el liderazgo de Agrón, surge el reino ilirio, nido de piratas y bandidos que, amparados en la orografía de las costas dálmatas, se adaptan a su “oficio” a la perfección, dedican su vida a la práctica de tal esa actividad, ya de larga tradición ya en el Mediterráneo. Inician una expansión por tierras griegas, atacan y saquean tanto islas como ciudades del interior de la costa noroccidental, y provocan un colapso del comercio en el Adriático. La piratería era una plaga desde tiempos inmemoriales, pero los comerciantes itálicos no estaban dispuestos a continuar así. El Senado romano tomó advirtió cartas en el asunto y a los ilirios que cesaran en su actividad, amenazas que fueron desoídas. Esto conllevó que, con la ayuda de un traidor a la causa iliria, Demetrio de Faros, se iniciara la Primera Guerra Iliria (229-228 a.C.), de donde Roma salió victoriosa con bastante facilidad, frenando de esta manera el expansionismo ilirio. Pero no tardará  mucho en estallar de nuevo una Segunda Guerra Iliria (221-219 a.C.), consecuencia de la ambición de este mismo traidor, Demetrio de Faros, que aprovechando la coyuntura favorable que le brinda el debilitamiento del estado ilirio y su alianza con Roma, intentará hacerse con los restos del reino ilirio y del protectorado romano.

La principal consecuencia de este desenlace a favor de Roma será el establecimiento de una cabeza de puente en suelo griego para futuras intervenciones. Roma se convertirá a partir de ahora en un nuevo jugador a tener en cuenta en el ajedrez político griego.

Las Guerras Macedónicas

Como ya hemos mencionado, la situación en Grecia era muy tensa. La reciente Guerra de los Aliados había acrecentado más aún el descontento contra Macedonia y éste degeneró en un nuevo conflicto. Sus enemigos, amparados por Roma, se levantaron de nuevo en armas contra ésta en 215 a.C.: la Confederación Etolia, el reino de Pérgamo, Esparta,… pero con el paso del tiempo, Roma, ahogada en estos momentos por el conflicto púnico, tuvo que retirarse. Poco a poco el resto de los confederados sufrieron un destino parecido hasta quedarse sólo los espartanos, vencidos en Mantinea, y los etolios, que se vieron obligados a firmar la paz en 206 a.C. El conflicto se cerró con la firma de la Paz de Fénice con Roma, la cuál, a pesar de perder parte de su protectorado en Iliria, se reafirmó ya como un nuevo protagonista a tener en cuenta.

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Antíoco III el Grande

Pero esta paz será precaria. Animado por sus victorias, Filipo V firmará un pacto secreto con Antíoco III para repartirse las posesiones egipcias en Asia y el Egeo y extender su influencia por la orilla oriental. Tras una serie de exitosas campañas tanto en el Egeo como en la propia Grecia, chocó de frente con los intereses de los reinos de Rodas y Pérgamo, que tras vencerle en el mar solicitaron la ayuda de Roma.

Excusándose en las ansias expansionistas de Filipo V y la lucha por la libertad de los griegos, vio la oportunidad perfecta para eliminar a su principal escollo a la hora de tener Grecia a sus pies, y decide intervenir militarmente contra Macedonia. En los inicios del conflicto, a pesar de estar aislada y tener que luchar en varios frentes, Macedonia consiguió algunos éxitos, tanto contra bárbaros como contra las ligas de ciudades griegas. Pero en 198 a.C., hará su desembarco Roma, representada por el cónsul Flaminino, que penetró en Macedonia a la cabeza de las poderosas e imponentes legiones romanas. Filipo V no tuvo nada que hacer contra el rodillo romano, y las falanges macedónicas fueron aplastadas sin piedad en Cinoscéfalos. La paz de Tempe pondrá fin a la guerra, quedando Macedonia anulada como potencia militar y política, y abriendo las puertas a Roma para apoderarse de la Hélade.

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El mundo de Oriente

Antíoco III

La situación en Oriente no se encontraba mucho mejor. En el reino Seleúcida había defecciones internas en las satrapías de Persia y Media, y en la zona occidental, Pérgamo había invadido ciertos territorios del poder real. Tras restaurar el orden en el interior, el rey decidió arrebatar al reino lágida de Egipto el sur de Siria (Cuarta Guerra Siria),  pero fue vencido en la batalla de Rafia y tuvo que retirarse hacia sus posesiones.

A Egipto esta victoria iba a costarle muy cara. Tuvo que armar a grupos de indígenas para detener el avance de Antíoco III, grupos marginados de la vida política hasta el momento,  por el intento de helenización de los monarcas lágidas. Esta inestabilidad social estalló en reivindicaciones nacionalistas tras la victoria de Rafia, a lo que el gobierno tuvo que ceder, ocasionando un debilitamiento del poder real.

Antíoco III tuvo que hacer frente a otro problema al regreso a su patria. Su primo Aqueo, que tan buen aliado había sido, aprovechó la ausencia del rey para proclamarse independiente junto a las satrapías iranias. Pero Antíoco III no estaba dispuesto a ceder, e inició una serie de campañas conocidas como el la “Anábasis” (212-205 a.C.), tras las cuáles consiguió restaurar su poder hasta los confines de la India.

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Filipo V de Macedonia

A su regreso, animado por su popularidad, aprovechó el declive del reino lágida de Egipto para firmar un pacto secreto con Filipo V y retomar de nuevo sus viejas aspiraciones de conquistar el reino de Siria. Se lanzó a la batalla en 202 a.C., iniciando así la Quinta Guerra Siria, que concluirá en 200 a.C. tras la decisiva victoria de Panión con la posterior cesión de Palestina y Celesiria. Y no sólo eso, los acontecimientos dieron un giro inesperado que no quiso desaprovechar. Cuando Roma declara la guerra a Filipo V de Macedonia, su antiguo aliado, vio la oportunidad de arrebatar las plazas macedonias de la costa y los Estrechos, y de expandir su influencia en todo el Egeo. Esto no sentó bien, ya que les afectaba de manera directa tanto a Pérgamo como a Rodas, aliados geoestratégicos de Roma en la zona. Finalmente, Roma venció a los macedonios, y pudo prestar más atención a Antíoco III, con el que iniciaron una “guerra psicológica”. La escalada de provocaciones desembocó finalmente en una nueva contienda. Animados por los etolios y la coalición que estaban formando para encauzar los descontentos contra los romanos, los seleúcidas vieron la oportunidad idónea para dar un golpe de efecto. Pero cuál fue su sorpresa al ver cómo uno de sus principales aliados en Grecia, el tirano Nabis, fue borrado del mapa rápidamente, y cómo el apoyo a esa coalición era escaso y no tan popular como la propaganda política lo había vendido. Las fuerzas sirio-etolias se atrincheraron en las Termópilas, donde se hicieron fuertes, pero en 191 a.C. no pudieron contener la embestida de las legiones romanas que les arrollaron, teniendo que retirarse a Asia. Los romanos no cejaron en su empeño de acabar con él, y siguieron al Seleúcida hasta allí, donde, junto con las flotas de Rodas y Pérgamo, le infligieron dos decisivas derrotas en Magnesia y Sípolo. Finalmente, se firmó en 188 a.C. la “Paz de Apamea”, donde los grandes vencedores, en especial Pérgamo, se repartieron los territorios arrebatados a Antíoco III.

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Mapa del Oriente tras la paz de Apamea

Como consecuencia de todo esto, en el Mediterráneo Oriental se rompió por completo el equilibrio entre las tres potencias tradicionales, y ya no volvió a haber ningún poder predominante que pudiera hacer frente a Roma, quién no tardaría en extender su dominio por todo el Mediterráneo.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, 1986,Madrid.

BRAVO, G., Historia del mundo antiguo, Crítica, 2005, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, 2011, Madrid.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Salamanca, 2005, Salamanca.

Pedro Aguado González

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Rubén Rodríguez Galán

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