ALEJANDRO EN EL CONFÍN DEL MUNDO

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Tierra de Leyendas

Tracia, Grecia, Egipto, Persia, Bactria… Una a una todas las provincias del mundo civilizado habían caído bajo el poder de Macedonia. Ahora, tras derrotar definitivamente a Darío III, Alejandro se encontraba en los confines del mundo conocido, más allá de Samarcanda (Uzbekistán). Pero para el Gran Rey el mundo no era suficiente. Necesitaba más. Ante él se encontraban las montañas del Hindu-Kush, y más allá, la India.

En la primavera de 329 a. C., Alejandro atraviesa la cordillera con sus hombres, un camino que posiblemente no tuviese marcha atrás. Su ejército era cada vez más pequeño, no podía recibir refuerzos desde ningún lugar, el terreno era complicado, terriblemente complicado, y las tribus locales eran altamente hostiles al invasor. Los macedonios estaban acostumbrados a la guerra abierta, pero estas tribus preferían la guerra de guerrillas, algo que exasperaba a los helenos.

Pero el mayor problema para los macedonios era su propio rey. El monarca ya no era ese líder carismático que arrastraba a las masas al combate. Se había convertido en un rey distante, altivo y cada vez más enajenado. Veía conspiraciones tras cada sombra, y llevó a cabo varias purgas entre sus oficiales, a pesar de que eran leales. Incluso llegó a matar a Clito, uno de sus mejores generales y amigos, en un acceso de cólera. Además, se había casado con Roxana, una noble sogdiana, y había incluido treinta mil extranjeros en su ejército. Todo esto contribuía al descontento entre la tropa, que lejos de casa, acosados continuamente por el enemigo y en tierra extraña veían cómo su líder, su verdadera fuerza, era cada vez más impredecible y peligroso.

Sin embargo, en 327 a. C. el Gran Rey logró formar un formidable ejército, esta vez compuesto por macedonios y por un enorme aporte de extranjeros, y avanzó hacia el corazón de la India. La excusa para la invasión fue “ayudar” a un reyezuelo local que luchaba contra el poderoso rey Poros y sus ejércitos de elefantes.

La lucha contra Poros

La última gran batalla de Alejandro se libró a orillas del río Hidaspes, afluente del río Indo. En la ribera de este gran río aguardaba Poros, señor de los elefantes. Su ejército contaba con cerca de ciento cincuenta de estas bestias de batalla y un descomunal número de tropas a pie (cincuenta mil según Diodoro Sículo).

A pesar de la enorme superioridad numérica del ejército de Poros, Alejandro demostró de nuevo su talento táctico. Consiguió cruzar el río y capturar al monarca enemigo gracias a una hábil maniobra envolvente.

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Para Alejandro la batalla mantenida con el rey Poros era un episodio más que le llevaba a continuar su ambición expansionista. Así se entiende que continuara con la fundación de las ciudades de Nicea (‘victoria’ en griego) conmemorando la obtenida frente al fiero rey Poros; y de Bucéfala, en recuerdo a su fiel caballo. Sin embargo, los macedonios estaban cansados de combatir y añoraban el hogar. Desde el inicio de la aventura, ocho años atrás, habían recorrido dieciocho mil kilómetros, y hacia el Este al otro lado del río Hifasis, estaba acampado un nuevo enemigo desconocido. En la Asamblea con su ejército, Alejandro  escuchó las quejas de sus compañeros y se decidió no proseguir.

Para saber más (documental en 4 partes):

 

El camino de vuelta

La vuelta a casa la iniciaron tomando rumbo Sur siguiendo el curso de los ríos Hidaspes, Acesines y más tarde por el Indo hasta su desembocadura en el Océano Índico siete meses después. En el trayecto tuvieron que enfrentarse con los llamados Malios, según las crónicas el pueblo más fiero de la India, a los que derrotaron. En esta batalla Alejandro fue gravemente herido, teniendo que detener el regreso hasta que su salud mejoró. El sanguinario escarmiento dado a los malios atemorizó a los diversos pueblos con los que se encontraban. Musicanos, oxicanos y sambos se rindieron, permitiendo que sus príncipes conservaran su poder, pero incorporándolos al imperio  de Alejandro en forma de satrapías.

Siguiendo el río Indo llegaron  a Patala, momento en el que parte del ejército al mando de Crátero inicia la marcha hacia el Oeste para reunirse con el resto de la hueste en Carmania. Desde Patala  hasta la desembocadura, el Indo se bifurca en dos ramales formando un amplio delta. Las crónicas afirman que Alejandro recorrió los dos ramales hasta llegar a una isla del delta llamada Ciluta, donde realizó sacrificios dando gracias a los dioses por haber llegado hasta allí.

Desde este punto, Alejandro decidió marchar hacia Persia por un camino paralelo a la costa a través del desierto de Gedrosia, mientras que Nearco realizó el trayecto por mar. Esta decisión acarreó trágicas consecuencias para las tropas que siguieron a Alejandro, solo la cuarta parte de los que iniciaron el trayecto consiguieron sobrevivir. Los historiadores se han preguntado cuál sería la razón que impulsó a Alejandro a utilizar esta ruta. Nearco en sus memorias, afirma que para realizar la vía marítima tuvieron que esperar a que se calmasen los vientos desfavorables que en invierno soplan en esas latitudes. Pero Alejandro no esperó y marchó por el desierto ignorando su extrema dureza. Sin embargo, dentro de la aureola mítica en la que está envuelto, se le atribuye la decisión de cruzar el desierto conociendo que Ciro y Cambises habían frenado su expansión hacia la India  ante la imposibilidad de cruzar el desierto de Gedrosia. Por el camino tuvieron que sacrificar los animales para alimentarse, consiguiendo llegar a Carmania a comienzos del 324 a.C. donde recibieron avituallamientos de los sátrapas vecinos. En Carmania se encontró con las tropas que habían realizado el trayecto Norte desde Patala comandadas por Crátero.

El fin de una era

De vuelta en Susa (Irán), Alejandro desposó dos nobles aqueménides, al tiempo que obligó a varios de sus oficiales a seguir su ejemplo. Esta política de fusión étnica  forzosa no agradó en absoluto a sus hombres, aunque transigieron… de momento.

Por otra parte, los problemas crecían en todo el imperio. Las satrapías orientales se independizaron apenas Alejandro abandonó la India. En el otro extremo del imperio el rey de Esparta, Agis III, había sublevado la mayor parte de Grecia. Mientras, las conspiraciones en el entorno más cercano del Gran Rey se sucedían. Alejandro envió a uno de sus generales, Antípatro, para sofocar la revuelta helénica. Pero las provincias indias se perdieron para siempre.

Una vez sofocadas las revueltas, Alejandro continuó sus planes de dominación mundial. Proyectó expediciones al mar Caspio, Arabia e incluso llegó a plantearse la invasión del Mediterráneo Occidental, dominado por Roma y Cartago. Sin embargo, la muerte sorprendió al rey en Babilonia en 323 a. C. Hay múltiples teorías sobre su muerte: envenenamiento, paludismo, pulmonía, vida disoluta… Seguramente nunca se sabrán las verdaderas causas de su defunción, ni hasta dónde podría haber llegado su ambición.

La leyenda de Alejandro

Alejandro Magno alcanzó rápidamente estatus de figura legendaria. Además de las historias biográficas de Plutarco o Arriano, gozó de gran popularidad en la Edad Media el llamado Romance de Alejandro, que se atribuyó erróneamente a Calístenes, historiador que acompañó a Alejandro en sus campañas. En realidad, la primera versión del Romance se escribió en el siglo III d.C., y se hicieron numerosas versiones en distintos idiomas hasta el siglo XV.

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Imagen de Alejandro Magno con un tocado de elefante en una moneda Ptolemaica

Además de cometer numerosos errores historiográficos, el desconocido autor del Romance se dejó llevar por las historias más fantásticas de la vida y los viajes de Alejandro. Según se va alejando de Grecia, más maravillosas son las criaturas que se encuentra en el camino. Sus aventuras en la India están narradas en primera persona, en forma de una carta enviada por el propio Alejandro a su mentor Aristóteles.

Tras derrotar a Poros, Alejandro y su ejército continúan viajando hacia el este cargados de oro y riquezas. Una vez en India, los peligros son constantes: desde «hipopótamos de cuerpos mayores que los elefantes», que arrastran y devoran a los que tratan de cruzar el río que habitan, hasta leones «de tamaño semejante al de los toros», además de grifos y del famoso “odontotirano,” una especie de rinoceronte gigante. También conocen a gentes mitológicas como los cinocéfalos, con cabeza de perro.

Pero quizás la parte más interesante de esta historia legendaria está al final del relato, cuando Alejandro llega a un santuario donde se encuentran dos árboles oraculares, uno masculino, que emite sus predicciones al salir el sol, y uno femenino, que lo hace cuando sale la luna. Los oráculos le anuncian a Alejandro que la muerte está cercana, tanto que no volverá a ver Macedonia, sino que morirá en Babilonia. Además, le auguran el posterior asesinato de su madre y hermana, pero le advierten de que no podrá evitar el destino que ya ha sido determinado. Alejandro, resignado a su suerte, emprende entonces el regreso a occidente.

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Mapa de la campaña de India con las ciudades fundadas por Alejandro III

A modo de resumen:

 

Bibliografía

ARRIANO DE NICOMEDIA. Anábasis de Alejandro Magno.https://sites.google.com/site/adduartes/home/anabasis_arriano/libro-6

BLAZQUEZ, J. M.; LÓPEZ MELERO, R.; SAYAS, J.J. Historia de Grecia Antigua. Madrid: Cátedra, 1989

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

PLUTARCO. Vidas paralelas. Libro VI. Alejandro Magno-Julio César.

PSEUDO CALÍSTENES, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia. Madrid, Editorial Gredos, 1977

 

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

 

EL SIGLO DE ORO DE LA CULTURA GRIEGA

ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti oudèn oîda

(“Solo sé que no sé nada”)

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Conocido también como el Siglo de Pericles, el periodo comprendido entre los siglos V y IV a.C. supuso el mayor auge en la historia del pensamiento y la cultura griega. Pericles, influyente político y orador ateniense, consolidó las instituciones democráticas y apoyó el desarrollo de su cultura, asegurando así la hegemonía de Atenas. Sus años de gobierno significaron el apogeo de las diversas manifestaciones culturares, correspondiendo a la superioridad de Atenas, vencedora de las Guerras Médicas. La civilización griega se desarrolló con una rapidez nunca vista hasta entonces, debido al esfuerzo que tantos hombres célebres dedicaron al cultivo de la cultura. Unidos a una nueva forma de gobierno, la democracia, alcanzaron su plena madurez todos los géneros artísticos y literarios, además del pensamiento filosófico. Arquitectura, escultura, historia, medicina, drama, comedia, filosofía… todo aquello relacionado con la esencia del Estado y el hombre tenía cabida en la capital ateniense.

EL TEATRO

La situación por la que ha pasado un ciudadano ateniense le ha dado motivos para ser un ente político. La elección de la obra no se dejaba al libre albedrío; era elegida colectivamente mediante un concurso dramático donde el arconte elige entre los poetas que deben presentar cuatro obras: una trilogía y un drama. Al que ganaba se le daba un coro además de todos los gastos pagados. A las obras asistía todo el pueblo y una comisión de las ciudades aliadas. Se cultivaron principalmente dos géneros: la tragedia y la comedia.

Tragedia

La representación de las tragedias estaban destinada al pueblo, le evocaban sus antiguos mitos, y los linajes protagonistas formaban parte de una familia de héroes. También trataban temas de actualidad como la toma de Mileto de Frínico o los persas de Esquilo. Hablan temas que preocupan al hombre griego, la concepción del mundo, la fragilidad, y sus anhelos. A través del mito el poeta da una visión del mundo y de la realidad histórica en la que está inmerso con la intención de enseñar y educar a los ciudadanos.

Esquilo. Nació en 525 a.C, en Eleusis, en una familia noble. Durante su vida vio muchos cambios políticos en Grecia; desde la tiranía de Hipias hasta la democracia de Pericles. Luchó en las guerras médicas, hecho que marcó su vida. Venció en trece concursos e hizo alrededor de noventa tragedias y dramas satíricos. De esta obra tan prolífica sólo conservamos:Los persas, Los siete contra Tebas, La trilogía de Orestía (Orestiada), Las suplicantes y Prometeo.

La actitud que adoptan las divinidades en las obras de Esquilo son entre engañosas y celosas, enviando desgracias a los hombres para que prevalezca la justicia. El tema de la hybris (descontrol de los impulsos) está muy presente en todas sus composiciones: en el deseo de Jerjes de invadir Grecia; o en el intento de Agamenón de sacrificar a Ifigenia.

La filiación de la culpa es otro de los grandes temas recogidos por Esquilo. ¿Hasta cuándo la culpa de una persona persigue al resto de la familia? Por ejemplo: Apolo prohibió a Layo tener hijos. Sin embargo, de su unión con Yocasta nació Edipo, éste mató a su padre, se casó con su madre – sin saber que lo era-, tuvo cuatro hijos y, cuando se dio cuenta del incesto cometido, se arrancó los ojos maldiciendo a sus hijos.

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Sófocles. Nació en Coloma, en torno a 496 a.C., y perteneció a una familia noble. Formó parte del coro que se creó para honrar la victoria sobre los persas en Salamina. Participó como strategos junto a Pericles, y posteriormente con Nicias.

La tradición habla de 133 dramas, poema y elegías, pero conservamos sólo siete tragedias, un drama satírico incompleto y fragmentos sueltos. Las más destacables Ayax, Filoctetes, Electra como parte del ciclo troyano. Del tebano, Antígona, Edipo Rey y Edipo en Colona. Al ciclo de Heracles pertenece Las tranquinias y el drama incompleto Los Rastreadores.

A diferencia de Esquilo, las obras de Sófocles son cerradas, es decir, no forman parte de una trilogía. Mientras en el primero, el protagonismo de la historia lo tiene el conjunto, en el segundo recae sobre una única persona. Sin embargo, en ambos, los dioses, sus apetencias, su ira, sus excesos están patentes.

Eurípides. Posiblemente nació en 480 a.C, en Salamina, coincidiendo con el día de la batalla. La situación económica de sus familia no está clara, puesto que unos dicen que era aristocrática y otros que no. Sus obras no gozaron de mucha fama entre los atenienses por eso se vio obligado a marchar a la corte de Arquelao en Macedonia, en torno a 409 a.C.

Sabemos que escribió 92 dramas y una sátira, de los que se conservan menos de una veintena. Las obras pueden dividirse en varias etapas: Alcestis, Medea, Hipólito corresponden a la primera (438 – 428 a.C.); Hécuba, Andrómaca, Los Heráclidas, Heracles y las Suplicantes a la segunda (426 a.C. – 420 a.C.); e Ifligenia en Taúride, Ion, Helena, Las fenicias, Electra, Orestes, Ifligenia en  Aúlide, Las troyanas y Las bacantes, a la última (416 a.C. – 406 a.C.)

Al igual que los anteriores, Eurípides también expresa sus ideas políticas. La diferencia viene marcada por hacer que los sentimientos de los personajes destaquen por encima de dioses o actos. En sus obras el amor y el odio son los protagonistas.

Comedia

El origen de la comedia está en la utilización de máscaras de animales en las fiestas y en las procesiones fálicas que se hacían por toda Grecia.

Epicarmo. Es considerado el padre de la comedia. Conocemos fragmentos de sus obras, que nos sirven de guía para trazar características básicas para estudiar autores y comedias posteriores. El soldado fanfarrón, el borracho, …, son personajes que aparecerán en todas las obras. Usa la comedia para destacar la ideología del autor y satirizar acciones del gobierno.

Cratino. Introdujo elementos técnicos nuevos y venció a Aristófanes con la comedia La botella, después de que aquel le acusara de borracho.

ImagenAristófanes. Sin duda el personaje más conocido, y prolífico, dentro del mundo de la comedia. Nació en Atenas en torno al 450 a.C. en el seno de una importante familia de Egina. Compuso cuarenta obras de las que conservamos solo once enteras.

Cualquier tema será blanco de su sátira, desde la educación a la política. Comenzó su carrera con Los comensales y Los babilonios. En la primera puso de manifiesto su acritud contra los sistemas educativos y en la segunda criticó la política de Cleón. Cuestionó la guerra, la demagogia y la democracia en Los arcanienses, Lisístrata y Los caballeros. Siempre con tono jocoso y sin hacer mención directa Aristófanes, envió siempre un mensaje pacifista a sus espectadores.

En Los caballeros, un anciano campesino pacifista se opondrá a un rudo y fanfarrón soldado. En Lisístrata, pone de manifiesto su rechazo a la guerra haciendo que las mujeres se opongan a tener relaciones sexuales si sus maridos van a la guerra. En Asamblea de mujeres, propone un gobierno dirigido por las mujeres, coincidiendo con la derrota de Atenas. Las nubes es la única obra donde se aleja un poco de la crítica feroz, pero jocosa, poniendo en la piel de dos atenienses cansados de la situación fundar una ciudad en las nubes, llamada Nefelococigia, donde no tendrían cabida los estreses de comerciantes, poetas y políticos.

FILOSOFÍA

La filosofía griega nace con las primeras reflexiones de los presocráticos, que se centran en la naturaleza; teniendo como base el pensamiento racional o logos. El objetivo principal de los filósofos presocráticos era encontrar el arché, el elemento primordial de todo. La búsqueda de una sustancia permanente frente al cambio, de la esencia frente a la apariencia, de lo universal frente a lo particular se convertirá en la base que asienta futuras explicaciones filosóficas.

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Del mito al logos

Cuando en Grecia se crearon las escuelas y las academias, éstas se convirtieron en los instrumentos necesarios para el progreso del saber y para la transmisión de su herencia espiritual a todo el mundo. Su filosofía, su ciencia y su cultura pudieron así ser legadas a Occidente.

La cultura griega, que podemos sintetizar con la frase ‘del mito al logos’, es la culminación del proceso racional que ilustra el campo del saber producido en el siglo IV a.C. El logos –razonamiento, habla- había conseguido desarrollar en este siglo, no sólo la filosofía, sino también otras disciplinas como la retórica. Por oposición a este logos, relacionado con lo humano, aparece el concepto de physis –naturaleza-, con sus leyes inmutables que no pueden ser cambiadas por factores externos.

La evolución de la filosofía en este siglo empieza a desprenderse de esos preceptos de la escuela milesia de Jonia,  centrada únicamente en el cosmos y el origen constitutivo de las cosas. Las primeras reacciones vienen con los filósofos Parménides, y su escuela de lo “inmutable”, y su polo opuesto, Heráclito, donde todo se mueve y nada permanece. Dos caras de una misma moneda que ya  anuncian esa ruptura con las tradiciones anteriores.

Empédocles y Anaxágoras aúnan a su vez tradiciones anteriores, analizando el origen constitutivo de las cosas, a lo que van añadiendo nuevos planteamientos. En estos, tratan como una serie de fuerzas, Amor y Lucha, y Entendimiento en el segundo autor, son las responsables de la creación y destrucción de todo a partir de esas “materias” constitutivas iniciales, que se unen y desunen a voluntad de estas fuerzas. A partir de esto, Demócrito va más allá, construyendo un hibrido entre ambas teorías donde los átomos, indivisibles ya e iguales, se mueven por sí mismo en el espacio.

Con los pitagóricos llega realmente una ruptura, ya que su filosofía viene a centrarse en el comportamiento ético del hombre y la preocupación por la purificación del alma. El hombre empieza a ser el centro de la filosofía, y ya no solo el hombre, sino ete en sociedad. Esto trae consigo la aparición de los sofistas, los primeros “profesores de la historia”, que se dedicaban a la enseñanza de una élite que buscaba el triunfo en la vida pública y social a través de la oratoria y la retórica. La oratoria se desarrolló enormemente gracias al impulso dado por estos filósofos, puliéndose un estilo bello y poético que servía para convencer al público y encandilar a los ciudadanos. Oradores como Antifón, Lisias o Isócrates se dedicaron a este negocio de la oratoria, pero será Demóstenes el más famoso de todos ellos. Como reacción a estos métodos, aparece la figura de Sócrates, persona que con una método dialéctico buscaba la moralidad y la justicia en todas las cosas: “Sólo sé que no sé nada”, auténtica reflexión que cargaba contra los sofistas y su saber “enciclopédico”. Finalmente fue condenado a muerte por corromper a la juventud ateniense, suicidándose con cicuta antes de que fuese ejecutado.

Las dos figuras más relevantes de este momento fueron Platón (discípulo de Sócrates) y Aristóteles. Para conocerlos mejor, girar la mirada hacia Sócrates, maestro de maestros, Sócrates no llegó a escribir, o al menos no nos ha llegado escrito alguno, y, a pesar de haber tenido numerosos seguidores, nunca creó una escuela filosófica. Las llamadas escuelas socráticas fueron en realidad iniciativa de sus seguidores.

A Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates.

Platón: En busca de la belleza de las cosas.

ImagenLa creencia de Platón en las ideas está asociada con su pasión por las definiciones, pues ambas se basan en la convicción de que actos y conceptos hermosos tienen algo en común.

Según Platón, todos forman parte del ideal de la belleza. Aunque un atardecer hermoso parezca distinto de una demostración matemática soberbia o de un joven atleta igualmente atractivo, lo que une a todos estos elementos es más fuerte que lo que les separa. Quizás la mejor manera de entender la relación existente entre apariencia y realidad, según la visión global de Platón, se encuentra en el contexto de las matemáticas.

Aristóteles: El emprendedor.

ImagenDiscípulo más brillante de Platón, fue el fundador del conocimiento científico en Atenas, el Liceo. Para éste, la fuerza dinámica del cambio tenía mucho que ver con el disfrute de la vida mental. El movimiento en pos de un determinado fin u objetivo es lo que, a su juicio, constituye la fuerza rectora de la vida. Según el filósofo, sólo el primer motor había creado el universo en consonancia con los fines que perseguía; el primer motor no era movido por nadie. En definitiva, este primer motor, era Dios.

“…También un poema, un cuadro, un drama son para nosotros documentos, testimonios de una historia viva y humana, saturados de pensamiento y de acción en potencia” (L. Febvre 1986, 29-30)

 

HISTORIA

El concepto de Historia en el mundo griego es muy distinto al que tenemos concebido hoy en día, ya que con posterioridad, sobre todo en la Edad Media y en la Edad Moderna, se utilizaba la escritura histórica para plasmar conocimientos y legarlo las comunidades de los años venideros. Los historiadores griegos, no eran profesores ni académicos. No escribían sus obras con el objetivo de desvelar ninguna verdad de los acontecimientos ocurridos en el pasado. Eran personajes relevantes de la política o de la actividad militar del momento, como es el caso de Tucidides. Los “historiadores” griegos escribían principalmente para sus contemporáneos, y más concretamente para las clases dirigentes, ya que eran están las que contaban con un nivel cultural más elevado.

Sus obras trataban asuntos políticos y militares, sin prestar un gran interés por la economía, la cultura o los asuntos sociales, en contraste con nuestros libros de Historia, en los que estos temas (economía, cultura y sociedad) ocupan la mayor parte de las páginas.

Se puede decir que la manera de escribir los textos era altamente partidista, centrándose en una ciudad o un personaje, y narrando los hechos a partir de ellos, mostrando abiertamente sus preferencias políticas e ideológicas. Pero se tiene que tener cuidado con estos textos, ya que los hechos que relatan en algunas ocasiones cuentan hechos de carácter mitológicos, mezclándolo con la realidad. En las ocasiones que los autores hacen referencia a los acontecimientos del pasado, las fuentes utilizadas son tradiciones orales, y muchas veces interesadas, ante las cuales se debe de mostrar un carácter crítico y de poca fiabilidad, o de autores antiguos cuyas obras no se conservan.

Uno de estos autores, que cuenta los acontecimientos a partir de la tradición oral, y ante los que hay que mostrar cierto grado de crítica es Herodoto, el cual centra parte de su obra en la batalla contra los persas, la cual no fue contemporánea a su tiempo.

Aun con todo esto, se puede decir que los griegos inventaron el concepto de Historia, ya que se produjo un cambio en la forma de escribir, pasando de las listas reales o los tratados, obras típicas de las zonas orientales, a una manera de escribir más argumentada y racional.

ORATORIA

En el proceso de cambio que estaba viviendo Grecia, con la llegada de Filipo y el fin de las ciudades-estado, se puede hacer visible el cambio no solo en la política, sino también en otros ámbitos como es el de las letras, con un gran progreso, donde la oratoria será uno de los géneros que más evolucionara y destacará.

Los oradores eran personas que realizaban discursos de defensa ante las cortes de justicia nombradas, por encargo y a las que se las pagaba por sus servicios. Era además el medio más adecuado para atacar a los enemigos políticos y para hacer triunfar sus propuestas ante la Asamblea Popular. Gran parte de los aconteceres históricos y políticos de este periodo, los conocemos gracias a los discursos de estos oradores. Algunos de los más conocidos eran Lisias, Isócrates y Demóstenes.

ARTES PLÁSTICAS

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Discóbolo de Mirón

En el paso de la época arcaica a la clásica, se rompe radicalmente con los cánones antiguos para darle tanto a la arquitectura como a la escultura una nueva estética. Todo cobra más sentido, más vida, empezando por las propias ciudades. El denominado “plano hipodámico” –trazo de las calles en cuadrícula- se generaliza como solución racional al problema de los espacios en las urbes y el templo alcanza unas cotas de perfección con el uso del nuevo estilo jónico que se impone en toda la arquitectura. El culmen de todas estas innovaciones lo tenemos en la Acrópolis de Atenas, donde se construye el imponente Parthenon bajo la dirección de Fidias.

El cambio en la escultura evidencia aún más esa ruptura. Se acaba totalmente con el convencionalismo y el hieratismo, liberando a las esculturas de su rigidez y dotándolas de una belleza ideal basada en unos determinados cánones. Ese nuevo ideal de belleza conseguía transmitir una serenidad y armonía sin precedentes. Los representantes de este arte que consiguieron a su perfección fueron Fidias (Zeus de Olimpia), Policleto (Doríforo), y Mirón (Discóbolo). Durante la siguiente centuria, escultores como Praxíteles, Lisipo o Escopas inician nuevas líneas de transición, que, sin romper con lo anterior, representan en las nuevas esculturas los gustos desarrollados por la sociedad griega en plena evolución.

En cuanto a la pintura, nos ha llegado a través de la cerámica y de las fuentes literarias, ya que no se han conservado restos de decoración pictórica en viviendas o templos, aunque sí conocemos el nombre de algunos de los pintores mas destacados como Apolodoro o Polignoto.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M. (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, Madrid,1986.

BRAVO, G., Historia del mundo antiguo, Crítica, Madrid, 2005.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, Madrid, 2011.

HIDALGO, Mª. J. – SAYAS, J.J. – ROLDÁN, J. M. (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Editorial Salamanca, Salamanca, 2005.

POMEROY, S., La antigua Grecia: historia política, social y cultural. Barcelona, Crítica, 2011

TOVAR, A., La decadencia de la polis griega, Fundación Pastor, Madrid, 1961.

VÁZQUEZ HOYS, A. Mª., Introducción a la historia antigua-II. El mundo griego. Tomo II. Simancas Ediciones, Madrid, 1993.

V.V.A.A. Historia de Grecia antigua, Madrid, Cátedra, 1989.

Pedro Aguado González

Iván Blanco Rodrigo

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Lucía Gaspar Morales

Rubén Rodríguez Galán

Francisco Tello Cobos

ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ÉPOCA CLÁSICA

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(Post pensado como recurso didáctico para el aprendizaje de Historia en la ESO)

Sociedad

En la sociedad griega no puede hablarse de “clase” social, pues este término solo puede aplicarse a las sociedades industriales, a partir del s. XVIII d.C. Además, en el caso de Grecia, tanto los hombres libres como los esclavos trabajaban codo con codo en las mismas actividades. Solo se diferenciaban en que el libre trabajaba para conseguir un beneficio para él mismo mientras que el esclavo trabajaba para que su dueño se quedase con parte de los beneficios.

La sociedad griega quedará entonces dividida en 3 grupos jurídicos: ciudadanos, no ciudadanos y esclavos.

Ciudadanos

El ciudadano nacía, no se hacía. O dicho de otro modo, una persona era ciudadana si al menos su padre era también ciudadano. En algunas ciudades como Atenas era necesario que ambos padres fuesen ciudadanos para que su hijo también lo fuese.

Los ciudadanos gozaban de todos los derechos del estado, pero tenían también ciertas obligaciones. En Atenas por ejemplo solamente los ciudadanos podían participar de la política, y solamente ellos podían comprar tierras. Solo en casos excepcionales se permitía a extranjeros comprar tierras, pero nunca participarían en la política. Entre las obligaciones de los ciudadanos estaba defender la ciudad ante el enemigo y participar obligatoriamente en la política.

La situación de la mujer en Grecia era especial. Durante toda su vida estaba sometida a la autoridad de algún hombre (padre, hermanos, marido…). Las mujeres, aunque ellas mismas fuesen ciudadanas, no tenían casi ninguno de los derechos que tenían los hombres. Solamente tenían un papel destacado en la educación de los hijos y en las fiestas religiosas. Había algunos casos en los que la mujer debía pedir permiso para salir de casa. Pero esto era en teoría, pues seguramente en la práctica la mujer podría actuar con más libertad. En el caso de Esparta, por ejemplo, las mujeres recibían educación y podían hacer deporte con toda naturalidad en el exterior.

No ciudadanos libres

Si un individuo no reunía los requisitos para ser un ciudadano, pasaba a una segunda categoría. Eran los periecos (en Esparta, Tesalia, Creta, Licia y algunas ciudades más) y los metecos (en Atenas). En el caso de los periecos, eran individuos de otras ciudades sometidos por una ciudad principal. En Esparta, los periecos eran los que trabajaban en las actividades que los ciudadanos tenían prohibidas: artesanía, campesinado, comercio, etc.

Los metecos, por su parte, eran considerados como extranjeros en Atenas. Tenían algunos derechos, pero no tantos como los ciudadanos. Además, debían pagar tanto los impuestos normales de la ciudad como otros especiales para extranjeros o metecos. No podían comprar tierras, así que se encargaban de la artesanía, el comercio, etc. Sin embargo, sí podían ayudar al ejército ciudadano en la protección de la ciudad y en la marina de guerra.

Esclavos

La situación de los esclavos no era igual en todas las ciudades griegas. En Tesalia eran denominados penestai, y eran desde esclavos asalariados a individuos que podían tener casi tanta riqueza como sus dueños. En el extremo opuesto están los hilotas espartanos. Estos esclavos pertenecían al estado, no a un individuo, y sus condiciones eran pésimas. Se les obligaba a trabajar el campo y eran maltratados continuamente para que perdiesen toda voluntad.

Como negocio, el comercio de esclavos era uno de los más rentables. Los esclavos costaban poco y se obtenían muchos beneficios por su venta. Su número en algunas ciudades, como Esparta, fue incluso mayor que el de los ciudadanos. El esclavo no tenía ningún tipo de derecho, y si pertenecía a una persona, ésta podía disponer de él como si fuese un objeto.

A pesar de que no tenían derechos, no todos los esclavos vivían igual. Había algunos casos raros como los de los hilotas espartanos, pero también había casos en que los esclavos vivían en sus propias casas y ganaban lo suficiente como para poder comprar su libertad algún día. Estos esclavos, una vez habían sido liberados, pasaban a considerarse periecos o metecos.

La economía

A pesar de que en el mundo griego encontramos distintas formas políticas que han llevado a historiadores a pensar en poleis eminentemente comerciales, todos los estados basaban su riqueza en la agricultura. La agricultura era la principal fuente económica, necesaria para que la comunidad subsistiera.

La tierra

La posesión de la tierra daba a la aristocracia prestigio social, al ciudadano le proporcionaba independencia económica y en algunos estados era requisito para ser ciudadano. En otros casos le evitaba tener que pasar por la vergonzosa situación de trabajar para otros o en otra actividad, como reflejan las comedias de la época.

Con el paso del tiempo, el exceso de población y la falta de terreno cultivable dificultaban el abastecimiento alimentario, empujando a algunas ciudades a desarrollar otras actividades complementarias como las comerciales y las artesanales, intercambiando en el exterior sus productos manufacturados por alimentos. También se incentivó monocultivos como la vid y el olivo destinados a la exportación, a cambio de importar principalmente trigo. La Guerra del Peloponeso destruyó estos cultivos, llevando a sus propietarios en numerosas ocasiones a tener que vender sus propiedades, a pesar de que Aristóteles afirmaba que la propiedad agrícola no se podía vender.

Más información:

http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/492.htm

La artesanía

La ciudad era el ámbito en el que se sitúa el origen y destino de la actividad exportadora; allí estaban las manufacturas artesanales y, a la vez, era el destino de los productos elaborados más complejos. La calidad de la artesanía mejoró con los contactos externos y con el gusto por la belleza de los griegos, surgiendo talleres especializados en productos para la gente acomodada y sobre todo para la exportación. Pero la mayoría de los talleres se situaban dentro del hogar, eran de pequeño tamaño, y en ellos trabajaba la familia y algún esclavo.

Entre los productos elaborados en los talleres artesanos destacan los cerámicos, presentes en casi todas actividades cotidianas como urnas funerarias, envases, decoración, etc. La cerámica de lujo, como la realizada en el Ática, fue la mercancía principal de la exportación, encontrándose en cualquier punto del Mediterráneo. La artesanía textil realizada en lino y lana alcanzó gran desarrollo, encontrando distintos niveles de calidad desde la utilizada en la vida cotidiana, hasta las telas de lana fina de Mileto o las túnicas de Amorgo.

Las minas eran propiedad del estado, arrendando su explotación a particulares que  utilizaban esclavos para su extracción. Son conocidas las minas de plata del  Laurión en el Ática, de vital importancia para la economía. Los productos metalúrgicos venían fabricándose en el entorno rural ante la necesidad de surtirse de herramientas y objetos para el campo. La Guerra del Peloponeso incentivó la fabricación de armas para la guerra como escudos, espadas, lanzas, armaduras, etc., adquiriendo esta actividad un enorme desarrollo, encontrando testimonios que afirman la existencia de talleres de escudos donde trabajaban ciento veinte esclavos.

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Carpintero de terracota, siglo V a.C.

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El comercio

En la Época Clásica, se comerciaba en el ágora o plaza pública de las ciudades. Los agricultores, artesanos y pescadores de la región llevaban sus productos a la ciudad más próxima para venderlos. También había tiendas permanentes donde se vendía productos comprados en otras zonas. Existían además intermediarios, que compraban productos a otras personas y los vendían por un precio más alto. Éstos tenían muy mala reputación entre la sociedad, porque eran de clase baja y porque a menudo ignoraban los reglamentos que trataban de imponer los empleados municipales.

En el siglo V a.C. hacía poco que se había empezado a usar la moneda para las compras, y todavía era muy frecuente el trueque, donde se intercambiaban unos productos por otros. En el siglo IV a.C., ya se utilizaba monedas para casi todas las operaciones comerciales.

Por otro lado, estaba el comercio entre ciudades-estado. Los estados no dirigían el comercio, salvo para asegurar que la población tuviera siempre suficiente cereal. En general, estaba a cargo de ciudadanos privados, que lo realizaban para enriquecerse. Por las muchas montañas que hay en Grecia, era muy difícil comerciar por tierra, ya que el transporte resultaba complicado. Sin embargo, algunos productos tenían que obtenerse del interior a la fuerza, como el mármol.

En la Época Clásica, Atenas era la mayor potencia comercial, y el puerto del Pireo era el más concurrido. Atenas comerciaba por mar con otras zonas del ámbito griego, como Asia Menor, los Balcanes o el Mar Negro, pero también con países más lejanos, desde Egipto hasta Italia. Los productos importados eran muy diversos, desde comida o minerales hasta las manufacturas de lujo.

Para abastecerse de cereales, el estado ateniense aseguraba el comercio con el Bósforo, Egipto y Sicilia. Otras importaciones muy importantes eran el cobre y la madera, que servían para fabricar armas y barcos, y mantener la supremacía de Atenas. El cobre provenía de Chipre, y la madera de regiones cercanas como Macedonia o Tracia.

Atenas también exportaba productos a muchas otras regiones. Entre estos productos había manufacturas, como armas o cerámica, y materias primas de todo tipo, desde aceite hasta plata.

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Dinero y finanzas

A pesar del gran volumen mercantil en la Grecia clásica, ninguna ciudad-estado alcanzó la  categoría de auténtica potencia comercial. Atenas, la ciudad más desarrollada económicamente, tenía un sistema financiero rudimentario e inadecuado. La debilidad de las instituciones financieras, la poca cobertura de las inversiones, y las escasas leyes comerciales internacionales, fueron la causa de que las instituciones de crédito no alcanzaran todo su potencial.

El dinero cumplía el papel de instrumento de cambio, y también de generador de riqueza. Sin esta función de crear riqueza, las actividades artesanales y comerciales de los estados griegos se hubieran contraído aún más. En el comercio marítimo, podía haber préstamos sobre las mercancías o sobre la nave, o bien sobre ambas. Sin embargo, si la mercancía se iba a pique, el prestamista no tenía ningún derecho a reclamar la suma prestada, y lo perdía todo.

Los estados griegos no realizaban un balance general de ingresos y gastos con el que tener una mínima planificación económica, ya que por definición vivían al día. Había contabilidad de ingresos y gastos, puesto que, al menos en los estados democráticos, había que rendir cuentas de ellos. El problema era que esos servicios estaban gestionados por organismos administrativos independientes que no estaban coordinados. Cuando los ingresos superaban a los gastos, lo normal era repartir el beneficio entre los ciudadanos, consumirlo en donaciones religiosas o dedicarlo a gastos suntuarios. Hubo excepciones, como cuando los atenienses descubrieron las minas de oro de Laurión. Entonces, por consejo de Temístocles, en lugar de repartir el beneficio entre los ciudadanos, construyeron una flota que sería la columna vertebral del poderío ateniense.

En el caso de Atenas lo más parecido a un fondo de reserva eran los tesoros de Atenea y de la Liga Ático-Délica en la Acrópolis, de los que en situaciones límite se tomaban préstamos que posteriormente se devolvían con intereses. Ya en vísperas de la Guerra del Peloponeso, Atenas tenía una reserva de 6.000 talentos (unidad de medida equivalente a 26 kg de plata); pero los gastos, sobre todo del ejército, eran muy importantes. Para cubrirlos, la ciudad tenía ingresos directos sobre importaciones y exportaciones, además de los tributos que pagaban los aliados, a lo que habría que sumar los beneficios que daban los arriendos de las minas de Laurión.

Había también impuestos anuales a los metecos, sobre los derechos del puerto, los mercados, o los tribunales. Además estaban los impuestos indirectos sobre las mercancías. En el caso de Atenas era el llamado impuesto de la quincuagésima, que proporcionaba al fisco ateniense unos ingresos de  2.000 talentos anuales.

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Moneda ateniense, 449 a.C.

Bibliografía

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Historia de Grecia en la antigüedad, Madrid: Akal, 2011.

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua I. Grecia,  Barcelona: Vicens Vives, 2004

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca, Ed. Salamanca, 2005.

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

Borja Zubizarreta Murado

LOS TIRANOS DE SIRACUSA

Los griegos de Occidente en la primera mitad del siglo IV a.C.

Cuando hablamos de la Hélade solemos identificarla con el espacio geográfico que se extiende desde Grecia central hasta el Peloponeso, incluyendo por supuesto las numerosas islas del mar Egeo. Pero es necesario insistir en que la historia de Grecia incluye también todas las tierras que quedan bajo influencia helénica, es decir, las distintas naciones con las que comercia y las incontables factorías comerciales y colonias que fundan las distintas polis griegas.

La vía marítima es tradicional en el mundo griego, por lo que han pasado a la historia como grandes comerciantes, al igual que los fenicios. Esta opción de la salida al mar en busca de nuevos recursos agrícolas, metales y materias primas en general, se debe principalmente a diversos factores: la pobreza en algunos casos del suelo cultivable, la presión demográfica en momentos de desarrollo y bonanza económica y, por último, la necesidad de la pequeña aristocracia y de sectores de la ciudadanía libre, de buscar el éxito fuera de las ciudades griegas, monopolizadas en exceso por la vieja aristocracia terrateniente.

A su vez, este proceso favorecerá el desarrollo de la “industria naval” necesaria para la navegación y la apertura de nuevos mercados, en los que los colonos darán salida a las manufacturas realizadas en la metrópoli.

Hemos de tener en cuenta que el proceso colonizador es amplio en el tiempo. Se origina en los siglos X-IX a.C., intensificándose en el siglo VIII a.C. En muchas zonas aparecen verdaderas comunidades que, si bien mantendrán relaciones con sus antiguas metrópolis, se mezclarán con el elemento indígena desarrollando gobiernos autónomos con asambleas y formas políticas propias, imitando el modelo griego. Una de estas zonas será el sur de la península itálica (la Magna Grecia) y las principales islas mediterráneas que la rodean (Córcega, Cerdeña y Sicilia), con ciudades como Siracusa, Mesina, Leontini, Regio y otras muchas. Su crecimiento y desarrollo será mayor en ciertos momentos que el de las ciudades de la Grecia continental, jugando un importante papel en la política helénica.

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Por ello las convulsiones que se producen en el Peloponeso en el siglo IV a.C. afectarán también a los griegos de Occidente. La situación de los griegos de Sicilia tras la pérdida de hegemonía ateniense será tensa y problemática. Las polis sicilianas chocan entre sí por el control de sus fronteras y por el deseo común de extender un poco más la línea de su territorio frente a las polis vecinas. Además se ven acuciadas por la amenaza de conquista de Cartago, que era en este momento el estado más poderoso del Occidente mediterráneo.

Siracusa tenía un papel preponderante sobre los demás, era el peso fuerte de los griegos sicilianos. Desde 408 a.C. venía enfrentándose a los cartagineses sobre el control de algunas ciudades, disputa que pareció decidirse a favor de los invasores con la toma de Acragante. Este hecho fue sentido entre los griegos como una gran derrota moral, y se culpó a los estrategos de los errores cometidos.

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Dionisio I el Viejo

Fue entonces cuando comenzó a oírse la voz de Dionisio, un joven oficial que había combatido en la guerra contra Cartago. Muy populista, hizo regresar a los desterrados, alentó las ejecuciones de estrategos y terratenientes y finalmente convenció a sus conciudadanos de nombrarle autocrator, un título que le permitía ejercer el poder de manera personal y convertirse en un tirano al modo griego. Dionisio firma la paz con Cartago, reconociendo todas sus conquistas y perdiendo cualquier oportunidad de controlar grandes áreas de la isla, pero gana unos años de tranquilidad que empleará en construir su régimen de poder.

Sicilia ya había conocido las tiranías unas décadas atrás, pero estas no habían “convencido” a la población y los tiranos habían actuado de una forma políticamente mediocre. Frente a ellos Dionisio es, por su fuerte personalidad, uno de los mejores prototipos de tirano griego: confisca y redistribuye tierras entre los pobres; vive en una fortaleza rodeado de mercenarios celtas, campanos e iberos; convierte a los esclavos de la clase alta en ciudadanos para tener un apoyo civil; recompensa con creces a los militares para no perder su apoyo; y mantiene las instituciones anteriores para evitar la apariencia de tiranía. Su figura recuerda también a la de los futuros monarcas helenísticos, rodeado de una fastuosa corte, creando un poder familiar y absolutista, y destacando sobre  todas sus facetas la militar.

Con el objetivo de defender la ciudad, Dionisio ordena construir un amplio cinturón defensivo de fortificaciones con largas murallas y repara los puertos. Al mismo tiempo crea una inmensa flota de barcos y fortalece enormemente el armamento del ejército.

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Siracusa bajo Dionisio I

Desde 398 a.C., Dionisio se enzarza en dos campañas contra los cartagineses de las que sale victorioso, logrando que Siracusa controle toda la isla de Sicilia salvo el punto más occidental. Con el dominio sobre la isla, Dionisio da el salto a la Península Itálica y ocupa varias zonas de la Magna Grecia, llegando a derrotar a la liga Italiota. Más tarde, se lanza a través del Tirreno ocupando las islas Lípari, algunos enclaves estratégicos, Córcega y Etruria; y también por el Adriático, donde crea numerosas factorías comerciales. Mantiene además otro conflicto con Cartago, poco conocido por los historiadores, que,  parece, no tuvo un resultado favorable.

En su largo mandato como tirano, Dionisio mantuvo un estrecho contacto con las polis de la Grecia continental, especialmente con Esparta. Participó de las guerras libradas en el Peloponeso, en la fundación de colonias y en el culto de los grandes santuarios panhelénicos como Delfos.

A su muerte le sucedió su hijo Dionisio II, bajo la influencia de su tío materno Dión. Este era amigo del célebre filosófo Platón, a quien los siracusanos invitaron para que les explicase y ayudase a poner en práctica su ideal de estado. Tras circular el rumor de que Dión en realidad quería hacerse con el poder, fue desterrado.

Dionisio II adoptó una política moderada pero no supo entender las complicadas relaciones internacionales de la época. En 345 a.C. se vio atacado por sus enemigos políticos sicilianos, ayudados por corintios y cartagineses. Finalmente fue derrocado y Timoleón, un general al mando de las tropas corintias, adquirió todo el protagonismo. Expulsó a los cartagineses, eliminó todas las tiranías e instauró sistemas a medio camino entre la oligarquía y la democracia. Renunció al poder para no caer de nuevo en sistemas absolutistas de poder y vivió en Sicilia hasta su muerte. El camino de Sicilia continuaba sin tiranías, a la sombra de una creciente ciudad-estado latina que había comenzado a expandirse, Roma.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J. M., LÓPEZ MELERO, R., SAYAS, J., Historia de Grecia antigua, ed, Cátedra, 1989, Madrid.

BRAVO, G; Historia del mundo antiguo: una introducción crítica, ed. Alianza, 2005, Madrid.

CHAVES TRISTÁN, F; Griegos en Occidente, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 1992.

FERNÁNDEZ NIETO, F. J.; Grecia en la primera mitad del siglo IV a.C., Ed. Akal, Historia del Mundo Antiguo, 1989, Madrid.

            Pedro Aguado González

                        Delia Egea Gómez

                        Manuel García Salazar

                        Rubén Rodríguez Galán