LA RUPTURA DEL IMPERIO ALEJANDRINO

LOS DIÁDOCOS Y LA FORMACIÓN DE LOS REINOS HELENÍSTICOS

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Configuración del antiguo imperio de Alejandro tras su muerte

La muerte de Alejandro Magno en Babilonia el año 323 a.C. supondrá el final de la unidad imperial que había creado a base de batallas y conquistas. El imperio que había formado el joven rey macedonio se sustentaba únicamente en su persona, en su carisma como líder y en sus ideales anti xenófobos que abogaban por la unión entre helenos y asiáticos, cosa que sus propios generales griegos no veían con buenos ojos. Estos generales, conocidos en la historia como los Diádocos, se enfrentarán en una serie de guerras que involucrarán también a sus hijos (los Epígonos), para repartirse el imperio alejandrino.

Al carecer Alejandro de descendencia legítima, algunos generales se postularon del lado de Arrideo, hijo bastardo de Filipo II, ya que el futuro hijo de Alejandro, a quien muchos veían como legítimo sucesor, aún estaba en el vientre de su madre, Roxana.

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Seleuco I NIcátor

La situación obligó al compromiso de ambos príncipes a gobernar conjuntamente. Mientras tanto, Antípatro sería el regente en Europa y  Pérdicas y Crátero quedaron como representantes de los regentes y los negocios. A Ptolomeo se le asignó Egipto, a Lisímaco Tracia, a Eumenes Capadocia, a Leonnatos la Frigia Helespóntica y a Antígono se le asignó Panfilia, Licia y la Gran Frigia. Seleuco no obtuvo territorios, pero fue nombrado jefe de la caballería, cargo militar de gran honor. Por tanto todo el imperio creado por Alejandro III de Macedonia quedó repartido entre sus fieles generales, macedonios todos excepto Eumenes, que era griego.

Pronto empezaron los conflictos territoriales entre los generales debido en gran parte a dos motivos: la falta de unidad que habría representado un heredero fuerte y capaz por un lado, y la sed de poder personal de algunos generales por otro. Durante cuarenta años los Diádocos lucharon entre ellos intentando aglutinar la unidad imperial bajo un solo mando, cosa que resultó imposible debido al equilibrio de poderes y las constantes intrigas y conspiraciones, y poco a poco se fue fraguando el inicio de nuevas dinastías de origen macedonio que durarían siglos y se enfrentarían al poder de la futura Roma: los Lágidas o Ptolomeos en Egipto, los Seléucidas en Asia y los Antigónidas en Macedonia.

Las cuatro guerras que protagonizan los diádocos están repletas de interesantes episodios y juegos de poder que en este texto solo podemos esbozar brevemente. A continuación daremos un repaso sobre las grandes líneas de desarrollo de los conflictos y su desenlace final sin entrar en detalles pormenorizados. En la bibliografía final podemos encontrar una serie de volúmenes para los más interesados en el tema.

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Posidonio, principal fuente para conocer los hechos

Según Posidonio, una de las principales fuentes que relata este periodo, tras una serie de conflictos territoriales en 323-322 a.C. (primera guerra), se organizó una paz en Triparadisos en 321 a.C. para reorganizar el Imperio, confiando algunas satrapías a nuevos gobernadores para evitar conflictos, pero el germen de la separación era ya evidente.

La muerte de Antípatro en 319 a.C. desencadenó nuevas hostilidades y llevó a la conocida “segunda guerra de los diádocos” (319-316 a.C.), en la que Casandro, hijo de Antípatro, hará aparición como brillante y despiadado estratega. Casandro se hará con el control de Grecia y apoyado por Antígono se desharán de lo que quedaba de la familia real macedonia. Así, en 317 se deshacen de Filipo III y su madre Olimpia y en 310 de Alejandro IV y su madre Roxana. Tras estos crueles sucesos ambos generales se enfrentaron entre ellos en la lucha por el poder, demostrando así su falta de escrúpulos y ansias de grandeza.

La llamada “tercera guerra de los diádocos” (316-312 a. C.) enfrentó a ambos estrategos de manera directa, aunque otros se vieron implicados de manera indirecta, como Ptolomeo, que tuvo que acudir en 312 a.C. a defender Chipre contra el hijo de Antígono, Demetrio Poliorcetes.

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La falange helenística era la base del ejército de los que habían sido generales de Alejandro Magno. Es un cuerpo heredero de la famosa falange macedónica equipada con sarisas, aunque incluye algunas innovaciones tácticas, como la aparición de nuevas unidades de infantería de élite (peltastas, tureóforos y toracitas), y de caballería (catafractos).

Desde el año 310 a.C. los generales se dedican a afianzar posiciones e influencias en sus respectivas áreas. Casandro se hará fuerte en Grecia con el apoyo de Atenas, pero en 308-307 a.C. es derrotado por Demetrio Poliorcetes y se ve obligado a unirse a él, a Seleuco y a Lisímaco. El nuevo dueño de la situación era ahora Antígono, que controlaba Macedonia mientras su hijo Demetrio hacía lo propio en Grecia y el Egeo.

Antes del año 305 a. C. todos los generales se habían hecho nombrar reyes en sus respectivos territorios.

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Moneda de Ptolomeo I, en la que aparece el título de basileus, afirmándose como rey de Egipto

Finalmente, la cuarta guerra de los diádocos pondrá punto y final a las tensiones entre los antiguos generales de Alejandro Magno y los hijos de éstos. Tras una coalición contra Antígono encabezada por Lisímaco y Seleuco, todos los contendientes se enfrentan en Issosm (Frigia) en 301 a. C., en donde muere Antígono en el campo de batalla y su hijo Demetrio  Poliorcetes se ve obligado a abandonar gran parte de Grecia para defender los intereses antigónidas en Macedonia. Lisímaco extenderá su influencia sobre Asia Menor, Seleuco hará lo propio en Siria y por último Ptolomeo en Egipto. Los distintos reinos ya quedaban así configurados salvo algunas zonas de influencia aun confusas. En cualquier caso la unidad imperial era ya un sueño imposible de alcanzar.

BIBLIOGRAFIA

BLAZQUEZ, J.M., LÓPEZ MELERO, R., SAYAS, J.J., Historia de la Grecia Antigua, ed. Cátedra, Madrid, 1989.

BRAVO CASTAÑEDA, G., Historia del mundo antiguo: una introducción crítica, ed. Alianza, 2005, Madrid.

HEINEN, H., Historia del helenismo: de Alejandro a Cleopatra, ed. Alianza, Madrid, 2007.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Ed. Salamanca, 2005, Salamanca.

 

Rubén Rodríguez Galán

Delia Egea Gómez

Pedro Aguado González

Manuel García Salazar

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