Griegos y persas

Las poleis griegas, enzarzadas en sus guerras, apenas prestaban atención a la sombra que crecía en el este, ajenas a la amenaza que sobre ellas se cernía. Desde el Este, un poderoso imperio venía extendiéndose desde los lejanos ríos de la India hasta Egipto, arrasando todo a su paso. Este imperio no era otro que Persia, cuyos habitantes, persas y medos, extendieron su dominio desde el desierto del actual Irán. A finales del S. VI, los ejércitos del Gran Rey persa habían llegado hasta las puertas de las ciudades griegas de Asia Menor.

Los persas, en su proceso expansivo, habían instalado una satrapía (provincia del imperio persa) en el antiguo reino lidio de Creso en 546 a. C. Las poleis minorasiáticas, especialmente las tiranías, pasaron de una suave influencia lidia a estar subordinados al sátrapa persa. Sin embargo, los persas mantuvieron a los tiranos griegos para tener bajo control a los griegos y evitar que el cambio fuese traumático.

Hacía el 515 a. C., Darío I inicia un nuevo expansionismo atravesando el Bósforo y adentrándose en Europa. Fracasa en su objetivo principal, apoderarse de los territorios escitas situados en el norte del Mar Negro, pero consiguió el control de ambas orillas de los estrechos, y por tanto el control del comercio hacía el mar Negro.

En el año 499 a. C. la Confederación Jonia abandona su papel aglutinador religioso en torno al santuario de Poseidón, y se convierte en el núcleo inicial de la resistencia contra los persas. Los griegos habían sido frenados en su expansión colonial a mediados del siglo anterior. El comercio y por tanto los recursos habían disminuido progresivamente, todo esto coincide con la aparición del imperio persa en Asia Menor. Esta situación creó malestar entre las ciudades jonias, las cuales culparon a los persas de su desgracia.

Sublevación jonia

Las fuentes que contamos para este acontecimiento, Herodoto, parecen estar contaminadas por perjuicios antijonios y por el conocimiento que tuvo el historiador del resultado de los conflictos. Para Herodoto los motivos de esta sublevación fueron personales, la actitud del tirano de Mileto, Aristágoras, ante el fracaso de apoderarse de Naxos con ayuda de los persas.

Los historiadores modernos pretenden incorporar nuevas causas de la sublevación, causas que posibilitasen a las ciudades estado adherirse a la insurrección de la Confederación Jonia. Causas como la disminución del comercio griego hacia zonas controladas por los persas, favoreciendo al comercio fenicio; y la preferencia de los griegos por nuevas formas de gobierno en contra de los tiranos.

El inicio de la sublevación fue favorable para los griegos. Ayudados por atenienses y eritreos, la Confederación en el 498 a. C. toma la ciudad de Sardes, antigua capital lidia, incorporándose a la sublevación comunidades griegas de la Licia, de la Caria del Bósforo, de la Propóntide y de Chipre. Sin embargo, la retirada del apoyo ateniense dos años después posibilitó a las huestes de Darío I ir incorporando los territorios sublevados que concluyó con la toma de Mileto. La desunión de los griegos quedó patente, y será un acicate para que el Imperio Persa extienda su influencia hacia el continente por medio de alianzas o de intimidaciones.

Primera Guerra Médica

Tras someter todas las ciudades griegas de Asia Menor, en la primavera de 492 a. C. los persas pusieron por primera vez su pie en territorio Europeo. Mardonio, yerno del Gran Rey Darío, cruzó el Bósforo al mando de un enorme ejército. Apoyado por una poderosísima flota, Mardonio arrasaba todo a su paso. Tras algunas pequeñas batallas frente a las tribus tracias, los persas llegaron a las puertas de Grecia.

GUERRAS MÉDICAS

Por fortuna para los griegos, una tormenta destruyó la mayor parte de la flota persa en el cabo Atos, en la península Calcídica. Este desastre, sumado al continuo hostigamiento de las tribus locales hizo desistir a Mardonio de su empeño, al menos por el momento.

Poco tiempo después, el gran rey envió emisarios a todas las ciudades griegas pidiendo “el agua y la tierra”, una forma de pedir una rendición total sin condiciones. Acto seguido, en verano de 490 a. C. un nuevo ejército persa zarpó desde Cilicia, en el Sur de Anatolia. Herodoto asegura que eran al menos 20.000 infantes y numerosos jinetes. Este ejército conquistó las islas Cícladas, en el Mar Egeo, aunque su objetivo era la isla de Eubea. Eretria, ciudad de esta isla, fue arrasada y sus habitantes fueron vendidos como esclavos en Susa, una de las capitales del imperio persa. Una vez tomada la isla, los ojos del enemigo se posaron en Atenas.

Una a una las ciudades griegas fueron cayendo bajo el poder persa. Solo unas pocas ciudades libres, encabezadas por Atenas y Esparta, ofrecieron resistencia. Artafernes, general persa, decidió castigar la osadía griega y desembarcó cerca de Atenas, en la llanura de Maratón, a 40 kilómetros de la ciudad. En este lugar se libró la batalla por la libertad de Grecia. Un ejército ateniense de hoplitas, liderado por Milcíades y Temístocles, presentó batalla en la llanura. Sin embargo, Artafernes tenía otros planes. Mientras se libraba la batalla, embarcó un grupo de élite y se dispuso a tomar Atenas aprovechando que los soldados se hallaban en Maratón.

PROCESIÓN DE LOS INMORTALES PERSAS  Inmortales persas

El alto mando griego vio esta amenaza, y a pesar de encontrarse con un ejército ampliamente superior en número,  Milcíades ordenó a sus hombres cargar contra los flancos del ejército persa. Esta maniobra desconcertó al enemigo, permitiendo a los griegos tomar la iniciativa en la batalla y empujar a los persas de nuevo hacia sus naves. El resultado de la batalla fue de aproximadamente 6400 bajas por parte de los persas frente a 192 griegas.  Una vez finalizada la batalla, los vencedores enviaron a un mensajero a Atenas para comunicar la noticia. Este hombre, de nombre Filípides, corrió los 40 kilómetros que separaban la llanura de Maratón de Atenas y comunicó la noticia. Tras ello, murió de agotamiento. Esta hazaña es el origen de la popular prueba deportiva de la maratón, la cual recorre exactamente la misma distancia que recorrió Filípides.

Esta batalla fue una gran victoria para los atenienses, convirtiéndose en un símbolo de gloria y demostrando que los persas no eran invencibles. Sin embargo, para el Gran Rey no supuso un gran cambio. La sombra persa en el Este continuaba creciendo, y poco después los griegos tuvieron que luchar de nuevo por su libertad.

La segunda guerra médica

Habría que esperar diez años para que griegos y persas volvieran a la guerra. Durante estos años, los persas se ocuparon de sofocar rebeliones en Egipto y Babilonia en medio de la sucesión del trono. El sucesor de Dario, Jerjes,  una vez conseguida la estabilidad interna volvió la mirada hacia los griegos. Las potencias griegas también estaban inmersas en conflictos, Atenas mantenía una disputa contra  la vecina isla Egina, y Esparta tenía problemas de orden interno con el intento de recuperación del  trono por Cleómenes I.

Jerjes realizó personalmente la nueva expedición persa, cruzando el Helesponto en la primavera del 480. Buscó, basándose en la perenne desunión griega, el apoyo algunos estados griegos por medio de la intimidación por la fuerza, o utilizando al oráculo de Delfos, consiguiendo la defección de numerosas poleis griegas. De esta manera solo una treintena de estas ciudades estado firmaron una alianza militar en Corinto para defenderse contra los persas.

LEÓNIDAS EN LAS TERMÓPILAS  Leónidas en las Termópilas

El primer enfrentamiento tuvo lugar en las Termópilas. Trescientos espartanos y siete mil soldados de la liga del Peloponeso comandados por el rey Leónidas, presentaron batalla en este desfiladero. Ante el imparable avance del enemigo, Leónidas junto a sus 300 espartanos lucharon hasta el final a fin de entretener el avance persa y permitir el repliegue de los demás aliados. Este sacrificio permitió también la evacuación de Atenas, así como el repliegue de la flota griega que en esos mismos días luchaba contra los persas en el Cabo Artemisión.

Los persas, una vez salvado el obstáculo de las Termópìlas gracias a una traición, tuvieron libre acceso a la Grecia central, consiguiendo el abandono de beocios, tesalios, locrios y dorios del frente griego.

Los atenienses habían abandonado su ciudad, la cual fue saqueada por los persas.  Los atenienses se refugiaron en Salamina, donde se reagrupó también la flota griega tras la batalla de las Termópilas. Allí el estrategos Temístocles de Atenas, que había incentivado la construcción de una potente flota en los años anteriores, ideó el plan estratégico con el que derrotarían a los persas. La batalla naval se desarrolló en un espacio reducido donde la superioridad numérica de los persas se convirtió en un problema para la maniobrabilidad, frente al menor número de navíos griegos, mucho más ágiles. Las naves persas fueron destruidas, consiguiendo desde entonces los griegos la hegemonía marítima.

TRIRREME GRIEGA  Trirreme griega

Los persas aunque habían perdido sus efectivos navales en Salamina, seguían teniendo intacto el ejército de tierra bajo el mando de Mardonio, con el que realizó un nuevo saqueo del Ática. Atenas forzó a sus aliados para entablar una batalla que fuera decisiva contra los persas, que se desarrolló en el año 479 a.C. en Platea. Comandados por el espartano Pausanias, cincuenta mil hoplitas griegos derrotaron finalmente al ejército mercenario persa, poniendo final a las ambiciones persas en Grecia.

En el mismo año, la flota griega destruye lo que quedaba de la flota persa tras la batalla de Salamina en Micale, en el Asia Menor, permitiendo el levantamiento general de los griegos sometidos de Asia Menor.

Consecuencias

La victoria sobre los invasores extranjeros había sido total. Los persas habían sido derrotados, pero su amenaza no había desaparecido. Los griegos, conscientes de ello, fundaron una alianza defensiva, una symmachia, con sede en la isla de Delos. Esta alianza contaría con fondos aportados por todos los miembros que se uniesen a la misma, y serviría tanto para soportar los gastos de una posible guerra contra los persas así como para ayudar a las ciudades que resultasen dañadas por la guerra.

No obstante, y a pesar de las buenas intenciones que en un principio tenía la liga y del ambiente de euforia por la victoria, pronto surgieron diferencias dentro de la liga. Las posiciones atenienses y espartanas fueron distanciándose, y cada vez las relaciones fueron más frías entre ambos estados. La situación se polarizó en torno a estas dos potencias, cada vez más enfrentadas. Se inicia así un período de “Guerra Fría”, con acciones indirectas por parte de la Liga de Delos y la Liga del Peloponeso, fundada por Esparta.  Solo era cuestión de tiempo que la guerra volviese a asolar Grecia.

A este período se le denomina Pentecontecia (50 años), cuyo nombre hace referencia a los 50 años que separan las Guerras Médicas de la Guerra del Peloponeso.

http://www.artehistoria.com/historia/videos/612.htm

Bibliografía

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Historia de Grecia en la antigüedad, Madrid: Akal, 2011.

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

LÓPEZ MELERO, R., PLÁCIDO D., PRESEDO F., Historia universal. Edad antigua, Grecia y Oriente próximo, Barcelona: Vicens Vives, 2003

ROLDÁN HERVÁS, J.M., Historia de Grecia Antigua. Salamanca, Ed. Salamanca, 2005.

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s