La decadencia de la polis. Conflictos internos griegos en la primera mitad del siglo IV a.C.

La devastación que sufrieron las polis griegas tras la Guerra del Peloponeso marcó la situación del Ática para el resto de sus días. La derrota de Atenas vino acompañada de la perdida de su Imperio, de los suministros y del control de las rutas de navegación. El saqueo del territorio, por parte de la victoriosa Esparta, trajo consigo la destrucción de cultivos y la escasez de alimentos. A todo ello se sumo la peste, que agravó la situación y diezmó a la población. Por su parte, Esparta, pese a la victoria económica, sufrió la pérdida de la mayoría de sus ciudadanos hoplitas. Tesalia, casi ajena al conflicto bélico, fue la gran superviviente. Y en el caso de Beocia, hasta ese momento bloqueada por la fuerza ateniense, se fortaleció y resurgió con Tebas a la cabeza.

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Reparto del poder de las polis y sus alianzas

Una de las consecuencias del conflicto es el surgimiento de una intensa profesionalización del ejército debido a que, por primera vez, durante el enfrentamiento, necesitaban de profesionales preparados. Otra fue la intensificación del uso de mercenarios, incluso de la propia Atenas. Además, por la derrota ateniense, la democracia perdió credibilidad. Comenzaron a platearse un amplio abanico de nuevas opciones políticas, desde la realeza hasta nuevas formas de tiranía. Los regímenes oligárquicos impuestos por Esparta resultaron opresivos. Al final, resurgió la monarquía como el mejor sistema político.

Atenas y el gobierno de los Treinta Tiranos

Tras la capitulación de Atenas, regresaron los exiliados y se unieron con los oligarcas en torno a Critia. Intentaron convencer al pueblo para introducir cambios drásticos a fin de volver a la “constitución heredada de los padres”. Bajo el amparo de Lisandro, general espartano, lograron crear un comité de treinta miembros que se encargase provisionalmente del gobierno, mientras redactaban una nueva constitución. Es el conocido como gobierno de los Treinta Tiranos (404 – 403 a.C).

Durante estos años desarrollaron un gobierno autoritario. Crearon el consejo de los Once, encargado de las prisiones y las ejecuciones, anularon los tribunales populares, solicitaron de Esparta la presencia de una guarnición militar y recortaron el número de ciudadanos a solo tres mil hombres. Promulgaron una nueva ley que les permitía condenar a muerte y confiscar los bienes a cualquier ateniense fuera de los Tres Mil. Muchos extranjeros enriquecidos fueron condenados y perdieron sus posesiones.

En Tebas, se reunió un grupo de exiliados al mando de Trasíbulo, que ocupó la ciudad de Files en el Ática. El ataque ateniense contra ellos fracasó y fueron creciendo en número. En una nueva confrontación se enfrentaron exiliados y atenienses, ésto supuso un desastre para los Treinta Tiranos, causando numerosas muertes, entre ellas la de Critias.

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Jenofonte, fuente principal para el conocimiento de la época

 

La situación era políticamente confusa. Finalmente se dio por acabado el régimen de los Treinta Tiranos, refugiados en Eleusis. Los demócratas fueron ayudados por Tebas y los oligarcas recibieron de nuevo el apoyo de Lisandro. Por temor a las actividades del general, el rey espartano Pausanias y los éforos buscaron una reconciliación de todos los atenienses. Se decretó así una amnistía general para los Treinta Tiranos y sus colaboradores más cercanos. Además, fueron recuperadas algunas de las viejas costumbres democráticas, tales como la elección de los miembros de la Boulé o asamblea.

La fuerza espartana y el oro persa

Tras finalizar la Guerra del Peloponeso, las esperanzas de las ciudades en un cambio político se desvanecieron rápidamente. La irreductible urbe, Esparta, se erigió como la nueva cabeza hegemónica de las ciudades helénicas, quedando subordinadas éstas bajo unas fuertes medidas de presión ejercidas por la urbe lacedemonia.

En el transcurso de la guerra, Esparta recibió ayuda persa a cambio del reconocimiento de la soberanía sobre las ciudades de Asia Menor, pero aprovechándose de la confusión de los últimos compases del conflicto, consiguieron ejercer como contrapeso de poder contra su propio aliado oriental. Poco a poco, ambos entraron en un pulso de poder como potencias hegemónicas que eran. Esparta estaba decidida a arrebatarle el control de las ciudades de Jonia, para continuar con su hegemonía también en el mar y crear una barrera contra la amenaza persa,  pero necesitaba un pretexto adecuado. Y éste llegó tras la batalla de Cunaxa, cuando el rey Tisafernes reemprendió las hostilidades contra las ciudades jonias para hacer efectivo su control sobre ellas. La reacción espartana no se hizo esperar, y aunque el envió de efectivos no fue muy numeroso, el acto en sí encerraba mucho simbolismo: Esparta estaba decidida a plantar cara a los persas.

Después de la subida al trono de Agesilao en 397 a.C., en medio de conjuras y grandes tensiones sociales dentro de la propia sociedad espartan,a originadas en la última guerra, se reemprenden las campañas en Asia Menor, marchado de nuevo el propio rey, a la cabeza de su ejército, contra las tropas persas de Tisafernes, y obteniendo una gran victoria en la batalla de Sardes. Tras la derrota, los persas, desesperados, intentaron negociar una paz con Esparta, que el propio rey rechazó animado por sus victorias, continuando con la campaña. Como por medio del camino militar los persas no veían solución a corto plazo, pusieron en funcionamiento toda su maquinaria diplomática, optando por la táctica de alimentar el sentimiento anti espartano en la propia Grecia: ríos de oro persa fluían por todas las ciudades griegas, en especial hacia Atenas, rival tradicional de Esparta en el continente.

La Guerra de Corinto

En virtud de ello, los acontecimientos se precipitaron, y un hecho hizo que se desencadenaran: el apoyo tebano a la invasión de los locrios. Esparta, sumergida en sus campañas orientales, intentó por todos los medios evitar el enfrentamiento directo, pero no lo logró y finalmente tuvo que intervenir. Atenas aprovechó la coyuntura para aceptar la propuesta de amistad de Tebas, y romper así con su aislamiento político y militar de los últimos años, uniéndose a una nueva alianza anti espartana. Esta coalición logro la victoria sobre los ejércitos espartanos, y con su eco llegando a todos los rincones de la Hélade, no tardaron en unirse a este pacto enemigos de Esparta como Argos o Corinto, creándose así la denominada “Cuádruple Alianza”, a la que se seguirían uniendo muchos territorios y regiones griegas.

Se establecieron tropas aliadas en el istmo de Corinto, bloqueando de esta manera las fuerzas espartanas y de sus aliados, ante lo cual Agesilao no pudo retardar más su regreso a casa. Antes del regreso de su rey, los ejércitos espartanos estaban decididos a romper el bloqueo al que estaba siendo sometidos, y plantaron feroz batalla en Nemea, donde obtuvieron una gran victoria. El rey, con la llegada de estas noticias y animado por el triunfo de sus compatriotas, cruzó la llanura de Tesalia rápidamente y tuvo lugar el enfrentamiento en Ceronea (394 a.C.), de donde salió vencedor. Una victoria poco trascendente, ya que no alcanzó su objetivo de romper el cerco y no tuvo más remedio que regresar a su patria por mar.

Mientras tanto, los persas habían estado ocupados. Aprovechando el tiempo entre la batalla de Cunaxa y la vuelta de los espartanos a su tierra, habían creado en secreto una poderosa flota que pusieron bajo el mando de Conón, exiliado ateniense en Chipre, que infligió una durísima derrota sobre la espartana en Cnido, que acabado con la efímera hegemonía naval espartana. El avance por mar fue rápido, expulsando de numerosas islas y ciudades jonias las guarniciones espartanas que las guardaban, hasta tal punto que tropas persas amenazaban de cerca a la mismísima ciudad de Esparta: los orientales habían recuperado la impunidad con la que antaño se movían por el Egeo. Conón arribó a Atenas respaldado por esta poderosa flota, iniciándose así la reconstrucción de los Muros Largos y el reforzamiento defensivo de Atenas.

La lucha de Esparta y Tebas por la hegemonía

Ante la caótica situación, Esparta intento atraerse de nuevo el favor de los que habían sido sus aliados no hace mucho tiempo, ofreciendo de nuevo como pago la soberanía sobre las ciudades de Asia Menor. Pero las preferencias del nuevo mandatario persa, Estrouses, se decantaron por continuar con la ayuda a la Cuádruple Alianza, motivo por el cual la guerra se alargó durante otros diez largos año.

Esto no fue nada beneficioso para Atenas, ya que no contaba con una base económica robusta y fuerte para poder acometer este tipo de empresas, y menos después de que el flujo de oro persa desapareciera. De nuevo las volátiles relaciones de “amistad” con los orientales no tardaron en cambiar de signo, hacia Esparta, la cual, tras entablar conversaciones con el Gran Rey, y bloquear la llegada de suministros a través de los estrechos a Atenas con su escuadra, propuso una paz (Paz del Rey, 388-387 a.C.), a la que Atenas y sus aliados no pudieron oponerse. Una paz humillante que no será sino el germen de otro futuro conflicto.

De nuevo, todo comenzó cuando Esparta, animada a extender su sombra hasta el norte de Grecia, acudió en socorro de las ciudades calcídicas que solicitaron su ayuda contra Olinto. De camino hacia esa guerra, no dudaron en dejar una pequeña guarnición en Tebas que ayudo a la facción pro-espartana a hacerse con el poder. Este golpe de Estado no había sido reflexionado en toda su profundidad y consecuencias, ya que, los aliados, que esperaban la más mínima excusa para levantarse, alegaron que se había socavado injustificadamente el principio de autonomía y libertad de una ciudad, principios de los que Esparta era abanderado y principal valedor y defensor. Atenas inició una gran acción diplomática, creando una tupida red de relaciones bilaterales que darán origen a la “Segunda Confederación Ateniense Marítima” (377 a.C.), y junto a Tebas, declararan la guerra a Esparta.

Se inicia aquí una lucha por la hegemonía de la Hélade a tres bandas: los tebanos por un lado querían reconstruir la Liga Beocia, los atenienses extender todo lo posible su radio de influencia y los espartanos acabar con ambas confederaciones. En esta guerra a tres, Esparta salió muy mal parada, sufriendo sendas derrotas militares en Tegira y posteriormente en el mar, frente a las costas de Naxos frente a la flota ateniense. Pero vencido el principal enemigo, no tardaron en aparecer tensiones entre los propios aliados, y los tebanos, como medidas de advertencia, destrozaron las murallas Tespias y arrasaron Platea. Atenas se vio empujada a firmar la paz con Esparta, en la cual se reconoció la hegemonía espartana en tierra y la ateniense en mar. Las exigencias y demandas tebanas fueron desestimadas. Esparta decidió unilateralmente atacar Beocia y someter personalmente a Tebas, pero no fue sino otro fallo de cálculo: las poderosas y orgullosas tropas espartanas fueron masacradas en Leuctra, un desastre de enormes proporciones que trajo la deshonra y la desgracia de la urbe descendiente de Hércules.

Los tebanos tienen el poder

El éxito de Epaminondas en Leuctra sobre el ejército espartano acabó con la legendaria imbatibilidad en combate de los lacedemonios. A partir de aquí, Tebas iniciará una fase de afianzamiento de su posición en la Confederación Beocia, a la vez que contarán con la creciente influencia de sus aliados del norte, los tesálicos, que bajo Jasón extenderán su dominio sobre Grecia central.

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Epaminondas

 

Muchas ciudades comenzaban a ver en Tebas y la Liga Arcadia un nuevo protector, y aumentaron las reivindicaciones autonomistas en contra de Esparta y Atenas, potencias cuya posición estaba muy debilitada social y económicamente debido a las guerras continuas. La confianza tebana estaba tan alta que Epaminondas se atrevió incluso a lanzar un ataque directo sobre Esparta, que no obtuvo éxito, pero sirvió para liberar Mesenia, la eterna rival de Esparta. El gran estrategos tebano lanzó un segundo ataque en 370 a.C., pero los lacedemonios recibieron ayuda ateniense en forma de naves y mercenarios, con lo que consiguieron salvar la situación.

A la vez que Epaminondas atacaba Laconia, su compatriota y compañero sentimental, Pelópidas, atacó Tesalia y Macedonia para aumentar el poderío tebano en el norte. Esta constante situación de guerra impactó de manera negativa en la sociedad helénica, que no encontró salida en los congresos de paz de Delfos ni en los de Tebas.

La tensión general se extendió entre los miembros de la Liga Arcadia, quienes se fueron alineando del lado de Tebas por un lado, y de Esparta y Atenas (unidas para contrarrestar el poder tebano) por otro. El desenlace será la batalla de Mantinea en 362 a.C., que si bien es favorable a Tebas y sus aliados tesalios y beocios, sufrirán el duro revés de perder a su líder político y militar, Epaminondas.

A partir de esta lucha se alcanza en Grecia una paz general en la que Esparta se negará a participar debido a su orgullo. Las potencias de Grecia central y el Peloponeso necesitarán de tiempo para recuperarse, y es aquí cuando el protagonismo pasa a las emergentes ciudades del norte de Grecia, Macedonia se alzará entre todas ellas.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, 1986,Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, 2011, Madrid.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Salamanca, 2005, Salamanca.

TOVAR, A; La decadencia de la polis griega, 1961, Fundación Pastor, Madrid.

 

Pedro Aguado González

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Rubén Rodríguez Galán

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