EL RODILLO ROMANO

(La conquista del mundo griego)

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Un nuevo equilibrio

Roma cambió por completo el tablero de juego oriental. Si bien hasta el momento habían sido seléucidas, lágidas y macedonios quienes llevaban la voz cantante en los asuntos helenísticos, Roma decidió dar más importancia a otras potencias secundarias en perjuicio de los peces grandes. Así, el equilibrio basculó hacia Pérgamo, la Liga Aquea y Rodas, que cumplían la función de contrarrestar el poder de los grandes imperios. Además, dado el trato de favor por parte de Roma, en el senado se esperaba que estos estados actuasen con agradecimiento respecto a su protector.

Pero Roma pronto vio que se había metido en un avispero. La galaxia de estados helenísticos y sus continuos problemas políticos, sociales y económicos convirtió lo que parecía una conquista fácil en un continuo quebradero de cabeza para el nuevo árbitro. Por otra parte, las acciones llevadas a cabo por Roma no pueden calificarse de sutiles: siempre que había un conflicto interno en un estado, Roma arbitraba siempre a favor de la clase dominante, creando de este modo un poso de resentimiento que estalló en innumerables movimientos nacionalistas y antirromanos.

Los continuos problemas y el continuo tráfico de embajadas helenísticas en Roma, muchas de las cuales eran contrarias entre sí, obligó al senado romano a actuar cada vez con más dureza. Las medidas excepcionales tomadas por Roma pronto se convirtieron en costumbre, y esta costumbre desembocó en el imperialismo que supondría el fin de la independencia de los cada vez más debilitados reinos helenísticos.

La úlcera griega

El clima político en la Grecia continental estaba más que caldeado. Roma apenas había sido capaz de imponer una precaria paz entre macedonios, etolios y aqueos. Irremediablemente, el conflicto estalló de nuevo en 190 a.C., cuando los etolios, reunidos en la Liga Etolia, declaran la guerra a la Liga Aquea, aliada de Macedonia y de Roma. El senado envió al cónsul Fulvio Nobilior para acabar con las aspiraciones etolias y calmar la situación. La guerra se saldó con la derrota etolia en el asedio de Ambracia ante las fuerzas aliadas de aqueos, macedonios y romanos.

Fue entonces cuando Filopemén, líder de la Liga Aquea, aprovecha esta victoria para dominar por su cuenta todo el Peloponeso. Esparta, hostil a la liga, envía una embajada a Roma pidiendo que aplacase las ansias aqueas. Filopemén en respuesta ataca Esparta y abole la constitución de Licurgo (Rhetra), vigente en la ciudad desde hacía quinientos años.  Sin embargo, Filopemén es derrotado y muerto por los mesenios en 183 a.C.

A estas alturas Roma ya estaba cansada de las continuas guerras y embajadas de los griegos. Pero por una vez y para variar, Roma decidió no actuar directamente. Dejó que Calícrates, personaje poderoso de la Liga Aquea y favorable a Roma, devolviese la paz al Peloponeso en 181 a.C. restituyendo todo lo que había destruido Filopemén.

Pero Roma tenía problemas mucho más importantes que resolver más al Este.

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Pérgamo y Rodas

Pérgamo, fiel aliada de Roma, fue invadida por el vecino reino de Bitinia. Las peticiones de ayuda de Eumenes, rey de Pérgamo, fueron escuchadas en Roma, y el senado obligó a Bitinia a retirarse. Pero la guerra de nuevo llamó a las puertas de Pérgamo. Poco después fue Ponto, aliado de Bitinia, quien invadió Pérgamo. Pero esta vez el senado no movió un dedo por Pérgamo. La guerra acabó con victoria pergamena, pero las relaciones entre ambos estados se enfriaron notablemente: Pérgamo se sentía traicionada, mientras que Roma desconfiaba de un Eumenes que cada vez era más poderoso y osado.

Por otra parte, Rodas se había convertido gracias a Roma en una potencia comercial sede de una confederación muy próspera de ciudades. Además, había obtenido tras Apamea la región continental de Licia, aunque fue un regalo envenenado. Las continuas revueltas licias eran aplastadas brutalmente por Rodas, y ante esta situación los licios pidieron el amparo de Roma. Rodas confiaba en que el senado ignorase estas súplicas, pero de nuevo la esquizofrénica política romana dio un giro y arbitró a favor de los licios.

La política exterior romana puede verse desde varios puntos de vista: por una puede estar encaminada a mantener el equilibrio en la zona, evitando que unos peces acaben engullendo a los otros. Por otra parte, puede ser producto de un proyecto más obscuro destinado a debilitar a todas las potencias por igual, a fin de que no tuviesen más remedio que pedir el auxilio del senado para resolver sus disputas. De este modo se lograría una conquista con menos costes y con menos oposición interna. Por último, esta política responde también a las continuas luchas internas entre las diferentes familias del senado romano, las cuales, al igual que los políticos actuales, se dedicaban a buscar beneficios propios mientras se oponían ciegamente a los proyectos de la otra parte.

La Tercera Guerra Macedónica

Filipo V de Macedonia falleció en 179 a.C., siendo sucedido en el trono por su hijo Perseo. Una de las primeras medidas de éste fue la renovación del tratado de alianza con Roma, pero pronto se enfrentaría con la potencia italiana. Perseo llevó a cabo numerosas medidas para ayudar a las clases bajas de Macedonia, mientras que los estratos acomodados eran generalmente favorables a Roma.

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Tetradracma de Perseo

En política exterior, Perseo consiguió mediante una hábil diplomacia restaurar en parte el prestigio de Macedonia en Grecia e incluso Asia Menor, lo cual preocupaba al rey de Pérgamo, Eumenes II. Éste viajó personalmente a Roma para convencer al Senado de la ciudad de declarar la guerra a Perseo. En 171 a.C., comenzó la ofensiva romana y estalló la Tercera Guerra Macedónica.Perseo se reveló como un hábil general, saliendo victorioso en todas las batallas durante los tres primeros años de la guerra. Sin embargo, las cosas cambiaron con el nombramiento como cónsul, en 168 a.C., de Lucio Emilio Paulo, un veterano de las guerras contra los lusitanos en Hispania. Las fuerzas macedónicas y romanas se enfrentaron el 22 de junio en Pidna, donde la victoria de Roma fue total. Perseo fue capturado y encarcelado en Roma, y el reino de Macedonia fue disuelto, terminando así más de un siglo de reinado de la dinastía Antigónida.

Después de Pidna

Paulo no tuvo piedad ninguna con el enemigo derrotado, y esta crueldad fue sólo el principio de lo que sería, tras la derrota definitiva de Macedonia, la nueva política de Roma en Grecia. Rápidamente, se pasó de la diplomacia, con distintas alianzas firmadas con estados griegos, a una auténtica política imperialista.

El antiguo reino de Macedonia se dividió en cuatro repúblicas vasallas de Roma. Parecida suerte corrieron los territorios de Iliria y el Epiro, aliados de Macedonia y que no tenían ninguna posibilidad para resistir el envite romano.

Los romanos se dirigieron entonces a la Grecia peninsular, con el objetivo de purgar los elementos antirromanos. Unos mil políticos y generales de la Liga Aquea fueron deportados a Italia, entre ellos el historiador Polibio, cuyo padre se había opuesto activamente a la influencia romana en Macedonia. Polibio se convertiría en el tutor de los hijos del cónsul Paulo. La Liga Aquea fue puesta en manos de un títere de Roma, mientras la Liga Etolia fue disuelta por completo, y se desató en Grecia una brutal persecución de los opositores a Roma por parte de sus conciudadanos prorromanos.

Pero la injerencia de Roma no acabó allí, ya que hubo consecuencias negativas incluso para sus estados aliados. La isla de Delos fue arrebatada del control de Rodas, que había intentado mediar en la guerra, lo cual resultó catastrófico para la economía rodia. En cuanto a Eumenes II, Roma le retiró su apoyo y, en 166 a. C., declaró libres a los gálatas, tradicionales enemigos de Pérgamo.

Lágidas y Seléucidas de Apamea a Pidna

En el reino seléucida de Antíoco III, la paz de Apamea supuso la pérdida de los territorios de Asia menor. Roma quiso también debilitar al reino lágida, permitiendo a los sirios recuperar los territorios de Palestina y Celesiria, perdidos ante los egipcios durante la Quinta Guerra Siria. Sin embargo, por el mismo tratado de Apamea, los seléucidas estaban obligados al pago de una importante indemnización a Roma. Esta carga lastró la autonomía política de los reinos seléucidas. El propio rey Antíoco fue asesinado en el año 187 a.C. mientras intentaba recolectar tributos con los que pagar la cláusula económica.

Durante el reinado de Seleuco IV, hijo de Antíoco III, los seléucidas siguieron teniendo los mismos problemas económicos para pagar la deuda a Roma. Tras la muerte del rey, ocupó la regencia su hermano Antíoco. El asesinato de su sobrino, el heredero de la corona, le aupó a ser proclamado rey como Antíoco IV.

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Antíoco IV Epifanes

Mientras, el reino lágida de Ptolomeo V está inmerso en una guerra secesionista en el Alto Nilo, impidiéndole recuperar los territorios perdidos de Palestina y Celesiria. A su muerte, ocupó la regencia su esposa Cleopatra, hija del rey seléucida Antíoco III. Durante su regencia las relaciones entre lágidas y seléucidas fueron buenas, pero la situación cambió tras su muerte en el 176 a.C. Como los herederos (los futuros Ptolomeo VI, Cleopatra II y Ptolomeo VII) eran menores, asumieron la regencia dos eunucos que tenían rencor a los seléucidas. Utilizaron la regencia para dar rienda suelta a sus odios. Así, declararon mayor de edad a Ptolomeo VI, y aprovechándose de su juventud iniciaron una campaña militar con la intención de recuperar los territorios de Palestina y Siria occidental, dando inicio a la” Sexta Guerra Siria”.

Tanto lágidas como seléucidas buscaron la ayuda de la poderosa Roma. Ocupada en la guerra contra Macedonia, Roma no intervino en ese momento en el conflicto. Los seléucidas aplastaron sin dificultad las tropas lágidas, ocupando todo el país excepto Alejandría.

Antíoco IV intento en otra campaña conquistar Alejandría. Roma mientras tanto ya había acabado con Perseo en Macedonia, y el Senado decidió extender sus intereses interviniendo en el conflicto en favor de Egipto. Roma lanzó un ultimátum a Antíoco IV para que devolviese los territorios ocupados en la guerra. La amenaza de Roma amedrentó a los seléucidas, regresando a su país.

Fin de la independencia griega

Roma se había mostrado militarmente implacable en Macedonia. Pero una vez ocupado el reino, no mostró un programa político para gobernarlo, dejando el gobierno en manos de títeres filorromanos que se mostraron corruptos e ineficaces. En este descontento, surgió la figura del “falso Filipo”. Un osado aventurero se hace pasar por el hijo de Perseo, envolviéndose en el nacionalismo latente se proclama rey, aglutinando a la gran masa de descontentos con la ocupación romana. Inició una campaña militar que le llevó a tener unos éxitos iniciales frente a una legión romana. Roma se tomó entonces el asunto en serio y acabo de manera implacable la aventura del “falso Filipo”, aplastándolo en el mismo lugar donde lo había hecho a su falso padre, en Pidna. Con el propósito de evitar más sublevaciones, Macedonia fue incorporada al Imperio como provincia.

Después de la batalla de Pidna en el 168 a.C. la Liga Aquea estaba controlada por el filorromano Calícrates. Pero el retorno de políticos exiliados desestabilizó la liga, pasando a estar controlada por facciones antirromanas. El enfrentamiento con Roma era inevitable, y la chispa saltó en una mediación fronteriza contra un miembro de la liga, Esparta. Esta solicitó el apoyo de Roma para independizarse de la liga.

La liga declaró la guerra a Esparta en el año 146 a.C. El senado romano decidió intervenir enviando al pretor Metelo. La liga sucumbió ante la superioridad de las legiones  romanas, dando un escarmiento que sirviese de ejemplo ante nuevas sublevaciones: la rica polis de Corinto fue saqueada y destruida.

Conclusión

La independencia política de Grecia concluye con el saqueo de Corinto. El dominio romano se muestra no solo en la nueva provincia romana de Macedonia (a la que se incorporaron nuevos territorios de Epiro e Iliria), sino en el sometimiento del resto del territorio griego al poderoso rodillo del ejército romano.

Bibliografía

LOZANO VELILLA, A. El mundo helenístico. Madrid, Síntesis, 1992.

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua I. Grecia. Barcelona, Vicens Vives, 2004.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

EL OCASO DE LOS HÉROES

Estamos ante un momento crítico de la historia de Grecia. Los restos del Imperio de Alejandro son objeto de disputas  y rencillas entre las familias sátrapas, y la propia Hélade se descompone en luchas intestinas sin ser conscientes del nuevo poder que ha surgido en el Oeste y que pronto pondrá sus miras hacia Oriente: Roma.

El mundo de Occidente

Las Guerras Ilirias

ImagenEl recién creado reino de Iliria provocará la chispa que desencadene todos los acontecimientos posteriores. A mediados del s.III a.C., bajo el liderazgo de Agrón, surge el reino ilirio, nido de piratas y bandidos que, amparados en la orografía de las costas dálmatas, se adaptan a su “oficio” a la perfección, dedican su vida a la práctica de tal esa actividad, ya de larga tradición ya en el Mediterráneo. Inician una expansión por tierras griegas, atacan y saquean tanto islas como ciudades del interior de la costa noroccidental, y provocan un colapso del comercio en el Adriático. La piratería era una plaga desde tiempos inmemoriales, pero los comerciantes itálicos no estaban dispuestos a continuar así. El Senado romano tomó advirtió cartas en el asunto y a los ilirios que cesaran en su actividad, amenazas que fueron desoídas. Esto conllevó que, con la ayuda de un traidor a la causa iliria, Demetrio de Faros, se iniciara la Primera Guerra Iliria (229-228 a.C.), de donde Roma salió victoriosa con bastante facilidad, frenando de esta manera el expansionismo ilirio. Pero no tardará  mucho en estallar de nuevo una Segunda Guerra Iliria (221-219 a.C.), consecuencia de la ambición de este mismo traidor, Demetrio de Faros, que aprovechando la coyuntura favorable que le brinda el debilitamiento del estado ilirio y su alianza con Roma, intentará hacerse con los restos del reino ilirio y del protectorado romano.

La principal consecuencia de este desenlace a favor de Roma será el establecimiento de una cabeza de puente en suelo griego para futuras intervenciones. Roma se convertirá a partir de ahora en un nuevo jugador a tener en cuenta en el ajedrez político griego.

Las Guerras Macedónicas

Como ya hemos mencionado, la situación en Grecia era muy tensa. La reciente Guerra de los Aliados había acrecentado más aún el descontento contra Macedonia y éste degeneró en un nuevo conflicto. Sus enemigos, amparados por Roma, se levantaron de nuevo en armas contra ésta en 215 a.C.: la Confederación Etolia, el reino de Pérgamo, Esparta,… pero con el paso del tiempo, Roma, ahogada en estos momentos por el conflicto púnico, tuvo que retirarse. Poco a poco el resto de los confederados sufrieron un destino parecido hasta quedarse sólo los espartanos, vencidos en Mantinea, y los etolios, que se vieron obligados a firmar la paz en 206 a.C. El conflicto se cerró con la firma de la Paz de Fénice con Roma, la cuál, a pesar de perder parte de su protectorado en Iliria, se reafirmó ya como un nuevo protagonista a tener en cuenta.

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Antíoco III el Grande

Pero esta paz será precaria. Animado por sus victorias, Filipo V firmará un pacto secreto con Antíoco III para repartirse las posesiones egipcias en Asia y el Egeo y extender su influencia por la orilla oriental. Tras una serie de exitosas campañas tanto en el Egeo como en la propia Grecia, chocó de frente con los intereses de los reinos de Rodas y Pérgamo, que tras vencerle en el mar solicitaron la ayuda de Roma.

Excusándose en las ansias expansionistas de Filipo V y la lucha por la libertad de los griegos, vio la oportunidad perfecta para eliminar a su principal escollo a la hora de tener Grecia a sus pies, y decide intervenir militarmente contra Macedonia. En los inicios del conflicto, a pesar de estar aislada y tener que luchar en varios frentes, Macedonia consiguió algunos éxitos, tanto contra bárbaros como contra las ligas de ciudades griegas. Pero en 198 a.C., hará su desembarco Roma, representada por el cónsul Flaminino, que penetró en Macedonia a la cabeza de las poderosas e imponentes legiones romanas. Filipo V no tuvo nada que hacer contra el rodillo romano, y las falanges macedónicas fueron aplastadas sin piedad en Cinoscéfalos. La paz de Tempe pondrá fin a la guerra, quedando Macedonia anulada como potencia militar y política, y abriendo las puertas a Roma para apoderarse de la Hélade.

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El mundo de Oriente

Antíoco III

La situación en Oriente no se encontraba mucho mejor. En el reino Seleúcida había defecciones internas en las satrapías de Persia y Media, y en la zona occidental, Pérgamo había invadido ciertos territorios del poder real. Tras restaurar el orden en el interior, el rey decidió arrebatar al reino lágida de Egipto el sur de Siria (Cuarta Guerra Siria),  pero fue vencido en la batalla de Rafia y tuvo que retirarse hacia sus posesiones.

A Egipto esta victoria iba a costarle muy cara. Tuvo que armar a grupos de indígenas para detener el avance de Antíoco III, grupos marginados de la vida política hasta el momento,  por el intento de helenización de los monarcas lágidas. Esta inestabilidad social estalló en reivindicaciones nacionalistas tras la victoria de Rafia, a lo que el gobierno tuvo que ceder, ocasionando un debilitamiento del poder real.

Antíoco III tuvo que hacer frente a otro problema al regreso a su patria. Su primo Aqueo, que tan buen aliado había sido, aprovechó la ausencia del rey para proclamarse independiente junto a las satrapías iranias. Pero Antíoco III no estaba dispuesto a ceder, e inició una serie de campañas conocidas como el la “Anábasis” (212-205 a.C.), tras las cuáles consiguió restaurar su poder hasta los confines de la India.

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Filipo V de Macedonia

A su regreso, animado por su popularidad, aprovechó el declive del reino lágida de Egipto para firmar un pacto secreto con Filipo V y retomar de nuevo sus viejas aspiraciones de conquistar el reino de Siria. Se lanzó a la batalla en 202 a.C., iniciando así la Quinta Guerra Siria, que concluirá en 200 a.C. tras la decisiva victoria de Panión con la posterior cesión de Palestina y Celesiria. Y no sólo eso, los acontecimientos dieron un giro inesperado que no quiso desaprovechar. Cuando Roma declara la guerra a Filipo V de Macedonia, su antiguo aliado, vio la oportunidad de arrebatar las plazas macedonias de la costa y los Estrechos, y de expandir su influencia en todo el Egeo. Esto no sentó bien, ya que les afectaba de manera directa tanto a Pérgamo como a Rodas, aliados geoestratégicos de Roma en la zona. Finalmente, Roma venció a los macedonios, y pudo prestar más atención a Antíoco III, con el que iniciaron una “guerra psicológica”. La escalada de provocaciones desembocó finalmente en una nueva contienda. Animados por los etolios y la coalición que estaban formando para encauzar los descontentos contra los romanos, los seleúcidas vieron la oportunidad idónea para dar un golpe de efecto. Pero cuál fue su sorpresa al ver cómo uno de sus principales aliados en Grecia, el tirano Nabis, fue borrado del mapa rápidamente, y cómo el apoyo a esa coalición era escaso y no tan popular como la propaganda política lo había vendido. Las fuerzas sirio-etolias se atrincheraron en las Termópilas, donde se hicieron fuertes, pero en 191 a.C. no pudieron contener la embestida de las legiones romanas que les arrollaron, teniendo que retirarse a Asia. Los romanos no cejaron en su empeño de acabar con él, y siguieron al Seleúcida hasta allí, donde, junto con las flotas de Rodas y Pérgamo, le infligieron dos decisivas derrotas en Magnesia y Sípolo. Finalmente, se firmó en 188 a.C. la “Paz de Apamea”, donde los grandes vencedores, en especial Pérgamo, se repartieron los territorios arrebatados a Antíoco III.

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Mapa del Oriente tras la paz de Apamea

Como consecuencia de todo esto, en el Mediterráneo Oriental se rompió por completo el equilibrio entre las tres potencias tradicionales, y ya no volvió a haber ningún poder predominante que pudiera hacer frente a Roma, quién no tardaría en extender su dominio por todo el Mediterráneo.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, 1986,Madrid.

BRAVO, G., Historia del mundo antiguo, Crítica, 2005, Madrid.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, 2011, Madrid.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Salamanca, 2005, Salamanca.

Pedro Aguado González

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Rubén Rodríguez Galán

El avispero Helenístico (246-229 a. C)

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Altar de Zeus de Pérgamo (museo de Pérgamo en Berlín)

La  Segunda Guerra Siria demostró  que las viejas rencillas iniciadas por los diadocos no habían terminado, y más con el ímpetu expansionista mantenido por Ptolomeo II Filadelfo. La alianza entre el rey seléucida, Antíoco II, y el rey macedonio, Antígono II, había conseguido derrotar  a Filadelfo, frenando la injerencia política de los Ptolomeos en el área del mar Egeo.

Para muchas poleis griegas, “la sombra de Filadelfo” suponía protección frente al poderoso vecino macedonio. Y la derrota sufrida por Filadelfo podía constituir un aumento del dominio de Antígono II. Éste, pese a sobrevivir siete años a Filadelfo y Antíoco, no consiguió extender su influencia sobre la Grecia continental y sus ligas.

Las Ligas

La constitución de Ligas como forma de buscar protección colectiva venia de tiempo atrás en el mundo griego, casi siempre asociadas a una actitud defensiva. A mediados del siglo III a.C. dos de ellas alcanzaran el estatus de potencias, interviniendo en la política exterior  del mundo griego.

La Liga Etolia: en los inicios del siglo III a.C., tribus celtas procedentes del norte penetraron en Grecia continental. Ante la pasividad de Antígono, Etolia, región poco urbanizada y con escaso protagonismo en los procesos históricos anteriores, salva del saqueo al santuario de Delfos. La enorme importancia espiritual que tenía para los griegos Delfos, ahora en manos de los etolios, permitió a Etolia constituir  una liga para protegerse. Liga a la que se sumaron la mayoría de los Estados de la Grecia Central, desde el mar de Tesalia hasta el sur de Epiro.

La Liga Etolia funcionaba de forma federada. Los  miembros se reunían periódicamente en una asamblea general con carácter soberano, donde se decidía entre otras cuestiones sobre la elección de los magistrados que ostentaban el poder ejecutivo, o sobre la paz y la guerra.

La Liga Aquea: en el 280 a.C. se formó la alianza de poleis en el norte del Peloponeso. También tenía carácter federal, con una asamblea electiva que nombraba un poder ejecutivo compuesto por un general y magistrados.

En el año 251 a.C. ingresa en La Liga Aquea la ciudad de Sición. En esta ciudad-estado se había producido el derrocamiento del tirano que la gobernaba, tomando el poder Arato. Sición encuentra en la Liga aquea el refugio donde guarnecerse de la injerencia de Macedonia, proclive al apoyo de los tiranos. Arato en el 247 a.C. fue nombrado general de la alianza por un periodo de veinte años. Durante su mandato  la liga tendrá una fuerte intervención en los asuntos internos de los Estados vecinos, recurriendo a alianzas temporales y circunstanciales con las potencias griegas para conseguir sus objetivos. Así, en el 243 a.C. en una primera acción  contra Macedonia, se alió con Esparta para conseguir la liberación de Corinto. Por otra parte, Macedonia encuentra la alianza de La liga Etolia con la intención de invadir territorio de los aqueos. Fracasó esta invasión, firmándose la paz en el 241 a.C., por la cual Macedonia perdía Corinto.

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La crisis de Esparta

A la muerte de Antígono, en 239 a.C., el trono de Macedonia pasó a su hijo, Demetrio II. En principio, Demetrio continuó la política de su padre de alianza con la Liga Etolia frente a la Liga Aquea y Esparta. Sin embargo, el equilibrio de poder en Grecia estaba en esa época sufriendo un vuelco, y las alianzas vigentes hasta entonces pronto perderían su vigencia.

El motor de este cambio fue la grave crisis sufrida en Esparta a mediados del siglo III a.C. En esencia, se trataba de una crisis agrícola, provocada por la acumulación de la inmensa mayoría de tierras en las manos de tan solo unas cien familias espartanas. Esto dejó a gran parte de la población libre en un estado de pobreza extrema, que a su vez resultó en la pérdida de potencial militar para Esparta, ya que la participación en el ejército y el armamento necesario corrían a cargo de los propios ciudadanos.

En 245 a.C. subió a uno de los dos tronos de Esparta el joven e idealista Agis IV. Éste se propuso poner fin a la crisis por medio de medidas populistas como la cancelación de las deudas y la redistribución de las tierras. Así pretendía devolver a los lacedemonios empobrecidos su poder adquisitivo y su capacidad para contribuir al ejército. Naturalmente, los ciudadanos más privilegiados, así como el otro rey, Leónidas II, se oponían a estas medidas.

Aprovechando una campaña de Agis en Acaya en 241 a.C., Leónidas se hizo con el poder absoluto en la ciudad y consiguió que salieran elegidos cinco éforos (poderosos magistrados municipales) afines a él y enfrentados a Agis. Cuando el joven rey volvió a Esparta, fue apresado y encarcelado. En la misma cárcel tuvo lugar un simulacro de juicio, y Agis fue ejecutado de inmediato.

Leónidas II murió en 235 a.C., y fue sucedido por su hijo Cleómenes III. Unos años antes, Leónidas había obligado a Cleómenes a contraer matrimonio con Agiatis, la viuda de Agis, para hacerse con la herencia de su rival. Pero Agiatis consiguió convencer a su nuevo marido de que las reformas intentadas por Agis serían positivas para Esparta. Cuando Cleómenes subió al trono se dedicó a promulgar estas medidas incluso con mayor insistencia que Agis.

Macedonia entre Demetrio II y Antígono III

El nuevo rey de Macedonia, Demetrio II, quería recuperar la influencia de su país en Grecia, en detrimento de sus aliados de la Liga Etolia. Éstos reaccionaron rompiendo su pacto y aliándose a su vez con los aqueos, sus antiguos enemigos. Comenzó así, en 238 a.C., una breve guerra de la que los macedonios salieron victoriosos. Sin embargo, Demetrio, conocido con el sobrenombre de Etolio tras su triunfo, no consiguió restablecer la antigua influencia macedónica en el Peloponeso.

Además, el rey tuvo que hacer frente a una nueva amenaza por el norte: los dardanios, una tribu que habitaba las regiones de Iliria y Tracia. En 229 a.C., Demetrio II murió durante una campaña en la frontera septentrional de Macedonia. Su fallecimiento tuvo nefastas consecuencias para su reino, ya que todas las alianzas se deshicieron y los macedonios se quedaron aislados.

El hijo de Demetrio, Filipo V, tenía sólo nueve años a la muerte de su padre, por lo que la regencia recayó en Antígono III Dosón, primo del difunto rey. Antígono demostró tener una gran habilidad tanto en política como en el campo de batalla. Aseguró la frontera norte frente a la amenaza dardania y reconquistó Tesalia, que se había unido a la Liga Etolia.

Ascenso y caída de Cleómenes de Esparta

Las reformas de Cleómenes en Esparta resultaron de un éxito rotundo, y pronto varias ciudades de la Liga Aquea se plantearon abandonar la Liga para aliarse con Esparta. Así, Cleómenes conquistó con relativa facilidad la región de Arcadia y llegó con su ejército hasta Corinto. En esta tesitura, el rey de Egipto, Ptolomeo III Evergetes, acérrimo enemigo de Macedonia, retiró su apoyo a la Liga Aquea para aliarse con Esparta, viendo en Cleómenes un auténtico caballo ganador.

Arato de Sición, otrora el rey más poderoso de la Liga Aquea, veía con desesperación el derrumbe de la alianza y pidió ayuda a Antígono frente al avance de Esparta. El regente macedonio se aprovechó inmediatamente de la ocasión que se le presentaba, y marchó sobre Corinto, obligando a Cleómenes a retroceder y a abandonar casi todos los territorios que había conquistado.

Antígono, ya al mando de las tropas de la Liga Aquea además de las suyas propias, se dirigió directamente contra Lacedemonia. La última batalla de Cleómenes tuvo lugar en el verano de 222 a.C. en Selasia, a diez kilómetros de Esparta. Más de una cuarta parte de los soldados espartanos murieron en el enfrentamiento, y por primera vez tropas macedonias entraron en Esparta.

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Moneda de Antígono III Dosón

Cleómenes huyó a Egipto, refugiándose en la corte de su aliado Ptolomeo III. Sin embargo, éste murió el mismo año, y su hijo, Ptolomeo IV Filopátor, le retiró la ayuda. Cleómenes trató de comenzar una revuelta contra Ptolomeo IV, pero fracasó y, en 219 a.C., se suicidó tras comprobar que no recuperaría nunca su trono. Antígono, por su parte, falleció en 221 a.C., y Filipo V, ya mayor de edad, se convirtió en rey de pleno derecho de la nuevamente gloriosa Macedonia.

De Lágidas  y  Seléucidas

En el año 246 fallece el rey Antíoco II, dejando sumido al reino seléucida en una guerra dinástica en la que intervendrá nuevamente Egipto. Seleuco II, fruto del primer matrimonio entre Antíoco II y Laonice, fue proclamado rey. Pero Berenice, segunda esposa del fallecido y hermana de  Ptolomeo III, pretendía que su hijo fuese el elegido y para defender sus intereses pidió ayuda a su hermano.

Cuando el rey lágida Ptolomeo III se presentó en Siria, su hermana y su sobrino habían sido asesinados. Ante tal ofensa decidió vengarse, ocupando militarmente el reino seléucida, dando comienzo a la Tercera Guerra Siria. Al mismo tiempo en  Egipto habían surgido problemas internos que debía solucionar. Sin haber consolidado las conquistas tuvo que partir a Egipto, dejando una guarnición que fue derrotada por el rey Seleuco II. Casi todo el territorio fue reconquistado, volviendo a reestablecerse la soberanía seléucida.

Una vez instaurado el gobierno, Seleuco II asoció como corregente a su hermano Antíoco  Híerax (el Halcón). Este, apoyado por oligarquías regionales, traiciona a su hermano al independizar los territorios de Asia Menor. Así, en el año 241 se inició el conflicto conocido como la “Guerra de los Hermanos” que trascurrirá hasta el 239 a.C. Híerax contrarresta su inferioridad militar con apoyos de las poleis del Ponto y con tropas mercenarias gálatas, consiguiendo derrotar a su hermano y obligándole a firmar un armisticio por el cual Híerax se quedaba con la parte norte de Asia Menor.

Pérgamo y la “mafia celta”

Sobre una colina en el valle del río Selinus se alza la ciudad de Pérgamo, capital del reino que gobernó gran parte de Anatolia hasta el S. II a. C.

Sin embargo, los orígenes de este reino fueron muy humildes. En tiempos de Alejandro Magno no era más que un pueblo amurallado sobre un monte, lejos del mar y de cualquier ruta importante. Durante algún tiempo la ciudad perteneció al dominio de Antígonos Monoftalmós (el Tuerto), y luego al de Lisímaco, rey de Tracia y Macedonia.  Sin embargo este pueblo tenía cierta autonomía, en parte debido al talento diplomático de Filetero, gobernador y fundador de la dinastía atálida.

Filetero supo ganarse la amistad de sus poderosos vecinos los seléucidas, y la ciudad conoció un tiempo de prosperidad. Sin embargo todo cambió bajo el reinado de Eumenes, sobrino del desaparecido Filetero. El nuevo gobernador se enfrentó a sus antiguos aliados, probablemente animado por la guerra que los seléucidas mantenían contra el otro gran imperio oriental: el Egipto Ptolemaico. Eumenes caldeó la situación hasta el punto de obligar a los seléucidas a atacar Pérgamo. Sin embargo y contra todo pronóstico, los seléucidas fueron derrotados cerca de Sardes. De este modo Eumenes se autonombró rey de Pérgamo, comenzando un período de conquistas que llevaron a Pérgamo a hacerse con la mayor parte de Asia Menor.

En estos mismos años la situación interna en el reino seléucida se había deteriorado gravemente. Seleuco II se encontraba en una guerra civil frente a su hermano Antíoco Hierax, y ambas partes recurrían a los servicios de los bárbaros gálatas como mercenarios. Estos mercenarios, ante el caos de la guerra civil, comenzaron a actuar por cuenta propia como una mafia, exigiendo a las ciudades tributos a cambio de su “protección”. Ante esta amenaza descontrolada Atalo, sucesor de Eumenes en el trono de Pérgamo, decidió acabar con esta práctica. Negándose a pagar el tributo, obligó a los gálatas a atacar la capital, donde los bárbaros fueron derrotados aplastantemente. Esta victoria permitió a Atalo convertirse en el nuevo campeón del helenismo y adoptar el sobrenombre de Soter (Salvador). Al mismo tiempo el monarca desarrolló una de las mejores campañas de propaganda de la antigüedad, favoreciendo las artes y patrocinando obras públicas tanto en Pérgamo como en Atenas.

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Gálata moribundo, copia romana de la obra encargada por Atalo I

Atalo, lleno de éxito y confianza, decidió acabar por su cuenta con Antíoco el Halcón, consiguiendo de este modo expulsar a los seléucidas de Asia Menor…al menos por el momento. Pero Atalo había comenzado un juego muy peligroso. Pérgamo, a pesar de sus reciente éxitos, era todavía un pez pequeño en un acuario lleno de tiburones. Antíoco III, el nuevo rey seleúcida, puso en marcha todo el poderío militar de su imperio y dirigió toda su atención sobre Pérgamo. Sin embargo fue Aqueo, un gobernador local seléucida quien primero atacó.

Atalo, sabedor de que había despertado a un gigante, aprovechó la vía diplomática para apaciguar a su vecino. Así pues decidió apoyar a Antíoco III frente a Aqueo que,  borracho de éxito tras la victoria sobre Atalo, se había sublevado contra la autoridad real. Antíoco, en agradecimiento, reconoció a Atalo como rey del reino independiente de Pérgamo, además de respetar gran parte de sus conquistas.

A pesar de los continuos conflictos armados, este período fue el más brillante en la historia de Pérgamo. Había pasado de ser un pueblo sobre un monte a convertirse en capital de un floreciente reino que estaba destinado en un futuro no muy lejano a jugar un papel decisivo en el transcurso de la historia de Oriente Próximo.

Las orillas del mundo

El imperio seléucida era un gigante con los pies de barro. Si bien en teoría controlaba la mayor parte de Oriente Próximo y Medio, en realidad ese control era más nominal que efectivo. En las provincias más lejanas, Bactria, Sogdiana y Partia, el control seléucida era casi inexistente, pues los intereses imperiales se centraban más en el Mediterráneo, sobre todo a la hora enfrentarse al Egipto Ptolemaico. A este desinterés por parte de la monarquía se une el acaparamiento de los puestos administrativos por elementos griegos en perjuicio de los jerarcas locales. Este hecho fue alimentando un resentimiento antigriego cada vez más marcado. Así que los iranios, sabedores de que no podían hacer frente al emperador por las armas, decidieron en un primer momento hacer uso de la resistencia pasiva ignorando su autoridad y actuando por cuenta propia. Pero ante la inacción del poder central, pronto este sabotaje pasivo se convirtió en un movimiento independentista cada vez más fuerte y organizado.

El primer movimiento independentista tuvo lugar en Partia e Hircania, donde el sátrapa local Andrágoras se declaró independiente en 245 a. C. aprovechando que Seleuco II estaba luchando en Occidente.  En 239 a. C  Arsaces, un príncipe iranio, derroca a Andrágoras y mantiene un pulso con Seleuco II. Pero el emperador tuvo que hacer frente una vez más a otra guerra en occidente, donde su hermano Hiérax había usurpado el trono. Seleuco II dirigió sus fuerzas contra el usurpador, pero no tuvo más remedio que abandonar Partia. Esta situación fue aprovechada por Arsaces, que pronto se hizo con el poder de buena parte de Asia Central. Así pues Arsaces se convirtió en el fundador del imperio parto, el cual estaba destinado a ser el más importante de todo Oriente Medio, tan poderoso que fue capaz de frenar las legiones romanas.

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Relieve de un guerrero parto en el Castillo Zahhak (Irán)

En Bactria y Sogdiana, la situación fue especial. Si bien habían quedado aisladas del resto del imperio seléucida, en estas regiones no hubo un sentimiento tan independentista. De hecho, se mantuvieron buena parte de las costumbres griegas, aunque cada vez más mezcladas con elementos nativos. Así pues, en estas regiones surgió una civilización sincrética, mezclando elementos griegos y nativos por igual, y que mantuvo contactos tanto con la India como con Occidente.

La nueva generación

Seleuco II murió en 226 a. C. mientras luchaba contra los galos. Fue sucedido por su hijo Seleuco III el Salvador, pero fue asesinado tres años después mientras se disponía a aplastar Pérgamo. Su ejército nombró emperador a su hermano Antíoco, el tercero de su nombre. El nuevo monarca tenía unas excelentes dotes para el mando, y parecía predestinado a devolver al imperio su antigua gloria.

En esas mismas fechas era nombrado rey de Macedonia Filipo V, individuo igualmente dotado para el gobierno. Ambos monarcas parecían presagiar una época de estabilidad y prosperidad interna para sus reinos. Sin embargo, algo se revolvía en Occidente. Pronto comenzaron a llegar noticias inquietantes: Cartago había caído. Y ni Seléucidas, ni Ptolomeos ni Antigónidas estaban preparados para lo que se avecinaba.

 

Bibliografía

LOZANO VELILLA, A. El mundo helenístico. Madrid, Síntesis, 1992.

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua I. Grecia. Barcelona, Vicens Vives, 2004.

PLUTARCO. Vidas paralelas. Libro XIX. Agis y Cleómenes.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

 

 

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

 

CRÓNICA DE LOS PRIMEROS PTOLOMEOS

   Los reinos helenísticos en la primera mitad del siglo III a.C.

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Soy anciano y aunque mis piernas están ya cansadas, me pesan los párpados y me cuesta subir las escaleras del templo,  puedo aun recordar con lucidez mis décadas de juventud, cuando recorrí todo el mundo conocido en busca de experiencias y conocimientos. Fui cronista y embajador en la corte de los Ptolomeos y gracias a ello pude conocer también el imperio de los seleúcidas, la Macedonia que quedó tras Alejandro y otros muchos países…

Yo era muy joven cuando Ptolomeo II Filadelfo subió al trono de Egipto. Heredaba el reino de su padre Ptolomeo I Sóter, el primer rey de la dinastía de los Lágidas. El nombre se debía a su antecesor, el general Lagos, que había luchado junto a Alejandro. Ptolomeo I había logrado mantener la independencia del país del Nilo, e incluso expandirlo hacia el desierto libio (la Cirenaica). Su deseo era controlar todas las redes comerciales de esta parte del Mediterráneo, lo que le obligaba a enfrentarse a Macedonia en el Egeo y al reino Seleúcida en la zona de Siria.

Los seleúcidas ocupaban un territorio inmenso y muy difícil de abarcar, desde Siria a los confines de Arabia, y alojaba dentro tal cantidad y variedad de pueblos que resultaba difícil que todos obedecieran a un mismo rey. Así sucedió. Pronto el reino del Ponto y Bitinia se desmembraron del imperio, y Pérgamo se mostró rebelde. Algunas ciudades griegas formaron la Liga del Norte. Aterrados, vimos como también varias tribus de bárbaros galos entraban en Anatolia y tras realizar pillajes y saqueos se asentaban allí para formar su propio reino, Galacia. Los confines del imperio, en la India y el mar Caspio, eran absolutamente incontrolables, y los seléucidas siempre estuvieron más pendientes del Occidente, de Siria y la salida al Mediterráneo que no querían perder.

En Macedonia el reino también parecía deshecho. Las ciudades-estado que organizaron nuestros antepasados griegos no tenían ya ningún futuro pero se resistían a ser dominadas. Y otras regiones como Atenas competían con los antigónidas por llegar a ser los líderes de la vieja Hélade. Surgieron las ligas y confederaciones de pueblos que decían tener algo en común. Una de ellas fue la Liga Etolia, formada por varias comunidades unidas en su oposición a los bárbaros celtas. La Liga Aquea, en el Peloponeso, también tuvo mucho poder. Hubo otras como la Arcadia o la Liga de las Islas, aunque nunca tuvieron tanta fuerza como aquellas.

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Faro de Alejandría. Construido surante el reinado de Ptolomeo II Filadelfo

 

La apariencia era que el mundo por fin se había calmado. Años antes, en la época de los Diádocos todo estaba convulso. Los reinos nacidos de las conquistas de Alejandro peleaban entre sí por conquistar los territorios del otro y la lucha nunca cesaba. En nuestro siglo todos parecieron entender que ninguno se iba a coronar con la victoria, había un equilibrio entre los tres estados que no se podía romper a favor de nadie, y el imperio de Alejandro ya solo era una ilusión, nadie podía reconstruirlo. Duraría poco este espejismo, pronto volverían a batallar.

Perdonadme que me distraiga… volveré a lo de antes. Ptolomeo II llegó al trono tras su padre y desde que se convirtió en rey pareció que estaba hecho para esa función.  Era un gran organizador y diplomático, un ilustre protector de las artes y un hombre muy ambicioso. Alejandría se convirtió en la capital que iluminaba todo el Mediterráneo, y no solo por el célebre faro que alumbraba a los marinos, sino por el Museo y todos los eruditos que allí reunía.

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Ptolomeo II y su hermana Arsínoe II, casados según la antigua tradición de los faraones egipcios

 

Cumpliendo con la tradición egipcia, nuestro rey tomó como segunda esposa a su hermana, Arsínoe II, que no se le quedaba atrás y le ayudaba enormemente en sus labores diplomáticas. Era una mujer fascinante a la que deberíamos dedicar todo un libro. Los dos hermanos eran vistos con cierto desprecio por los griegos, que les dieron despectivamente el nombre de Filadelfos (el que ama a su hermano).

La primera ocasión que se presentó para el enfrentamiento de los lágidas y seleúcidas fue Mileto. Tras varios movimientos estalló la primera de las Guerras Sirias. Ptolomeo I invadió el Asia seleúcida pero fue derrotado. Antíoco I, el rey seleúcida, contraatacó provocando una sublevación en  la Cirenaica que no logró rendir a Egipto. Después de tres años firmaron la paz y el rey egipcio se quedó con algunas tierras del Asia Menor.

Mientras tanto, en Macedonia había mucho movimiento político. Antígono Gonatas comenzaba a ascender en la escala de poder cuando el rey Pirro del Epiro decidió invadir Macedonia y despojó a Antígono de su trono. Poco duró el invasor como monarca,  fue asesinado en las calles de Argos y Antígono recuperó el poder sobre su reino. Los Ptolomeos no podían consentir que creciera su poder sobre el Egeo así que ayudaron a organizar una alianza contra el rey macedonio encabezada por Esparta y Atenas. Se abría la Guerra Cremonídea, llamada así porque fue el ateniense Cremónides quien la inauguró con un violento discurso. Se intentó centrar la guerra en el Ática. Fue la posesión de Corinto, en manos macedonias, la que les aseguró una buena defensa. Tras varios movimientos inútiles el rey espartano fue muerto y Atenas sitiada por los macedonios. Atenas, la ciudad de Sócrates, en la que yo mismo estudié de joven, perdió para siempre su independencia.

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Moneda emitida por el monarca Antíoco II Theos

 

Antíoco I murió a mitad del reinado de Ptolomeo y fue sucedido por su hijo Antíoco II. El nuevo rey decidió cambiar la anterior neutralidad que los seleúcidas habían mantenido con los macedonios y firmó una alianza con ellos contra Egipto. Sin apenas darnos cuenta estábamos de nuevo en guerra. La Segunda Guerra Siria se llevó a diferentes escenarios y se cerró con la victoria seleúcida y la recuperación de muchas de sus tierras perdidas en Asia Menor. Los macedonios también se habían recuperado, y con una flota recién estrenada, derrotaron en varios puntos a nuestro rey Ptolomeo II Filadelfo. Había que concertar una paz. Fue el momento en que para sellar la alianza de egipcios y seleúcidas se envió a Berenice, hija del rey egipcio, a desposarse con Antíoco II.

Ptolomeo Filadelfo no estaba dispuesto a perder su hegemonía en el Egeo, e impulsó a Alejandro, gobernador de Corinto, a proclamarse rey de un nuevo reino. Antígono se vio acorralado al perder sus bases marítimas, pero rápidamente se centró en la lucha y derrotaron sin duda alguna a las tropas egipcias en la batalla de Andros. Nuestro rey, Ptolomeo II, se despidió del mundo de los vivos y no llegó a ver el final de la guerra. Como si se hubieran puesto de acuerdo para ello Antíoco II murió el mismo año. Y Antígono apenas sobrevivió a ambos otros cinco años…

Ya soy anciano y sé que no veré como marchará la evolución de Egipto y de la Hélade, pero auguro que los reinos volverán a pelearse, que la lucha no cesará durante siglos y que las guerras volverán a estallar. Últimamente oigo con más frecuencia noticias de otra guerra más lejana, entre Roma y Cartago, dos pequeñas potencias del otro lado del Mediterráneo. Quién sabe si sus caminos se juntarán algún día con los de Egipto…

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Mapa de la situcaión del mundo helenístico en la primera mitad del siglo III a.C.

Cronología

283 a.C. Ptolomeo II accede al trono de Egipto

280 a.C. Antíoco I, rey de Siria

279 a.C. Egipto ataca Mileto

276 a.C. Antígono Gonatas, rey de Macedonia

274 a.C. Pirro invade Macedonia. Comienzo de la Primera Guerra Siria

273 a.C. La Cirenaica de Magas se subleva frente a Egipto

271 a.C. Fin de la Primera Guerra Siria: derrota de Ptolomeo II en Siria

267 a.C. Coalición de Atenas, Esparta y Egipto contra Antígono

266 a.C. Guerra Cremonídea

262 a.C. Antígono ocupa Atenas. Fin de la guerra.

261 a.C. Paz entre lágidas y seleúcidas. Antíoco II accede al trono.

260 a.C. Segunda Guerra Siria

255 a.C. Fin de la guerra. Paz entre Egipto y Macedonia

252 a.C. Revuelta de Alejandro de Corinto

247 a.C. Muerte de Alejandro de Corinto

246 a.C. Muerte de Ptolomeo II y Antíoco II. Sus sucesores son Ptolomeo II y Seleuco II. Derrota egipcia en Andros

BIBLIOGRAFIA

BRAVO, G; Historia del mundo antiguo: una introducción crítica, ed. Alianza, 2005, Madrid.

GRIMAL, P; EL helenismo y el auge de Roma. El mundo mediterráneo en la Edad Antigua Vol. II, ed. Siglo XXI Editores, año, ciudad.

HEINEN, H; Historia del helenismo: de Alejandro a Cleopatra, ed. Alianza, Madrid, 2007.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Ed. Salamanca, 2005, Salamanca.


Pedro Aguado González

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Rubén Rodríguez Galán

 

Los otros griegos

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Templo de Poseidón en Paestum, Magna Grecia

A finales del siglo IV a.C., los griegos de Europa occidental se encontraron por primera vez en una situación de desventaja respecto de los pueblos nativos de los territorios colonizados. La expansión de Roma y Cartago en sus respectivas áreas de influencia acabaría desencadenando, sesenta años después de la muerte de Alejandro Magno, la Primera Guerra Púnica. Este conflicto pilló por medio a los habitantes de la Magna Grecia, que fueron empujados cada vez más al sur de la Península Itálica por el creciente poder de la República Romana.

Mientras tanto en Sicilia la muerte en 337 a. C. del tirano de Siracusa Timoleón  había dejado un vacío de poder ocupado por una oligarquía débil, situación que aprovecharían los cartagineses para presionar a los griegos de la isla.

AGATOCLES DE SIRACUSA

Tras veinte años de una situación casi anárquica se hizo con el poder Agatocles, un hombre que ya había intentado acabar con la oligarquía en dos ocasiones anteriores. Sirviéndose de un ejército de mercenarios, volvió a la ciudad en 317 a.C. Una vez alcanzado el gobierno,  expulsó o mandó asesinar a miles de adversarios políticos, y se asentó finalmente con plenos poderes. A pesar de la violencia ejercida, Agatocles consiguió granjearse las simpatías de gran parte de la población con medidas demagógicas como la abolición de las deudas. Además, reafirmó la independencia de Siracusa respecto de Cartago.

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Tetradracma con la efigie de Agatocles de Siracusa

En 311 a.C., Agatocles dirigió sus fuerzas contra Agrigento, en un esfuerzo por extender su poder sobre la isla. Los cartagineses, sin embargo, no estaban dispuestos a permitirlo, y sus fuerzas se midieron en la Batalla de Hímera, en la que los siracusanos salieron derrotados. Lejos de amilanarse, Agatocles tomó una decisión audaz: atacar a los cartagineses en su propio territorio.

El tirano desembarcó en África con una tropa de catorce mil efectivos, y se sirvió del factor sorpresa para lograr victorias en sus primeros enfrentamientos. Una vez llegado a Cartago, el ejército siracusano no pudo romper las defensas de la ciudad. Entonces, Agatocles firmó un tratado con Ofelas, que gobernaba la Cirenaica en nombre de Ptolomeo I Soter, el antiguo general de Alejandro que se había erigido en rey de Egipto. Poco después, Agatocles traicionó a Ofelas, que fue asesinado, y el siracusano se hizo con el mando de las tropas de su antiguo aliado.

En 307 a.C., Agatocles llegó a la conclusión de que no podría ocupar Cartago, y logró firmar una paz que le era bastante favorable, ya que obligaba a los cartagineses a reconocer en Sicilia las fronteras previas a la expansión púnica. Agatocles regresó a casa y se hizo nombrar rey de Sicilia.

Tras unos años de tranquilidad, el rey emprendió una nueva expedición, esta vez a la Italia peninsular, en ayuda de Tarento, que se encontraba en guerra con la tribu de los lucanos. Agatocles derrotó a los itálicos, pero no consiguió extender su poder sobre el sur de Italia como pretendía.

Los últimos años de Agatocles estuvieron marcados por las intrigas palaciegas, instigadas por su nieto Arcágato. El padre de éste había muerto en África, ante lo cual el joven conspirador asesinó a su tío Agatocles, el otro hijo del rey, para quedarse como único heredero al trono. Viendo la que se avecinaba si el poder seguía en su familia, el rey Agatocles, antes de su muerte en 289 a.C., puso fin a su propia monarquía y restauró la democracia, aunque ésta duraría bien poco: a la muerte del rey, se produjo una nueva guerra civil, de la que salió victorioso el general Hicetas, que se instauró como nuevo tirano.

 EL ÚLTIMO GRAN ESTRATEGA

“Otra victoria así y estamos perdidos”, Pirro, rey de Epiro

Mientras los sucesores de Alejandro luchaban por los restos del imperio del Gran rey, otra fuerza emergía en el Mediterráneo. En Italia, un pueblo del Lacio avanzaba implacablemente conquistando todo a su paso. Este pueblo es Roma, que tras la Tercera Guerra Samnita (298-290 a. C.) controlaba gran parte del centro de la península. Y ahora los intereses romanos se encontraban en las ricas ciudades de la Magna Grecia.

Roma, con la excusa de ayudar a la ciudad de Turios, envió tropas en 282 a. C. para defenderla de sus enemigos, la vecina ciudad de Tarento. Naturalmente, los tarentinos no consintieron esta impertinencia  por parte de Roma, y declararon la guerra al pueblo latino. Tarento creía que tenía la obligación de defender a todas las comunidades griegas de su alrededor de posibles intervenciones extranjeras, aunque no poseía un ejército adecuado para ello. Es por este motivo que los tarentinos acudieron a los servicios de un ejército mercenario. Se eligió para esta empresa a  Pirro, rey de Epiro (actual Croacia), uno de los más brillantes estrategas de su tiempo, y cuyo talento militar no tenía mucho que envidiar al del propio Alejandro Magno.

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Busto de Pirro, rey de Epiro

Pirro en Italia

En 280 a. C. Pirro desembarca en Tarento con un poderoso ejército compuesto por falanges al estilo macedónico e incluso con elefantes. La primera batalla tiene lugar cerca de Heraclea, con resultado favorable para Pirro. Tras la batalla, gran parte de las ciudades que apoyaban tibiamente a Roma abandonaron su causa y se arrojaron en brazos de su salvador…o de su destructor. Los elefantes aterrorizaban a las tropas enemigas, mientras que la táctica macedónica seguía imponiéndose en el campo de batalla.

Sin embargo, a pesar de ser un brillante estratega,  Pirro se encontró con un enemigo difícil de doblegar: la indiferencia. A pesar de que muchas ciudades habían abandonado la causa romana, tampoco habían abrazado la de Pirro, fuese por miedo o por desconfianza. El rey, que esperaba contar con el apoyo incondicional de los lugareños, se encontró abandonado a su suerte con un gran ejército en tierra extraña.

Pirro derrotó nuevamente a los romanos en sucesivas batallas, pero cada vez era más débil, y su enemigo cada vez más fuerte y osado. El monarca decidió abandonar la zona para dirigirse a Sicilia, donde sus habitantes pedían auxilio ante el avance cartaginés, y probar suerte en una nueva aventura.

Pirro en Sicilia

Roma firmó un tratado con Cartago de ayuda mutua frente al aventurero griego. Mientras, Pirro vencía a todos los enemigos que se encontraba en Sicilia. Sin embargo, de nuevo Pirro debió enfrentarse a la indiferencia y la traición. A pesar del entusiasmo inicial de los sicilianos, pronto esa llama fue apagándose para convertirse finalmente en antipatía e incluso hostilidad. Pirro, amargado, desilusionado y frustrado, decidió abandonar a los ingratos sicilianos a su suerte.

De nuevo en Italia, Pirro venció otra vez a los romanos. Pero observando las bajas sufridas después de una de las batallas, exclamó “otra victoria así y estamos perdidos”, tras lo cual decidió volver a casa. De este modo, Roma ya no tenía ningún obstáculo para hacerse con el total control de Italia.

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Campaña de Pirro en el Mediterráneo occidental

El desdichado Pirro

De vuelta en Grecia, Pirro lucha contra Antígonos Gonatas por el trono de Macedonia. Una nueva petición de ayuda, esta vez desde Esparta, anima a Pirro a comenzar otra aventura. Sin embargo, tras saquear Laconia, el rey pierde la vida en Argos. La mala suerte se había cebado con el monarca durante toda su vida, y no lo fue menos en su última hora. Durante unos disturbios callejeros en Argos, una maceta (o una teja, hay teorías para todos los gustos) caída desde una ventana acabó con la vida del último gran militar griego en 272 a. C. Así acabó la vida de este desdichado aventurero que, vencedor de todas las batallas, nunca consiguió conquistar nada.

LA CONQUISTA ROMANA DE SICILIA

La marcha de Pirro había dejado una situación política complicada en Sicilia. La parte oriental de la isla estaba bajo el dominio de Siracusa. El ensayo democrático  instaurado por Agatocles fue interrumpido por Hierón, un joven oficial del ejército de Pirro. Nombrado estratega para frenar la amenaza  de las tropas cartaginesas, estableció un gobierno personal con apoyo de las oligarquías urbanas que se transformó en reino en el 269 a.C.

La parte occidental de Sicilia estaba dominada por los cartagineses. Cartagineses y griegos llevaban siglos de hostilidades en la isla, en sus frecuentes escaramuzas utilizaron tropas mercenarias mamertinas. Los mamertinos en su mayoría eran itálicos, de la región de los Apeninos, donde la presión demográfica les empujó a enrolarse como mercenarios en Sicilia en las huestes cartaginesas o en las griegas. Cuando se licenciaban se establecían en el interior a la espera de una próxima campaña, constituyéndose con el tiempo, según fueron aumentando en número, en desestabilizadores del equilibrio de fuerzas púnico-griegas.

Sicilia se había convertido en un polvorín y la mecha la encendieron los mamertinos. Estos mercenarios se habían hecho con el control de Mesina y, ante la amenaza de los siracusanos, pidieron ayuda a Cartago. Pero Cartago aprovechó la oportunidad para dominar la ciudad. Así, los mamertinos acosados en el exterior por los griegos y dominados en el interior por los cartagineses pidieron una nueva ayuda, esta vez a Roma.

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Movimientos iniciales de la Primera Guerra Púnica

Roma anteriormente no había demostrado interés por Sicilia, pero la petición de ayuda de los mamertinos fue cursada por el senado. Las razones por las que Roma envió un contingente en el 264 a.C. para enfrentarse a Cartago podrían estar en la defensa de un pueblo itálico. Sin embargo parecen más creíbles los intereses comerciales. La situación estratégica en la que se encuentra Mesina permitiría el control del estrecho y del paso hacia el mar Adriático. En cualquier caso, este hecho bélico rompía la vieja alianza suscrita en el 306 a.C. por Roma y Cartago, comenzando así la Primera Guerra Púnica. Al iniciarse el conflicto con Roma, griegos y cartagineses olvidaron sus rencillas aliándose para combatir juntos. Las derrotas sufridas ante los romanos forzaron a Hierón a maniobrar hábilmente, aliándose con Roma.

La alianza con Roma  permitió a Siracusa seguir siendo independiente al final de la Primera Guerra Púnica. Pero en 241 a.C. el resto de la isla pasó a dominio romano. Cuando Hierón falleció en el 215 a.C. inmersos en la Segunda Guerra Púnica, los siracusanos se inclinaron hacia el bando cartaginés, los romanos asediaron Siracusa y tras tomarla fue incorporada a la provincia de Sicilia en 212 a. C.

Epílogo

Con la caída de Siracusa, Sicilia se convierte en la primera provincia romana fuera de la península itálica. Así se puso punto final a la presencia griega en la isla, iniciada allá por 734 a. C. Sin embargo esta presencia dejó un importante poso cultural absorbido por los nuevos señores del Mediterráneo, los romanos.

Bibliografía

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua II. Roma. Barcelona, Vicens Vives, 2004.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

PLUTARCO. Vidas paralelas. Libro VII Timoleón y Emilio Paulo.

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

 

LA RUPTURA DEL IMPERIO ALEJANDRINO

LOS DIÁDOCOS Y LA FORMACIÓN DE LOS REINOS HELENÍSTICOS

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Configuración del antiguo imperio de Alejandro tras su muerte

La muerte de Alejandro Magno en Babilonia el año 323 a.C. supondrá el final de la unidad imperial que había creado a base de batallas y conquistas. El imperio que había formado el joven rey macedonio se sustentaba únicamente en su persona, en su carisma como líder y en sus ideales anti xenófobos que abogaban por la unión entre helenos y asiáticos, cosa que sus propios generales griegos no veían con buenos ojos. Estos generales, conocidos en la historia como los Diádocos, se enfrentarán en una serie de guerras que involucrarán también a sus hijos (los Epígonos), para repartirse el imperio alejandrino.

Al carecer Alejandro de descendencia legítima, algunos generales se postularon del lado de Arrideo, hijo bastardo de Filipo II, ya que el futuro hijo de Alejandro, a quien muchos veían como legítimo sucesor, aún estaba en el vientre de su madre, Roxana.

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Seleuco I NIcátor

La situación obligó al compromiso de ambos príncipes a gobernar conjuntamente. Mientras tanto, Antípatro sería el regente en Europa y  Pérdicas y Crátero quedaron como representantes de los regentes y los negocios. A Ptolomeo se le asignó Egipto, a Lisímaco Tracia, a Eumenes Capadocia, a Leonnatos la Frigia Helespóntica y a Antígono se le asignó Panfilia, Licia y la Gran Frigia. Seleuco no obtuvo territorios, pero fue nombrado jefe de la caballería, cargo militar de gran honor. Por tanto todo el imperio creado por Alejandro III de Macedonia quedó repartido entre sus fieles generales, macedonios todos excepto Eumenes, que era griego.

Pronto empezaron los conflictos territoriales entre los generales debido en gran parte a dos motivos: la falta de unidad que habría representado un heredero fuerte y capaz por un lado, y la sed de poder personal de algunos generales por otro. Durante cuarenta años los Diádocos lucharon entre ellos intentando aglutinar la unidad imperial bajo un solo mando, cosa que resultó imposible debido al equilibrio de poderes y las constantes intrigas y conspiraciones, y poco a poco se fue fraguando el inicio de nuevas dinastías de origen macedonio que durarían siglos y se enfrentarían al poder de la futura Roma: los Lágidas o Ptolomeos en Egipto, los Seléucidas en Asia y los Antigónidas en Macedonia.

Las cuatro guerras que protagonizan los diádocos están repletas de interesantes episodios y juegos de poder que en este texto solo podemos esbozar brevemente. A continuación daremos un repaso sobre las grandes líneas de desarrollo de los conflictos y su desenlace final sin entrar en detalles pormenorizados. En la bibliografía final podemos encontrar una serie de volúmenes para los más interesados en el tema.

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Posidonio, principal fuente para conocer los hechos

Según Posidonio, una de las principales fuentes que relata este periodo, tras una serie de conflictos territoriales en 323-322 a.C. (primera guerra), se organizó una paz en Triparadisos en 321 a.C. para reorganizar el Imperio, confiando algunas satrapías a nuevos gobernadores para evitar conflictos, pero el germen de la separación era ya evidente.

La muerte de Antípatro en 319 a.C. desencadenó nuevas hostilidades y llevó a la conocida “segunda guerra de los diádocos” (319-316 a.C.), en la que Casandro, hijo de Antípatro, hará aparición como brillante y despiadado estratega. Casandro se hará con el control de Grecia y apoyado por Antígono se desharán de lo que quedaba de la familia real macedonia. Así, en 317 se deshacen de Filipo III y su madre Olimpia y en 310 de Alejandro IV y su madre Roxana. Tras estos crueles sucesos ambos generales se enfrentaron entre ellos en la lucha por el poder, demostrando así su falta de escrúpulos y ansias de grandeza.

La llamada “tercera guerra de los diádocos” (316-312 a. C.) enfrentó a ambos estrategos de manera directa, aunque otros se vieron implicados de manera indirecta, como Ptolomeo, que tuvo que acudir en 312 a.C. a defender Chipre contra el hijo de Antígono, Demetrio Poliorcetes.

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La falange helenística era la base del ejército de los que habían sido generales de Alejandro Magno. Es un cuerpo heredero de la famosa falange macedónica equipada con sarisas, aunque incluye algunas innovaciones tácticas, como la aparición de nuevas unidades de infantería de élite (peltastas, tureóforos y toracitas), y de caballería (catafractos).

Desde el año 310 a.C. los generales se dedican a afianzar posiciones e influencias en sus respectivas áreas. Casandro se hará fuerte en Grecia con el apoyo de Atenas, pero en 308-307 a.C. es derrotado por Demetrio Poliorcetes y se ve obligado a unirse a él, a Seleuco y a Lisímaco. El nuevo dueño de la situación era ahora Antígono, que controlaba Macedonia mientras su hijo Demetrio hacía lo propio en Grecia y el Egeo.

Antes del año 305 a. C. todos los generales se habían hecho nombrar reyes en sus respectivos territorios.

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Moneda de Ptolomeo I, en la que aparece el título de basileus, afirmándose como rey de Egipto

Finalmente, la cuarta guerra de los diádocos pondrá punto y final a las tensiones entre los antiguos generales de Alejandro Magno y los hijos de éstos. Tras una coalición contra Antígono encabezada por Lisímaco y Seleuco, todos los contendientes se enfrentan en Issosm (Frigia) en 301 a. C., en donde muere Antígono en el campo de batalla y su hijo Demetrio  Poliorcetes se ve obligado a abandonar gran parte de Grecia para defender los intereses antigónidas en Macedonia. Lisímaco extenderá su influencia sobre Asia Menor, Seleuco hará lo propio en Siria y por último Ptolomeo en Egipto. Los distintos reinos ya quedaban así configurados salvo algunas zonas de influencia aun confusas. En cualquier caso la unidad imperial era ya un sueño imposible de alcanzar.

BIBLIOGRAFIA

BLAZQUEZ, J.M., LÓPEZ MELERO, R., SAYAS, J.J., Historia de la Grecia Antigua, ed. Cátedra, Madrid, 1989.

BRAVO CASTAÑEDA, G., Historia del mundo antiguo: una introducción crítica, ed. Alianza, 2005, Madrid.

HEINEN, H., Historia del helenismo: de Alejandro a Cleopatra, ed. Alianza, Madrid, 2007.

HIDALGO, Mª. J., SAYAS, J.J., ROLDÁN, J. M (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Ed. Salamanca, 2005, Salamanca.

 

Rubén Rodríguez Galán

Delia Egea Gómez

Pedro Aguado González

Manuel García Salazar

ALEJANDRO EN EL CONFÍN DEL MUNDO

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Tierra de Leyendas

Tracia, Grecia, Egipto, Persia, Bactria… Una a una todas las provincias del mundo civilizado habían caído bajo el poder de Macedonia. Ahora, tras derrotar definitivamente a Darío III, Alejandro se encontraba en los confines del mundo conocido, más allá de Samarcanda (Uzbekistán). Pero para el Gran Rey el mundo no era suficiente. Necesitaba más. Ante él se encontraban las montañas del Hindu-Kush, y más allá, la India.

En la primavera de 329 a. C., Alejandro atraviesa la cordillera con sus hombres, un camino que posiblemente no tuviese marcha atrás. Su ejército era cada vez más pequeño, no podía recibir refuerzos desde ningún lugar, el terreno era complicado, terriblemente complicado, y las tribus locales eran altamente hostiles al invasor. Los macedonios estaban acostumbrados a la guerra abierta, pero estas tribus preferían la guerra de guerrillas, algo que exasperaba a los helenos.

Pero el mayor problema para los macedonios era su propio rey. El monarca ya no era ese líder carismático que arrastraba a las masas al combate. Se había convertido en un rey distante, altivo y cada vez más enajenado. Veía conspiraciones tras cada sombra, y llevó a cabo varias purgas entre sus oficiales, a pesar de que eran leales. Incluso llegó a matar a Clito, uno de sus mejores generales y amigos, en un acceso de cólera. Además, se había casado con Roxana, una noble sogdiana, y había incluido treinta mil extranjeros en su ejército. Todo esto contribuía al descontento entre la tropa, que lejos de casa, acosados continuamente por el enemigo y en tierra extraña veían cómo su líder, su verdadera fuerza, era cada vez más impredecible y peligroso.

Sin embargo, en 327 a. C. el Gran Rey logró formar un formidable ejército, esta vez compuesto por macedonios y por un enorme aporte de extranjeros, y avanzó hacia el corazón de la India. La excusa para la invasión fue “ayudar” a un reyezuelo local que luchaba contra el poderoso rey Poros y sus ejércitos de elefantes.

La lucha contra Poros

La última gran batalla de Alejandro se libró a orillas del río Hidaspes, afluente del río Indo. En la ribera de este gran río aguardaba Poros, señor de los elefantes. Su ejército contaba con cerca de ciento cincuenta de estas bestias de batalla y un descomunal número de tropas a pie (cincuenta mil según Diodoro Sículo).

A pesar de la enorme superioridad numérica del ejército de Poros, Alejandro demostró de nuevo su talento táctico. Consiguió cruzar el río y capturar al monarca enemigo gracias a una hábil maniobra envolvente.

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Para Alejandro la batalla mantenida con el rey Poros era un episodio más que le llevaba a continuar su ambición expansionista. Así se entiende que continuara con la fundación de las ciudades de Nicea (‘victoria’ en griego) conmemorando la obtenida frente al fiero rey Poros; y de Bucéfala, en recuerdo a su fiel caballo. Sin embargo, los macedonios estaban cansados de combatir y añoraban el hogar. Desde el inicio de la aventura, ocho años atrás, habían recorrido dieciocho mil kilómetros, y hacia el Este al otro lado del río Hifasis, estaba acampado un nuevo enemigo desconocido. En la Asamblea con su ejército, Alejandro  escuchó las quejas de sus compañeros y se decidió no proseguir.

Para saber más (documental en 4 partes):

 

El camino de vuelta

La vuelta a casa la iniciaron tomando rumbo Sur siguiendo el curso de los ríos Hidaspes, Acesines y más tarde por el Indo hasta su desembocadura en el Océano Índico siete meses después. En el trayecto tuvieron que enfrentarse con los llamados Malios, según las crónicas el pueblo más fiero de la India, a los que derrotaron. En esta batalla Alejandro fue gravemente herido, teniendo que detener el regreso hasta que su salud mejoró. El sanguinario escarmiento dado a los malios atemorizó a los diversos pueblos con los que se encontraban. Musicanos, oxicanos y sambos se rindieron, permitiendo que sus príncipes conservaran su poder, pero incorporándolos al imperio  de Alejandro en forma de satrapías.

Siguiendo el río Indo llegaron  a Patala, momento en el que parte del ejército al mando de Crátero inicia la marcha hacia el Oeste para reunirse con el resto de la hueste en Carmania. Desde Patala  hasta la desembocadura, el Indo se bifurca en dos ramales formando un amplio delta. Las crónicas afirman que Alejandro recorrió los dos ramales hasta llegar a una isla del delta llamada Ciluta, donde realizó sacrificios dando gracias a los dioses por haber llegado hasta allí.

Desde este punto, Alejandro decidió marchar hacia Persia por un camino paralelo a la costa a través del desierto de Gedrosia, mientras que Nearco realizó el trayecto por mar. Esta decisión acarreó trágicas consecuencias para las tropas que siguieron a Alejandro, solo la cuarta parte de los que iniciaron el trayecto consiguieron sobrevivir. Los historiadores se han preguntado cuál sería la razón que impulsó a Alejandro a utilizar esta ruta. Nearco en sus memorias, afirma que para realizar la vía marítima tuvieron que esperar a que se calmasen los vientos desfavorables que en invierno soplan en esas latitudes. Pero Alejandro no esperó y marchó por el desierto ignorando su extrema dureza. Sin embargo, dentro de la aureola mítica en la que está envuelto, se le atribuye la decisión de cruzar el desierto conociendo que Ciro y Cambises habían frenado su expansión hacia la India  ante la imposibilidad de cruzar el desierto de Gedrosia. Por el camino tuvieron que sacrificar los animales para alimentarse, consiguiendo llegar a Carmania a comienzos del 324 a.C. donde recibieron avituallamientos de los sátrapas vecinos. En Carmania se encontró con las tropas que habían realizado el trayecto Norte desde Patala comandadas por Crátero.

El fin de una era

De vuelta en Susa (Irán), Alejandro desposó dos nobles aqueménides, al tiempo que obligó a varios de sus oficiales a seguir su ejemplo. Esta política de fusión étnica  forzosa no agradó en absoluto a sus hombres, aunque transigieron… de momento.

Por otra parte, los problemas crecían en todo el imperio. Las satrapías orientales se independizaron apenas Alejandro abandonó la India. En el otro extremo del imperio el rey de Esparta, Agis III, había sublevado la mayor parte de Grecia. Mientras, las conspiraciones en el entorno más cercano del Gran Rey se sucedían. Alejandro envió a uno de sus generales, Antípatro, para sofocar la revuelta helénica. Pero las provincias indias se perdieron para siempre.

Una vez sofocadas las revueltas, Alejandro continuó sus planes de dominación mundial. Proyectó expediciones al mar Caspio, Arabia e incluso llegó a plantearse la invasión del Mediterráneo Occidental, dominado por Roma y Cartago. Sin embargo, la muerte sorprendió al rey en Babilonia en 323 a. C. Hay múltiples teorías sobre su muerte: envenenamiento, paludismo, pulmonía, vida disoluta… Seguramente nunca se sabrán las verdaderas causas de su defunción, ni hasta dónde podría haber llegado su ambición.

La leyenda de Alejandro

Alejandro Magno alcanzó rápidamente estatus de figura legendaria. Además de las historias biográficas de Plutarco o Arriano, gozó de gran popularidad en la Edad Media el llamado Romance de Alejandro, que se atribuyó erróneamente a Calístenes, historiador que acompañó a Alejandro en sus campañas. En realidad, la primera versión del Romance se escribió en el siglo III d.C., y se hicieron numerosas versiones en distintos idiomas hasta el siglo XV.

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Imagen de Alejandro Magno con un tocado de elefante en una moneda Ptolemaica

Además de cometer numerosos errores historiográficos, el desconocido autor del Romance se dejó llevar por las historias más fantásticas de la vida y los viajes de Alejandro. Según se va alejando de Grecia, más maravillosas son las criaturas que se encuentra en el camino. Sus aventuras en la India están narradas en primera persona, en forma de una carta enviada por el propio Alejandro a su mentor Aristóteles.

Tras derrotar a Poros, Alejandro y su ejército continúan viajando hacia el este cargados de oro y riquezas. Una vez en India, los peligros son constantes: desde «hipopótamos de cuerpos mayores que los elefantes», que arrastran y devoran a los que tratan de cruzar el río que habitan, hasta leones «de tamaño semejante al de los toros», además de grifos y del famoso “odontotirano,” una especie de rinoceronte gigante. También conocen a gentes mitológicas como los cinocéfalos, con cabeza de perro.

Pero quizás la parte más interesante de esta historia legendaria está al final del relato, cuando Alejandro llega a un santuario donde se encuentran dos árboles oraculares, uno masculino, que emite sus predicciones al salir el sol, y uno femenino, que lo hace cuando sale la luna. Los oráculos le anuncian a Alejandro que la muerte está cercana, tanto que no volverá a ver Macedonia, sino que morirá en Babilonia. Además, le auguran el posterior asesinato de su madre y hermana, pero le advierten de que no podrá evitar el destino que ya ha sido determinado. Alejandro, resignado a su suerte, emprende entonces el regreso a occidente.

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Mapa de la campaña de India con las ciudades fundadas por Alejandro III

A modo de resumen:

 

Bibliografía

ARRIANO DE NICOMEDIA. Anábasis de Alejandro Magno.https://sites.google.com/site/adduartes/home/anabasis_arriano/libro-6

BLAZQUEZ, J. M.; LÓPEZ MELERO, R.; SAYAS, J.J. Historia de Grecia Antigua. Madrid: Cátedra, 1989

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca: Ed. Salamanca, 2005.

PLUTARCO. Vidas paralelas. Libro VI. Alejandro Magno-Julio César.

PSEUDO CALÍSTENES, Vida y hazañas de Alejandro de Macedonia. Madrid, Editorial Gredos, 1977

 

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

 

EL SIGLO DE ORO DE LA CULTURA GRIEGA

ἓν οἶδα ὅτι οὐδὲν οἶδα, hèn oîda hóti oudèn oîda

(“Solo sé que no sé nada”)

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Conocido también como el Siglo de Pericles, el periodo comprendido entre los siglos V y IV a.C. supuso el mayor auge en la historia del pensamiento y la cultura griega. Pericles, influyente político y orador ateniense, consolidó las instituciones democráticas y apoyó el desarrollo de su cultura, asegurando así la hegemonía de Atenas. Sus años de gobierno significaron el apogeo de las diversas manifestaciones culturares, correspondiendo a la superioridad de Atenas, vencedora de las Guerras Médicas. La civilización griega se desarrolló con una rapidez nunca vista hasta entonces, debido al esfuerzo que tantos hombres célebres dedicaron al cultivo de la cultura. Unidos a una nueva forma de gobierno, la democracia, alcanzaron su plena madurez todos los géneros artísticos y literarios, además del pensamiento filosófico. Arquitectura, escultura, historia, medicina, drama, comedia, filosofía… todo aquello relacionado con la esencia del Estado y el hombre tenía cabida en la capital ateniense.

EL TEATRO

La situación por la que ha pasado un ciudadano ateniense le ha dado motivos para ser un ente político. La elección de la obra no se dejaba al libre albedrío; era elegida colectivamente mediante un concurso dramático donde el arconte elige entre los poetas que deben presentar cuatro obras: una trilogía y un drama. Al que ganaba se le daba un coro además de todos los gastos pagados. A las obras asistía todo el pueblo y una comisión de las ciudades aliadas. Se cultivaron principalmente dos géneros: la tragedia y la comedia.

Tragedia

La representación de las tragedias estaban destinada al pueblo, le evocaban sus antiguos mitos, y los linajes protagonistas formaban parte de una familia de héroes. También trataban temas de actualidad como la toma de Mileto de Frínico o los persas de Esquilo. Hablan temas que preocupan al hombre griego, la concepción del mundo, la fragilidad, y sus anhelos. A través del mito el poeta da una visión del mundo y de la realidad histórica en la que está inmerso con la intención de enseñar y educar a los ciudadanos.

Esquilo. Nació en 525 a.C, en Eleusis, en una familia noble. Durante su vida vio muchos cambios políticos en Grecia; desde la tiranía de Hipias hasta la democracia de Pericles. Luchó en las guerras médicas, hecho que marcó su vida. Venció en trece concursos e hizo alrededor de noventa tragedias y dramas satíricos. De esta obra tan prolífica sólo conservamos:Los persas, Los siete contra Tebas, La trilogía de Orestía (Orestiada), Las suplicantes y Prometeo.

La actitud que adoptan las divinidades en las obras de Esquilo son entre engañosas y celosas, enviando desgracias a los hombres para que prevalezca la justicia. El tema de la hybris (descontrol de los impulsos) está muy presente en todas sus composiciones: en el deseo de Jerjes de invadir Grecia; o en el intento de Agamenón de sacrificar a Ifigenia.

La filiación de la culpa es otro de los grandes temas recogidos por Esquilo. ¿Hasta cuándo la culpa de una persona persigue al resto de la familia? Por ejemplo: Apolo prohibió a Layo tener hijos. Sin embargo, de su unión con Yocasta nació Edipo, éste mató a su padre, se casó con su madre – sin saber que lo era-, tuvo cuatro hijos y, cuando se dio cuenta del incesto cometido, se arrancó los ojos maldiciendo a sus hijos.

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Sófocles. Nació en Coloma, en torno a 496 a.C., y perteneció a una familia noble. Formó parte del coro que se creó para honrar la victoria sobre los persas en Salamina. Participó como strategos junto a Pericles, y posteriormente con Nicias.

La tradición habla de 133 dramas, poema y elegías, pero conservamos sólo siete tragedias, un drama satírico incompleto y fragmentos sueltos. Las más destacables Ayax, Filoctetes, Electra como parte del ciclo troyano. Del tebano, Antígona, Edipo Rey y Edipo en Colona. Al ciclo de Heracles pertenece Las tranquinias y el drama incompleto Los Rastreadores.

A diferencia de Esquilo, las obras de Sófocles son cerradas, es decir, no forman parte de una trilogía. Mientras en el primero, el protagonismo de la historia lo tiene el conjunto, en el segundo recae sobre una única persona. Sin embargo, en ambos, los dioses, sus apetencias, su ira, sus excesos están patentes.

Eurípides. Posiblemente nació en 480 a.C, en Salamina, coincidiendo con el día de la batalla. La situación económica de sus familia no está clara, puesto que unos dicen que era aristocrática y otros que no. Sus obras no gozaron de mucha fama entre los atenienses por eso se vio obligado a marchar a la corte de Arquelao en Macedonia, en torno a 409 a.C.

Sabemos que escribió 92 dramas y una sátira, de los que se conservan menos de una veintena. Las obras pueden dividirse en varias etapas: Alcestis, Medea, Hipólito corresponden a la primera (438 – 428 a.C.); Hécuba, Andrómaca, Los Heráclidas, Heracles y las Suplicantes a la segunda (426 a.C. – 420 a.C.); e Ifligenia en Taúride, Ion, Helena, Las fenicias, Electra, Orestes, Ifligenia en  Aúlide, Las troyanas y Las bacantes, a la última (416 a.C. – 406 a.C.)

Al igual que los anteriores, Eurípides también expresa sus ideas políticas. La diferencia viene marcada por hacer que los sentimientos de los personajes destaquen por encima de dioses o actos. En sus obras el amor y el odio son los protagonistas.

Comedia

El origen de la comedia está en la utilización de máscaras de animales en las fiestas y en las procesiones fálicas que se hacían por toda Grecia.

Epicarmo. Es considerado el padre de la comedia. Conocemos fragmentos de sus obras, que nos sirven de guía para trazar características básicas para estudiar autores y comedias posteriores. El soldado fanfarrón, el borracho, …, son personajes que aparecerán en todas las obras. Usa la comedia para destacar la ideología del autor y satirizar acciones del gobierno.

Cratino. Introdujo elementos técnicos nuevos y venció a Aristófanes con la comedia La botella, después de que aquel le acusara de borracho.

ImagenAristófanes. Sin duda el personaje más conocido, y prolífico, dentro del mundo de la comedia. Nació en Atenas en torno al 450 a.C. en el seno de una importante familia de Egina. Compuso cuarenta obras de las que conservamos solo once enteras.

Cualquier tema será blanco de su sátira, desde la educación a la política. Comenzó su carrera con Los comensales y Los babilonios. En la primera puso de manifiesto su acritud contra los sistemas educativos y en la segunda criticó la política de Cleón. Cuestionó la guerra, la demagogia y la democracia en Los arcanienses, Lisístrata y Los caballeros. Siempre con tono jocoso y sin hacer mención directa Aristófanes, envió siempre un mensaje pacifista a sus espectadores.

En Los caballeros, un anciano campesino pacifista se opondrá a un rudo y fanfarrón soldado. En Lisístrata, pone de manifiesto su rechazo a la guerra haciendo que las mujeres se opongan a tener relaciones sexuales si sus maridos van a la guerra. En Asamblea de mujeres, propone un gobierno dirigido por las mujeres, coincidiendo con la derrota de Atenas. Las nubes es la única obra donde se aleja un poco de la crítica feroz, pero jocosa, poniendo en la piel de dos atenienses cansados de la situación fundar una ciudad en las nubes, llamada Nefelococigia, donde no tendrían cabida los estreses de comerciantes, poetas y políticos.

FILOSOFÍA

La filosofía griega nace con las primeras reflexiones de los presocráticos, que se centran en la naturaleza; teniendo como base el pensamiento racional o logos. El objetivo principal de los filósofos presocráticos era encontrar el arché, el elemento primordial de todo. La búsqueda de una sustancia permanente frente al cambio, de la esencia frente a la apariencia, de lo universal frente a lo particular se convertirá en la base que asienta futuras explicaciones filosóficas.

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Del mito al logos

Cuando en Grecia se crearon las escuelas y las academias, éstas se convirtieron en los instrumentos necesarios para el progreso del saber y para la transmisión de su herencia espiritual a todo el mundo. Su filosofía, su ciencia y su cultura pudieron así ser legadas a Occidente.

La cultura griega, que podemos sintetizar con la frase ‘del mito al logos’, es la culminación del proceso racional que ilustra el campo del saber producido en el siglo IV a.C. El logos –razonamiento, habla- había conseguido desarrollar en este siglo, no sólo la filosofía, sino también otras disciplinas como la retórica. Por oposición a este logos, relacionado con lo humano, aparece el concepto de physis –naturaleza-, con sus leyes inmutables que no pueden ser cambiadas por factores externos.

La evolución de la filosofía en este siglo empieza a desprenderse de esos preceptos de la escuela milesia de Jonia,  centrada únicamente en el cosmos y el origen constitutivo de las cosas. Las primeras reacciones vienen con los filósofos Parménides, y su escuela de lo “inmutable”, y su polo opuesto, Heráclito, donde todo se mueve y nada permanece. Dos caras de una misma moneda que ya  anuncian esa ruptura con las tradiciones anteriores.

Empédocles y Anaxágoras aúnan a su vez tradiciones anteriores, analizando el origen constitutivo de las cosas, a lo que van añadiendo nuevos planteamientos. En estos, tratan como una serie de fuerzas, Amor y Lucha, y Entendimiento en el segundo autor, son las responsables de la creación y destrucción de todo a partir de esas “materias” constitutivas iniciales, que se unen y desunen a voluntad de estas fuerzas. A partir de esto, Demócrito va más allá, construyendo un hibrido entre ambas teorías donde los átomos, indivisibles ya e iguales, se mueven por sí mismo en el espacio.

Con los pitagóricos llega realmente una ruptura, ya que su filosofía viene a centrarse en el comportamiento ético del hombre y la preocupación por la purificación del alma. El hombre empieza a ser el centro de la filosofía, y ya no solo el hombre, sino ete en sociedad. Esto trae consigo la aparición de los sofistas, los primeros “profesores de la historia”, que se dedicaban a la enseñanza de una élite que buscaba el triunfo en la vida pública y social a través de la oratoria y la retórica. La oratoria se desarrolló enormemente gracias al impulso dado por estos filósofos, puliéndose un estilo bello y poético que servía para convencer al público y encandilar a los ciudadanos. Oradores como Antifón, Lisias o Isócrates se dedicaron a este negocio de la oratoria, pero será Demóstenes el más famoso de todos ellos. Como reacción a estos métodos, aparece la figura de Sócrates, persona que con una método dialéctico buscaba la moralidad y la justicia en todas las cosas: “Sólo sé que no sé nada”, auténtica reflexión que cargaba contra los sofistas y su saber “enciclopédico”. Finalmente fue condenado a muerte por corromper a la juventud ateniense, suicidándose con cicuta antes de que fuese ejecutado.

Las dos figuras más relevantes de este momento fueron Platón (discípulo de Sócrates) y Aristóteles. Para conocerlos mejor, girar la mirada hacia Sócrates, maestro de maestros, Sócrates no llegó a escribir, o al menos no nos ha llegado escrito alguno, y, a pesar de haber tenido numerosos seguidores, nunca creó una escuela filosófica. Las llamadas escuelas socráticas fueron en realidad iniciativa de sus seguidores.

A Sócrates le interesaba fundamentalmente la formación de hombres de bien, con lo que su actividad filosófica quedaría reducida a la de un moralista práctico: el interés por las cuestiones lógicas o metafísicas sería algo completamente ajeno a Sócrates.

Platón: En busca de la belleza de las cosas.

ImagenLa creencia de Platón en las ideas está asociada con su pasión por las definiciones, pues ambas se basan en la convicción de que actos y conceptos hermosos tienen algo en común.

Según Platón, todos forman parte del ideal de la belleza. Aunque un atardecer hermoso parezca distinto de una demostración matemática soberbia o de un joven atleta igualmente atractivo, lo que une a todos estos elementos es más fuerte que lo que les separa. Quizás la mejor manera de entender la relación existente entre apariencia y realidad, según la visión global de Platón, se encuentra en el contexto de las matemáticas.

Aristóteles: El emprendedor.

ImagenDiscípulo más brillante de Platón, fue el fundador del conocimiento científico en Atenas, el Liceo. Para éste, la fuerza dinámica del cambio tenía mucho que ver con el disfrute de la vida mental. El movimiento en pos de un determinado fin u objetivo es lo que, a su juicio, constituye la fuerza rectora de la vida. Según el filósofo, sólo el primer motor había creado el universo en consonancia con los fines que perseguía; el primer motor no era movido por nadie. En definitiva, este primer motor, era Dios.

“…También un poema, un cuadro, un drama son para nosotros documentos, testimonios de una historia viva y humana, saturados de pensamiento y de acción en potencia” (L. Febvre 1986, 29-30)

 

HISTORIA

El concepto de Historia en el mundo griego es muy distinto al que tenemos concebido hoy en día, ya que con posterioridad, sobre todo en la Edad Media y en la Edad Moderna, se utilizaba la escritura histórica para plasmar conocimientos y legarlo las comunidades de los años venideros. Los historiadores griegos, no eran profesores ni académicos. No escribían sus obras con el objetivo de desvelar ninguna verdad de los acontecimientos ocurridos en el pasado. Eran personajes relevantes de la política o de la actividad militar del momento, como es el caso de Tucidides. Los “historiadores” griegos escribían principalmente para sus contemporáneos, y más concretamente para las clases dirigentes, ya que eran están las que contaban con un nivel cultural más elevado.

Sus obras trataban asuntos políticos y militares, sin prestar un gran interés por la economía, la cultura o los asuntos sociales, en contraste con nuestros libros de Historia, en los que estos temas (economía, cultura y sociedad) ocupan la mayor parte de las páginas.

Se puede decir que la manera de escribir los textos era altamente partidista, centrándose en una ciudad o un personaje, y narrando los hechos a partir de ellos, mostrando abiertamente sus preferencias políticas e ideológicas. Pero se tiene que tener cuidado con estos textos, ya que los hechos que relatan en algunas ocasiones cuentan hechos de carácter mitológicos, mezclándolo con la realidad. En las ocasiones que los autores hacen referencia a los acontecimientos del pasado, las fuentes utilizadas son tradiciones orales, y muchas veces interesadas, ante las cuales se debe de mostrar un carácter crítico y de poca fiabilidad, o de autores antiguos cuyas obras no se conservan.

Uno de estos autores, que cuenta los acontecimientos a partir de la tradición oral, y ante los que hay que mostrar cierto grado de crítica es Herodoto, el cual centra parte de su obra en la batalla contra los persas, la cual no fue contemporánea a su tiempo.

Aun con todo esto, se puede decir que los griegos inventaron el concepto de Historia, ya que se produjo un cambio en la forma de escribir, pasando de las listas reales o los tratados, obras típicas de las zonas orientales, a una manera de escribir más argumentada y racional.

ORATORIA

En el proceso de cambio que estaba viviendo Grecia, con la llegada de Filipo y el fin de las ciudades-estado, se puede hacer visible el cambio no solo en la política, sino también en otros ámbitos como es el de las letras, con un gran progreso, donde la oratoria será uno de los géneros que más evolucionara y destacará.

Los oradores eran personas que realizaban discursos de defensa ante las cortes de justicia nombradas, por encargo y a las que se las pagaba por sus servicios. Era además el medio más adecuado para atacar a los enemigos políticos y para hacer triunfar sus propuestas ante la Asamblea Popular. Gran parte de los aconteceres históricos y políticos de este periodo, los conocemos gracias a los discursos de estos oradores. Algunos de los más conocidos eran Lisias, Isócrates y Demóstenes.

ARTES PLÁSTICAS

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Discóbolo de Mirón

En el paso de la época arcaica a la clásica, se rompe radicalmente con los cánones antiguos para darle tanto a la arquitectura como a la escultura una nueva estética. Todo cobra más sentido, más vida, empezando por las propias ciudades. El denominado “plano hipodámico” –trazo de las calles en cuadrícula- se generaliza como solución racional al problema de los espacios en las urbes y el templo alcanza unas cotas de perfección con el uso del nuevo estilo jónico que se impone en toda la arquitectura. El culmen de todas estas innovaciones lo tenemos en la Acrópolis de Atenas, donde se construye el imponente Parthenon bajo la dirección de Fidias.

El cambio en la escultura evidencia aún más esa ruptura. Se acaba totalmente con el convencionalismo y el hieratismo, liberando a las esculturas de su rigidez y dotándolas de una belleza ideal basada en unos determinados cánones. Ese nuevo ideal de belleza conseguía transmitir una serenidad y armonía sin precedentes. Los representantes de este arte que consiguieron a su perfección fueron Fidias (Zeus de Olimpia), Policleto (Doríforo), y Mirón (Discóbolo). Durante la siguiente centuria, escultores como Praxíteles, Lisipo o Escopas inician nuevas líneas de transición, que, sin romper con lo anterior, representan en las nuevas esculturas los gustos desarrollados por la sociedad griega en plena evolución.

En cuanto a la pintura, nos ha llegado a través de la cerámica y de las fuentes literarias, ya que no se han conservado restos de decoración pictórica en viviendas o templos, aunque sí conocemos el nombre de algunos de los pintores mas destacados como Apolodoro o Polignoto.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J.M. (coord.) et al.; Historia de Grecia, Cátedra, Madrid,1986.

BRAVO, G., Historia del mundo antiguo, Crítica, Madrid, 2005.

GÓMEZ ESPELOSÍN, F.J., Historia de Grecia en la Antigüedad, Akal, Madrid, 2011.

HIDALGO, Mª. J. – SAYAS, J.J. – ROLDÁN, J. M. (coord.), Historia de la Grecia Antigua, Editorial Salamanca, Salamanca, 2005.

POMEROY, S., La antigua Grecia: historia política, social y cultural. Barcelona, Crítica, 2011

TOVAR, A., La decadencia de la polis griega, Fundación Pastor, Madrid, 1961.

VÁZQUEZ HOYS, A. Mª., Introducción a la historia antigua-II. El mundo griego. Tomo II. Simancas Ediciones, Madrid, 1993.

V.V.A.A. Historia de Grecia antigua, Madrid, Cátedra, 1989.

Pedro Aguado González

Iván Blanco Rodrigo

Delia Egea Gómez

Manuel García Salazar

Lucía Gaspar Morales

Rubén Rodríguez Galán

Francisco Tello Cobos

ECONOMÍA Y SOCIEDAD EN LA ÉPOCA CLÁSICA

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(Post pensado como recurso didáctico para el aprendizaje de Historia en la ESO)

Sociedad

En la sociedad griega no puede hablarse de “clase” social, pues este término solo puede aplicarse a las sociedades industriales, a partir del s. XVIII d.C. Además, en el caso de Grecia, tanto los hombres libres como los esclavos trabajaban codo con codo en las mismas actividades. Solo se diferenciaban en que el libre trabajaba para conseguir un beneficio para él mismo mientras que el esclavo trabajaba para que su dueño se quedase con parte de los beneficios.

La sociedad griega quedará entonces dividida en 3 grupos jurídicos: ciudadanos, no ciudadanos y esclavos.

Ciudadanos

El ciudadano nacía, no se hacía. O dicho de otro modo, una persona era ciudadana si al menos su padre era también ciudadano. En algunas ciudades como Atenas era necesario que ambos padres fuesen ciudadanos para que su hijo también lo fuese.

Los ciudadanos gozaban de todos los derechos del estado, pero tenían también ciertas obligaciones. En Atenas por ejemplo solamente los ciudadanos podían participar de la política, y solamente ellos podían comprar tierras. Solo en casos excepcionales se permitía a extranjeros comprar tierras, pero nunca participarían en la política. Entre las obligaciones de los ciudadanos estaba defender la ciudad ante el enemigo y participar obligatoriamente en la política.

La situación de la mujer en Grecia era especial. Durante toda su vida estaba sometida a la autoridad de algún hombre (padre, hermanos, marido…). Las mujeres, aunque ellas mismas fuesen ciudadanas, no tenían casi ninguno de los derechos que tenían los hombres. Solamente tenían un papel destacado en la educación de los hijos y en las fiestas religiosas. Había algunos casos en los que la mujer debía pedir permiso para salir de casa. Pero esto era en teoría, pues seguramente en la práctica la mujer podría actuar con más libertad. En el caso de Esparta, por ejemplo, las mujeres recibían educación y podían hacer deporte con toda naturalidad en el exterior.

No ciudadanos libres

Si un individuo no reunía los requisitos para ser un ciudadano, pasaba a una segunda categoría. Eran los periecos (en Esparta, Tesalia, Creta, Licia y algunas ciudades más) y los metecos (en Atenas). En el caso de los periecos, eran individuos de otras ciudades sometidos por una ciudad principal. En Esparta, los periecos eran los que trabajaban en las actividades que los ciudadanos tenían prohibidas: artesanía, campesinado, comercio, etc.

Los metecos, por su parte, eran considerados como extranjeros en Atenas. Tenían algunos derechos, pero no tantos como los ciudadanos. Además, debían pagar tanto los impuestos normales de la ciudad como otros especiales para extranjeros o metecos. No podían comprar tierras, así que se encargaban de la artesanía, el comercio, etc. Sin embargo, sí podían ayudar al ejército ciudadano en la protección de la ciudad y en la marina de guerra.

Esclavos

La situación de los esclavos no era igual en todas las ciudades griegas. En Tesalia eran denominados penestai, y eran desde esclavos asalariados a individuos que podían tener casi tanta riqueza como sus dueños. En el extremo opuesto están los hilotas espartanos. Estos esclavos pertenecían al estado, no a un individuo, y sus condiciones eran pésimas. Se les obligaba a trabajar el campo y eran maltratados continuamente para que perdiesen toda voluntad.

Como negocio, el comercio de esclavos era uno de los más rentables. Los esclavos costaban poco y se obtenían muchos beneficios por su venta. Su número en algunas ciudades, como Esparta, fue incluso mayor que el de los ciudadanos. El esclavo no tenía ningún tipo de derecho, y si pertenecía a una persona, ésta podía disponer de él como si fuese un objeto.

A pesar de que no tenían derechos, no todos los esclavos vivían igual. Había algunos casos raros como los de los hilotas espartanos, pero también había casos en que los esclavos vivían en sus propias casas y ganaban lo suficiente como para poder comprar su libertad algún día. Estos esclavos, una vez habían sido liberados, pasaban a considerarse periecos o metecos.

La economía

A pesar de que en el mundo griego encontramos distintas formas políticas que han llevado a historiadores a pensar en poleis eminentemente comerciales, todos los estados basaban su riqueza en la agricultura. La agricultura era la principal fuente económica, necesaria para que la comunidad subsistiera.

La tierra

La posesión de la tierra daba a la aristocracia prestigio social, al ciudadano le proporcionaba independencia económica y en algunos estados era requisito para ser ciudadano. En otros casos le evitaba tener que pasar por la vergonzosa situación de trabajar para otros o en otra actividad, como reflejan las comedias de la época.

Con el paso del tiempo, el exceso de población y la falta de terreno cultivable dificultaban el abastecimiento alimentario, empujando a algunas ciudades a desarrollar otras actividades complementarias como las comerciales y las artesanales, intercambiando en el exterior sus productos manufacturados por alimentos. También se incentivó monocultivos como la vid y el olivo destinados a la exportación, a cambio de importar principalmente trigo. La Guerra del Peloponeso destruyó estos cultivos, llevando a sus propietarios en numerosas ocasiones a tener que vender sus propiedades, a pesar de que Aristóteles afirmaba que la propiedad agrícola no se podía vender.

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La artesanía

La ciudad era el ámbito en el que se sitúa el origen y destino de la actividad exportadora; allí estaban las manufacturas artesanales y, a la vez, era el destino de los productos elaborados más complejos. La calidad de la artesanía mejoró con los contactos externos y con el gusto por la belleza de los griegos, surgiendo talleres especializados en productos para la gente acomodada y sobre todo para la exportación. Pero la mayoría de los talleres se situaban dentro del hogar, eran de pequeño tamaño, y en ellos trabajaba la familia y algún esclavo.

Entre los productos elaborados en los talleres artesanos destacan los cerámicos, presentes en casi todas actividades cotidianas como urnas funerarias, envases, decoración, etc. La cerámica de lujo, como la realizada en el Ática, fue la mercancía principal de la exportación, encontrándose en cualquier punto del Mediterráneo. La artesanía textil realizada en lino y lana alcanzó gran desarrollo, encontrando distintos niveles de calidad desde la utilizada en la vida cotidiana, hasta las telas de lana fina de Mileto o las túnicas de Amorgo.

Las minas eran propiedad del estado, arrendando su explotación a particulares que  utilizaban esclavos para su extracción. Son conocidas las minas de plata del  Laurión en el Ática, de vital importancia para la economía. Los productos metalúrgicos venían fabricándose en el entorno rural ante la necesidad de surtirse de herramientas y objetos para el campo. La Guerra del Peloponeso incentivó la fabricación de armas para la guerra como escudos, espadas, lanzas, armaduras, etc., adquiriendo esta actividad un enorme desarrollo, encontrando testimonios que afirman la existencia de talleres de escudos donde trabajaban ciento veinte esclavos.

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Carpintero de terracota, siglo V a.C.

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El comercio

En la Época Clásica, se comerciaba en el ágora o plaza pública de las ciudades. Los agricultores, artesanos y pescadores de la región llevaban sus productos a la ciudad más próxima para venderlos. También había tiendas permanentes donde se vendía productos comprados en otras zonas. Existían además intermediarios, que compraban productos a otras personas y los vendían por un precio más alto. Éstos tenían muy mala reputación entre la sociedad, porque eran de clase baja y porque a menudo ignoraban los reglamentos que trataban de imponer los empleados municipales.

En el siglo V a.C. hacía poco que se había empezado a usar la moneda para las compras, y todavía era muy frecuente el trueque, donde se intercambiaban unos productos por otros. En el siglo IV a.C., ya se utilizaba monedas para casi todas las operaciones comerciales.

Por otro lado, estaba el comercio entre ciudades-estado. Los estados no dirigían el comercio, salvo para asegurar que la población tuviera siempre suficiente cereal. En general, estaba a cargo de ciudadanos privados, que lo realizaban para enriquecerse. Por las muchas montañas que hay en Grecia, era muy difícil comerciar por tierra, ya que el transporte resultaba complicado. Sin embargo, algunos productos tenían que obtenerse del interior a la fuerza, como el mármol.

En la Época Clásica, Atenas era la mayor potencia comercial, y el puerto del Pireo era el más concurrido. Atenas comerciaba por mar con otras zonas del ámbito griego, como Asia Menor, los Balcanes o el Mar Negro, pero también con países más lejanos, desde Egipto hasta Italia. Los productos importados eran muy diversos, desde comida o minerales hasta las manufacturas de lujo.

Para abastecerse de cereales, el estado ateniense aseguraba el comercio con el Bósforo, Egipto y Sicilia. Otras importaciones muy importantes eran el cobre y la madera, que servían para fabricar armas y barcos, y mantener la supremacía de Atenas. El cobre provenía de Chipre, y la madera de regiones cercanas como Macedonia o Tracia.

Atenas también exportaba productos a muchas otras regiones. Entre estos productos había manufacturas, como armas o cerámica, y materias primas de todo tipo, desde aceite hasta plata.

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Dinero y finanzas

A pesar del gran volumen mercantil en la Grecia clásica, ninguna ciudad-estado alcanzó la  categoría de auténtica potencia comercial. Atenas, la ciudad más desarrollada económicamente, tenía un sistema financiero rudimentario e inadecuado. La debilidad de las instituciones financieras, la poca cobertura de las inversiones, y las escasas leyes comerciales internacionales, fueron la causa de que las instituciones de crédito no alcanzaran todo su potencial.

El dinero cumplía el papel de instrumento de cambio, y también de generador de riqueza. Sin esta función de crear riqueza, las actividades artesanales y comerciales de los estados griegos se hubieran contraído aún más. En el comercio marítimo, podía haber préstamos sobre las mercancías o sobre la nave, o bien sobre ambas. Sin embargo, si la mercancía se iba a pique, el prestamista no tenía ningún derecho a reclamar la suma prestada, y lo perdía todo.

Los estados griegos no realizaban un balance general de ingresos y gastos con el que tener una mínima planificación económica, ya que por definición vivían al día. Había contabilidad de ingresos y gastos, puesto que, al menos en los estados democráticos, había que rendir cuentas de ellos. El problema era que esos servicios estaban gestionados por organismos administrativos independientes que no estaban coordinados. Cuando los ingresos superaban a los gastos, lo normal era repartir el beneficio entre los ciudadanos, consumirlo en donaciones religiosas o dedicarlo a gastos suntuarios. Hubo excepciones, como cuando los atenienses descubrieron las minas de oro de Laurión. Entonces, por consejo de Temístocles, en lugar de repartir el beneficio entre los ciudadanos, construyeron una flota que sería la columna vertebral del poderío ateniense.

En el caso de Atenas lo más parecido a un fondo de reserva eran los tesoros de Atenea y de la Liga Ático-Délica en la Acrópolis, de los que en situaciones límite se tomaban préstamos que posteriormente se devolvían con intereses. Ya en vísperas de la Guerra del Peloponeso, Atenas tenía una reserva de 6.000 talentos (unidad de medida equivalente a 26 kg de plata); pero los gastos, sobre todo del ejército, eran muy importantes. Para cubrirlos, la ciudad tenía ingresos directos sobre importaciones y exportaciones, además de los tributos que pagaban los aliados, a lo que habría que sumar los beneficios que daban los arriendos de las minas de Laurión.

Había también impuestos anuales a los metecos, sobre los derechos del puerto, los mercados, o los tribunales. Además estaban los impuestos indirectos sobre las mercancías. En el caso de Atenas era el llamado impuesto de la quincuagésima, que proporcionaba al fisco ateniense unos ingresos de  2.000 talentos anuales.

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Moneda ateniense, 449 a.C.

Bibliografía

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Historia de Grecia en la antigüedad, Madrid: Akal, 2011.

GÓMEZ ESPELOSIN, F.J., Introducción a la Grecia antigua, Madrid: Alianza Editorial, 2002.

MANGAS, J. Historia Universal: Edad Antigua I. Grecia,  Barcelona: Vicens Vives, 2004

ROLDÁN HERVÁS, J.M. Historia de Grecia Antigua. Salamanca, Ed. Salamanca, 2005.

 

Nicolás A. García Ingrisano

José Ramón Ortega Calvo

Rubén Ramos Tinte

Borja Zubizarreta Murado

LOS TIRANOS DE SIRACUSA

Los griegos de Occidente en la primera mitad del siglo IV a.C.

Cuando hablamos de la Hélade solemos identificarla con el espacio geográfico que se extiende desde Grecia central hasta el Peloponeso, incluyendo por supuesto las numerosas islas del mar Egeo. Pero es necesario insistir en que la historia de Grecia incluye también todas las tierras que quedan bajo influencia helénica, es decir, las distintas naciones con las que comercia y las incontables factorías comerciales y colonias que fundan las distintas polis griegas.

La vía marítima es tradicional en el mundo griego, por lo que han pasado a la historia como grandes comerciantes, al igual que los fenicios. Esta opción de la salida al mar en busca de nuevos recursos agrícolas, metales y materias primas en general, se debe principalmente a diversos factores: la pobreza en algunos casos del suelo cultivable, la presión demográfica en momentos de desarrollo y bonanza económica y, por último, la necesidad de la pequeña aristocracia y de sectores de la ciudadanía libre, de buscar el éxito fuera de las ciudades griegas, monopolizadas en exceso por la vieja aristocracia terrateniente.

A su vez, este proceso favorecerá el desarrollo de la “industria naval” necesaria para la navegación y la apertura de nuevos mercados, en los que los colonos darán salida a las manufacturas realizadas en la metrópoli.

Hemos de tener en cuenta que el proceso colonizador es amplio en el tiempo. Se origina en los siglos X-IX a.C., intensificándose en el siglo VIII a.C. En muchas zonas aparecen verdaderas comunidades que, si bien mantendrán relaciones con sus antiguas metrópolis, se mezclarán con el elemento indígena desarrollando gobiernos autónomos con asambleas y formas políticas propias, imitando el modelo griego. Una de estas zonas será el sur de la península itálica (la Magna Grecia) y las principales islas mediterráneas que la rodean (Córcega, Cerdeña y Sicilia), con ciudades como Siracusa, Mesina, Leontini, Regio y otras muchas. Su crecimiento y desarrollo será mayor en ciertos momentos que el de las ciudades de la Grecia continental, jugando un importante papel en la política helénica.

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Por ello las convulsiones que se producen en el Peloponeso en el siglo IV a.C. afectarán también a los griegos de Occidente. La situación de los griegos de Sicilia tras la pérdida de hegemonía ateniense será tensa y problemática. Las polis sicilianas chocan entre sí por el control de sus fronteras y por el deseo común de extender un poco más la línea de su territorio frente a las polis vecinas. Además se ven acuciadas por la amenaza de conquista de Cartago, que era en este momento el estado más poderoso del Occidente mediterráneo.

Siracusa tenía un papel preponderante sobre los demás, era el peso fuerte de los griegos sicilianos. Desde 408 a.C. venía enfrentándose a los cartagineses sobre el control de algunas ciudades, disputa que pareció decidirse a favor de los invasores con la toma de Acragante. Este hecho fue sentido entre los griegos como una gran derrota moral, y se culpó a los estrategos de los errores cometidos.

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Dionisio I el Viejo

Fue entonces cuando comenzó a oírse la voz de Dionisio, un joven oficial que había combatido en la guerra contra Cartago. Muy populista, hizo regresar a los desterrados, alentó las ejecuciones de estrategos y terratenientes y finalmente convenció a sus conciudadanos de nombrarle autocrator, un título que le permitía ejercer el poder de manera personal y convertirse en un tirano al modo griego. Dionisio firma la paz con Cartago, reconociendo todas sus conquistas y perdiendo cualquier oportunidad de controlar grandes áreas de la isla, pero gana unos años de tranquilidad que empleará en construir su régimen de poder.

Sicilia ya había conocido las tiranías unas décadas atrás, pero estas no habían “convencido” a la población y los tiranos habían actuado de una forma políticamente mediocre. Frente a ellos Dionisio es, por su fuerte personalidad, uno de los mejores prototipos de tirano griego: confisca y redistribuye tierras entre los pobres; vive en una fortaleza rodeado de mercenarios celtas, campanos e iberos; convierte a los esclavos de la clase alta en ciudadanos para tener un apoyo civil; recompensa con creces a los militares para no perder su apoyo; y mantiene las instituciones anteriores para evitar la apariencia de tiranía. Su figura recuerda también a la de los futuros monarcas helenísticos, rodeado de una fastuosa corte, creando un poder familiar y absolutista, y destacando sobre  todas sus facetas la militar.

Con el objetivo de defender la ciudad, Dionisio ordena construir un amplio cinturón defensivo de fortificaciones con largas murallas y repara los puertos. Al mismo tiempo crea una inmensa flota de barcos y fortalece enormemente el armamento del ejército.

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Siracusa bajo Dionisio I

Desde 398 a.C., Dionisio se enzarza en dos campañas contra los cartagineses de las que sale victorioso, logrando que Siracusa controle toda la isla de Sicilia salvo el punto más occidental. Con el dominio sobre la isla, Dionisio da el salto a la Península Itálica y ocupa varias zonas de la Magna Grecia, llegando a derrotar a la liga Italiota. Más tarde, se lanza a través del Tirreno ocupando las islas Lípari, algunos enclaves estratégicos, Córcega y Etruria; y también por el Adriático, donde crea numerosas factorías comerciales. Mantiene además otro conflicto con Cartago, poco conocido por los historiadores, que,  parece, no tuvo un resultado favorable.

En su largo mandato como tirano, Dionisio mantuvo un estrecho contacto con las polis de la Grecia continental, especialmente con Esparta. Participó de las guerras libradas en el Peloponeso, en la fundación de colonias y en el culto de los grandes santuarios panhelénicos como Delfos.

A su muerte le sucedió su hijo Dionisio II, bajo la influencia de su tío materno Dión. Este era amigo del célebre filosófo Platón, a quien los siracusanos invitaron para que les explicase y ayudase a poner en práctica su ideal de estado. Tras circular el rumor de que Dión en realidad quería hacerse con el poder, fue desterrado.

Dionisio II adoptó una política moderada pero no supo entender las complicadas relaciones internacionales de la época. En 345 a.C. se vio atacado por sus enemigos políticos sicilianos, ayudados por corintios y cartagineses. Finalmente fue derrocado y Timoleón, un general al mando de las tropas corintias, adquirió todo el protagonismo. Expulsó a los cartagineses, eliminó todas las tiranías e instauró sistemas a medio camino entre la oligarquía y la democracia. Renunció al poder para no caer de nuevo en sistemas absolutistas de poder y vivió en Sicilia hasta su muerte. El camino de Sicilia continuaba sin tiranías, a la sombra de una creciente ciudad-estado latina que había comenzado a expandirse, Roma.

BIBLIOGRAFÍA

BLÁZQUEZ, J. M., LÓPEZ MELERO, R., SAYAS, J., Historia de Grecia antigua, ed, Cátedra, 1989, Madrid.

BRAVO, G; Historia del mundo antiguo: una introducción crítica, ed. Alianza, 2005, Madrid.

CHAVES TRISTÁN, F; Griegos en Occidente, Universidad de Sevilla, Secretariado de Publicaciones, 1992.

FERNÁNDEZ NIETO, F. J.; Grecia en la primera mitad del siglo IV a.C., Ed. Akal, Historia del Mundo Antiguo, 1989, Madrid.

            Pedro Aguado González

                        Delia Egea Gómez

                        Manuel García Salazar

                        Rubén Rodríguez Galán