El ascenso de Macedonia

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En los confines de la civilización

Lejos en el Norte, más allá de las fronteras de lo que los griegos conocían como “mundo civilizado”, se encontraba el reino de Macedonia. Era una tierra dura, salvaje, aunque rica en recursos, con frondosos bosques, praderas aptas para el cultivo de cereales, llanuras para la ganadería e incluso minería. Sus habitantes, aunque se consideraban griegos, eran vistos por los demás griegos como un pueblo casi bárbaro, con costumbres extrañas y anticuadas como la monarquía.

Sin embargo Macedonia, a comienzos del siglo V a.C., era el más extenso de los estados griegos. Este reino se caracterizaba por la falta de cohesión y estabilidad política. Además estaba habitualmente sometido a invasiones, especialmente por parte de tracios (Este) e ilirios (Oeste).

Los reyes del Norte

Desde principios del siglo VII a.C., Macedonia estaba gobernada por la dinastía Argéada, así llamada porque tenía sus orígenes en la ciudad de Argos. Estos reyes no habían conseguido poner fin a las disputas internas, principalmente porque los aristócratas locales rechazaban su poder, mientras los mismos miembros de la familia real se enzarzaban en intrigas que desestabilizaban la monarquía.

Durante la primera mitad del siglo V a. C., el trono de Macedonia lo ocupó Alejandro I (498-454 a.C.), hijo de Amintas I. Alejandro fue un rey hábil, que se centró en la reforma del ejército macedonio, fortaleciéndolo para ayudar así a la posición de su reino en el marco de Grecia. Durante las Guerras Médicas, Alejandro se mantuvo al margen, pero consiguió ser el primer monarca macedonio invitado a unos Juegos Olímpicos, lo que era un importante paso hacia la legitimación de su estado como parte de Grecia.

Tras la muerte de Alejandro, sin embargo, volvió la inestabilidad, y sus tres hijos comenzaron una dura lucha por el poder. Fue Perdicas II (454-413 a.C.) el que consiguió hacerse con el trono, eliminando a sus hermanos en 448 a.C. Estableció una confederación de ciudades para detener el avance en la zona de Atenas, que había aprovechado las disputas fratricidas para extender su influencia. Al igual que su padre, Perdicas se valió de la diplomacia para evitar entrar en la Guerra del Peloponeso.

Fue sucedido por su hijo Arquelao I (413-399 a. C.), del que Tucídides dijo que “organizó sus fuerzas para la guerra con mayor número de caballos, armas y recursos que el que tuvieron juntos los otros ocho reyes que le habían precedido.” (Libro II, 100) Efectivamente, fortificó el reino y convirtió Pella, la capital, en un destacado centro cultural. Estableció una alianza con Atenas, pero ésta se estaba deshaciendo cuando Arquelao fue asesinado durante una cacería.

Tras unos años de anarquía, subió al trono definitivamente Amintas III (392-371 a.C.). Este monarca consiguió detener la invasión del rey vecino Bardilis y, con ayuda de Esparta, recuperó todo el reino de Macedonia. A Amintas le sucedió su joven hijo Alejandro II (371-369 a.C.), que fue asesinado por el aristócrata Ptolomeo de Aloros. Este individuo se autoproclamó regente debido a la corta edad del hermano de Alejandro, Perdicas III.

Cuando creció, Perdicas III liquidó a Ptolomeo en 368 a.C. y se convirtió en el nuevo rey. Consiguió una nueva alianza con Atenas para devolver la unidad a su reino y recuperar la estabilidad. Sin embargo, las hostilidades con Bardilis se reanudaron y Perdicas murió en combate en 359 a.C.

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Dinastía argéada

A rey muerto, rey puesto

La muerte del rey Perdicas III dejó a Macedonia inmersa en conflictos internos y externos. Las fuentes históricas con las que contamos no ofrecen una visión clara de la forma en que accedió al trono su hermano Filipo entre varios pretendientes apoyados por las potencias fronterizas. Conocemos por algunos historiadores que la corona se conseguía por elección entre los nobles, o por aclamación en el campo de batalla tras una victoria. Otros historiadores afirman que Filipo logra huir de Tebas, donde era rehén, para luego ocupar la regencia de su sobrino. Posteriormente sería aclamado rey en el campo de batalla en el 356 a.C.

Cuenta Plutarco que Filipo II se formó militarmente en Tebas. Las enseñanzas militares se tradujeron en unas novedosas tácticas militares, con las que Macedonia alcanzaría durante su reinado una inmensa expansión territorial. El cuerpo de caballería, que ya había demostrado su agilidad en el combate, se complementó con una falange con soldados de infantería ligera armados con sarisai, picas de más de cinco metros de longitud que en formación suponían una barrera infranqueable. En la Asamblea de los soldados se discutía las decisiones a tomar, así como el reparto del botín.

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Filipo

 

Basándose en su poderosa maquinaria militar, Filipo eliminó la amenaza exterior expulsando a los ilirios, instalados en su territorio desde la muerte de Perdicas. La amenaza interna la resolvió sometiendo definitivamente a las demás dinastías de Macedonia reacias a la autoridad de los Argéadas. Estas medidas fortalecieron la autoridad real necesaria para emprender nuevas empresas.

El siguiente objetivo de Filipo se situó en Anfípolis, ciudad cedida a los atenienses en el inicio de su reinado para eliminar parte de los problemas sucesorios citados. Una vez consolidada su corona, maniobró a dos bandas firmando alianzas con los atenienses y los olintios, recuperando Anfípolis y Pidna.

El momento para realizar la conquista de Anfípolis y Pidna fue el idóneo para los intereses de Macedonia. La Segunda Confederación Ateniense se mostró incapaz de responder a los macedonios. A la tormentosa vida política que vivía su principal miembro, Atenas, se sumaron las defecciones de parte de los miembros, hecho que se transformó en hostilidad abierta en la llamada Guerra Social o de los Aliados.

Para saber más: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/502.htm

La Tercera Guerra Sagrada

La tercera guerra sagrada fue un conflicto inicialmente insignificante, que degeneró en una guerra generalizada en toda Grecia.

Los focidios eran enemigos de los tebanos y de los habitantes de Delfos. Tras la batalla de Leuctra (371 a.C.), los focidios se vieron sometidos por los tebanos, ya que Tebas aprovechó su mayoría en la anfictionía (alianza religiosa y política en torno a un santuario) para imponer multas exageradas a los focidios. Éstos se negaron a pagar y, bajo el mando del general Filomeno, ocuparon Delfos.

Onomarco, sucesor de Filomeno, se enfrentó a varias ciudades tesalias. Ante esta amenaza estas poleis pidieron ayuda a Filipo, rey de Macedonia. Filipo envió ayuda a los tesalios, pero fue derrotado dos veces por Onomarco tuvo que retirarse Macedonia.

Filipo que no podía permitir este desafío a su autoridad y volvió a  la batalla al año siguiente, en 352 a.C. Esta vez Filipo consiguió derrotar a Onomarco, tomándose cumplida venganza. Arreglada la cuestión tesalia, Filipo volvió a la Focide, pero los atenienses le obligaron a retirarse.

Después de Tesalia, macedonios y atenienses, se enfrentaron por Tracia, que dividida en tres reinos, favorecía los intereses de ambas potencias.

En ese momento Filipo atacó uno de los tres reinos tracios, el gobernado por Quersobleptes. Tras este ataque Atenas vio peligrar sus cleruquías (un tipo de colonia ateniense) en la región. Como consecuencia, el influyente orador Demóstenes lanzó su primera arenga contra el rey de Macedonia, iniciando las famosas filípicas, a pesar de las cuales, los resultados bélicos fueron escasamente favorables a Atenas.

Para saber más: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/503.htm

La Paz de Filócrates

Los Olintios, sintiéndose amenazados, solicitaron ayuda a Atenas. La asamblea ateniense aprobó el envío de tropas en el 349 a.C. Pero en ese preciso momento se produjo la sublevación de la isla de Eubea, miembro de la anfictionía de Delfos, tras la cual no es improbable que estuviera la larga mano del rey de Macedonia. Mientras los atenienses reprimían el levantamiento, la ciudad de Olinto era destruida por los macedonios y sus habitantes eran vendidos como esclavos.

Filipo, en posición de fuerza, ofreció una paz a Atenas que era ventajosa para ambas partes en 346 a.C. Con la firma de este tratado se mantenía el statu quo, aunque Filipo se reservaba el derecho de solucionar el problema de la Fócide. Tras arrasar la Fócide, Filipo obtuvo el derecho a presidir los juegos píticos celebrados en Delfos.

Para saber más: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/505.htm

Filipo en Tracia

La Paz de Filócrates había logrado el cese de las acciones armadas, pero no había calmado los ánimos en absoluto. Filipo desconfiaba de las intrigas de Atenas, y temía un posible acercamiento entre esta ciudad ática y Persia.  Ante esta posibilidad, el rey macedonio envió un emisario para revisar el tratado de paz y de paso espiar las posibles maniobras de Atenas. Las negociaciones fueron un fracaso, pues cada parte desconfiaba de las intenciones de la otra.

Sin embargo, Filipo tenía otros frentes abiertos. Para extender su dominio, en 342 a.C. inició una campaña sobre el Danubio hacia el Quersoneso, muy cerca de los intereses atenienses en Tracia. Ante este avance, Atenas lanzó una “campaña preventiva” sobre Cardia, aliada de Macedonia. La campaña, lejos de cumplir objetivos militares, se dedicó a la piratería y el saqueo de esta región, enfureciendo al rey macedónico. Con este gesto Atenas pretendía mostrar que no temía a Filipo, además de enviar un claro mensaje al rey: si Macedonia avanza, Atenas iría a la guerra. Filipo captó el mensaje, pero atacó igualmente. Atenas no tuvo entonces más remedio que declarar la guerra, algo que por otra parte nadie había tratado de evitar.

Queronea

Los dioses le fueron propicios a Filipo y le brindaron la excusa perfecta para intervenir a fondo en los asuntos de Grecia. Aprovechando las continuas intrigas dentro de la liga de Delfos y que Filipo controlaba gran parte de los votos de la misma, el monarca se nombró a sí mismo juez en las disputas. Tras formar un ejército, se dirigió al corazón de Grecia para solucionar una disputa en la ciudad de Antissa.

Ante esta amenaza Tebas asaltó la fortaleza de Nicea, en las Termópilas, con la intención de frenar el avance macedónico. Los tebanos pretendían imitar la gesta de Leónidas cien años atrás, pero Filipo no era Jerjes. Aprovechando una ruta interior, el ejército macedónico se presentó en Beocia. Los atenienses, conscientes de esta amenaza, formaron una desesperada alianza junto a un gran número de ciudades entre las que destacan Mégara, Corinto y Tebas. En el pasado, una alianza similar derrotó al imperio persa y los aliados tenían la esperanza de que así sería de nuevo. En 338 a.C. los griegos lucharon por última vez unidos bajo una misma bandera en la llanura de Queronea.

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Pero el dios de la guerra sonreía a Filipo. Gracias a una brillante maniobra, Filipo derrotó completamente al ejército griego, capturando un gran número de atenienses. En esta misma batalla comenzó a ascender la figura de un joven príncipe macedónico al mando de la caballería. Su nombre, Alejandro, el tercero de su nombre, de la casa Argéada.

En Atenas se respiraba el miedo, pues se encontraban a merced del rey y sin nada con qué negociar. Sin embargo, Filipo actuó con moderación y magnanimidad. En vez de actuar como en otro tiempo habría actuado Atenas, el rey decidió liberar a los cautivos y devolver a sus caídos. Filipo ofreció también una muy generosa paz a Atenas, algo que nunca habrían sospechado en la capital ática. Además de conservar su democracia, Atenas mantendría también algunas colonias y gestionaría el santuario de Delos. Tebas por su parte no salió tan beneficiada, pero aún así la liga Beocia no fue disuelta.

Para saber más: http://www.artehistoria.jcyl.es/v2/contextos/507.htm

Congreso de Corinto

En 337 a. C. se reúnen en Corinto todas las ciudades griegas excepto Esparta, molesta por la invitación a sus archienemigos los mesenios. En este congreso se nombró a Filipo jefe supremo de un ejército que sería enviado al Este, a fin de liberar las ciudades griegas de Asia Menor y vengar las ofensas persas.

Diez mil hombres, al mando de los generales Parmenio y Atalo, cruzaron el Helesponto, donde fueron recibidos como libertadores en Éfeso y Quíos. En Persia ya se preparaban para la guerra. Los planes de Filipo estaban hechos, el tablero dispuesto y los jugadores preparados. Sin embargo, el destino se interpuso entre Filipo y la gloria. Durante las bodas de Cleopatra, hija del monarca, un noble de nombre Pausanias apuñaló al rey en un costado. Este fue el fin de Filipo II, rey de los macedonios.

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El reino de Macedonia a la muerte de Filipo

Epílogo

Filipo había revolucionado tanto la política como el arte de la guerra. No solamente fue un hábil político, sino que supo incorporar a su ejército mejoras con las que conseguía ventaja frente a sus adversarios. Gracias a su obra, por primera vez Grecia fue unificada, imponiendo su voluntad sobre las ciudades-estado. Desde su morada a la sombra del Monte Olimpo, Filipo condujo a su pueblo desde las orillas del Danubio hasta Troya.

Filipo confiaba en que la casa Argéada dominaría un día el mundo. Pero los dioses decidieron que no viviría para verlo. Su sueño se vería cumplido por su hijo, el joven príncipe Alejandro, apodado el Magno.

Bibliografía

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Historia de Grecia en la antigüedad, Madrid: Akal, 2011.

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua I. Grecia,  Barcelona: Vicens Vives, 2004

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca, Ed. Salamanca, 2005.

 

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

Borja Zubizarreta Murado

 

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